Lo peor de un viaje como el que nosotras hicimos es tener que hacer y deshacer las maletas cada dos por tres, bueno, y ese que en nuestro caso como la maleta era grande no había que hacer muchas peripecias, pero Janire no puede decir lo mismo, verdad?

Salimos ese día no muy tarde en dirección a Carnac, y la lluvia parecía que quería acompañarnos también hasta allí. De hecho estuvo todo el camino con nosotras, tanto que ya por cansancio, y por que nos meábamos como locas, paramos en un área de servicio y comemos dentro del coche unos sandwiches. Bueno y de postre nuestras primeras crêpes francesas, no fueron las mejores de viaje, pero en ese momento nos saben a gloria.

En esta ocasión nos costó encontrar La Maison de la Ria, nuestro precioso destino cerca de Carnac. Fue la única vez que el GPS (para ese entonces ya se había convertido en Aurori, una compañera más en el viaje) no nos llevó directamente, aunque realmente fue porque no teníamos bien puestas las coordenadas. Por suerte era probablemente el sitio que estaba mejor señalizado, así qe tampoco damos mucha vuelta.

Un vez allí, ooohhh! era tal y como nos la imaginábamos, con las vistas al río, nuestro pequeño Capeside particular. Los dueños del lugar muy majos, una pareja mayor encantadora. El hombre empeñado en que veamos en la tele a los gaiteiros gallegos que justo estaban en Lorient, cerca de Carnac, ya que había un festival celta.

Después de acomodar todas nuestras cosas en la habitación, que era en realidad dos habitaciones contiguas y un baño, nos vamos a ver la zona de los alineamientos de Carnac, y los numerosos vestigios megalíticos que hay por la zona.
Primero nos desplazamos hasta el Dolmen de Crucuno, tal vez el más espectacular de los que vimos ahí, sobre todo por el tamaño de la roca superior, aunque , claro esta, nosotras viniendo de donde venimos, pusimos en práctica nuestros conocimientos de harrijasotsailes y... no conseguimos moverla ni un milímetro, obviamente.

Casi de casualidad damos con el de Mane Kerioned, en el que nuestros instintos más primitivos salieron a relucir, y de los que no aporto pruebas gráficas, por si acaso...

Finalmente visitamos los famosos Alineamientos de Carnac, se tratan de un montón de menhires, habra miles de ellos, ocupando un montón de hectáreas. No se sabe muy bien cual es su cometido ni las razones que llevaron a realizar semejante concentración, pero seguro que Obelix anduvo muy liado por esta zona, jejeje

Como ya iba anocheciendo nos acercamos hasta Carnac, para ver un poco el sitio, es un pueblo pequeño, pero con un encanto innegable, con todas sus construcciones en piedra, y un montón de flores en los edificios, no llegamos a dar más que una vuelta, pero nos basto para hacernos una idea de su belleza.

Aquí cenamos unas pizzas riquísimas en Le jardin d'Helena, puf estaban de muerte, no sin antes casi regalarle mi inseparable, y que tan bien nos vino, guía de conversación para el viajero a la camarera, cuando ella me pide la carta, jajaja, lo que provoca las risas de todo el mundo, y que aún hoy en día Ana y Janire me lo siguen recordando. Siempre recordaré este lugar porque aquí la camarera me enseñó muy amablemente a decir: le dison sivuple, (dicho así tal cual) que quiere decir: la cuenta, por favor; y que se convirtió en mi frase del viaje.

Después de otro pequeño recorrido por el lugar con el estómago lleno decidimos darnos un homenaje en Crêperie Chez Marie, donde tenemos que hacer incluso cola para entrar...

Pero realmente merece la pena, ya que nos comemos unas crêpes de banana y chocolate... que sólo de recordarlo ahora se me hace la boca agua. Sitio totalmente imprescindible si uno va a Carnac. Además el dueño del local fue muy majo con nosotras, e incluso bromeo con que el se apellidaba Prado, como el museo, y todo eso en su perfecto y nuestro imperfecto francés.

Hasta ahora todo el mundo con el que habíamos topado habían sido estupendos y muy simpáticos, ¿quién decía eso de que Francia es maravillosa pero sin los franceses?