Hoy también compramos Bayern Ticket, pero al salir el tren a las 9:01 no nos hizo falta ningún otro billete más. Nos esperaba el viaje más corto: 1 hora y 20 minutos. Pôr cierto, es curioso que en un pais tan adelantado mantengan aún la figura del interventor en los trenes, sustituida ya en tantos sitios por las canceladoras automáticas.
[align=center]Regensburg
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*** Imagen borrada de Tinypic ***
Regensburg, Ratisbona en castellano, nos esperaba con un esplendido día soleado, una ciudad cuyo casco histórico es Patrimonio de la Humanidad según la Unesco. Salimos de la estación y tomamos la larga calle que partía frente a ella y llamada Maximilianstrasse (como la lujosa calle de Munich).
Nuestra primera visita fue a la Alte Kapelle, una iglesia rococó espectacular.
Alte Kapelle
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Salimos de allí y las campanas de la catedral empezaron a repicar. Parecía que sabían que eran nuestro próximo objetivo y nos lo estaban indicando. Entramos en Dom St Peter, la catedral gótica de Regensburg, y tal y como habíamos leido, lo primero que nos sorprendió fue la oscuridad del templo aunque pronto nuestros ojos se habituaron a la escasa luz. Las campanas seguían repicando (menudo concierto!!).
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Nos encaminamos entonces a ver la Porta Praetoria, puerta norte de la que fuera antigua fortaleza romana, por lo que se calcula que la puerta puede tener unos 2.000 años.
En la misma calle de la Porta Praetoria se encuentra la Goliathhaus, una casa torre que destaca por el enorme fresco de 1.573 de David y Goliath que estaba afeado por un maldito andamio (y que no era el único andamio que íbamos a encontrar en la localidad
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Fuimos poco a poco hacia el Steinerne Brücke, el puente de piedra sobre el Danubio. Es considerado como una obra cumbre de la arquitectura medieval y se cree que se construyó entre 1135 y 1146. Y lo que es seguro es que nos llevamos unos de los chascos del viaje. ¡¡el puente estaba en obras!! Tan sólo se podía acceder a un pequeño tramo ya llegando a la otra orilla opuesta, mientras que el resto de la estructura estaba cubierto por horrorosos andamios que estropeaban una vista que ha de ser fantástica sin duda alguna.
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Caminar por ese puente hacia la orilla donde está la Brückturm ha de ser una visión inolvidable. Un poco mosqueados por los horrorosos andamios, nos acercamos hasta los ayuntamientos (Althes y Neues Rathaus), donde vimos entrar y salir con sus acompañante a varias parejas de novios recién casados o a punto de hacerlo.
Seguidito está Haidplatz, cuyos edificios forman un precioso conjunto, con la Fuente de la Justicia presidiendo el espacio. Paseamos un ratito por la plaza, disfrutando de su armonía y contemplando como los lugareños disfrutaban del sol en las terracitas. Un día precioso.
Haidplatz
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Marchamos después hasta la siguiente etapa trazada en nuestro planning: el palacio Thurn and Taxis, que lleva el nombre del apellido del fundador del primer sistema postal europeo (Franz Von Taxis) a quien se le concedió este palacio en reconocimiento a su labor. No nos mereció demasiado ir hasta allí. El edificio queda un pelín a desmano del centro histórico y tampoco es especialmente llamativo.
Haidplatz
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¿y qué? ¿tú tanto leer y no te entra el hambre?
Regensburg a orillas del Danubio
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En las paredes de la salchichería aparecen marcados los niveles que alcanzaron las distintas crecidas del Danubio pero que no acogotaron a los sucesivos dueños del local que sigue al pie del cañón. En el contigüo Salztadel, los mismos dueños tienen un restaurante y de hecho, los clientes de la salchichería pueden usar sus baños. Como hacía calorcito y el sol pegaba de plano, las mesas estaban a tope (eran sobre las 13:00). Nos sentamos en la misma mesa que un grupo de chicos y chicas y pedimos, evidentemente, salchichas (ofrecen más cosas). En la carta había platos de 6, 8 o 10 salchichas. Pedimos un plato de 6 (las sirven con chucrut y mostaza dulce casera), un par de cervezotas y también nos pusieron unos brezels.
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Las pequeñas salchichas estaban de campeonato y el camarero nos ofreció la posibilidad de pedir 4 más (aunque esa cantidad no viene en la carta con las 6 anteriores era como pedir un plato de 10). Dicho y hecho, seguimos atacando a las salchichas de Regensburg. Una gozada disfrutar del paisaje y de los platos. Las cervezas no fueron de las mejores que hemos tomado pero el lugar y las salchichas restaron importancia a la cuestión. Muy recomendable local (siempre y cuando el tiempo acompañe).
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Con la panza llena, comenzamos a vagar sin rumbo por las calles de Regensburg, muy animadas y con mil esquinas fotografiables.
Y así, llegamos a Neupfarrplatz, plaza construida en el s. XVI sobre el antiguo barrio judio y presidida por la iglesia Neupfarrkirche, bien escoltada a lo lejos por las torres del Dom de Ratisbona. En una espectacular pastelería de esta plaza compramos unas pastas de almendra que sirvieron de postre al festín salchichero.
Neupfarrplatz
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En nuestro vagabundear dimos también con la Der Goldene Turm (la torre dorada), construida en el s. XIII por orden de alguna familia patricia. Se puede acceder al patio.
A las 14:45 tomamos tren rumbo a Munich que nos deja en la capital bávara 1 hora y 20 minutos después. Nos encantó Regensburg, posiblemente porque no esperábamos gran cosa de ella y, sin embargo, su casco viejo y su buen ambiente nos cautivó. Fue “la gran tapada” del viaje, la seleccionamos por cercanía con respecto a Munich y porque queríamos ver alguna localidad más y francamente, resulto una gratísima sorpresa.
Rathaus (Regensburg)
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Aprovechamos entonces para hacer compras, los días anteriores ya habíamos ojeado un par de cosillas y fuimos a por ellas. Después, nos dejamos llevar por nuestros pasos, sin ningún rumbo fijo y desembocamos en St Jakobsplatz y de allí a la cercana Sebastian Platz donde los muniqueses dejaban pasar el tiempo sentados perezosos al sol.
Un edificio de metal y cristal nos llamó la atención y entramos a curiosear. Era el Schrannenhalle, un antiguo mercado remodelado y reconcebido para atender a los nuevos gustos de la clientela. Puestos de productos selectos se mezclaban con bares donde degustar buenos vinos, tiendas para llevar producto envasado o consumirlo allí mismo, restaurantes…. Un sitio con mucha gente guapa dispuesta a dejarse ver y ser visto.
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La planta baja del mercado la ocupa enteramente una enorme tienda de Milka, la marca de chocolates, donde es muy difícil no caer en la tentación.
Lo curioso del asunto es que entre todas las webs, blogs y guías que consultamos antes de partir, no encontramos ni una sóla referencia al Schrannenhalle (o al menos no la recordamos). Un sitio al que pensamos volver otro día a tomar un vinito (aunque finalmente no lo hicimos). Al salir de allí vimos que estaba contigüo al Viktualienmarkt.
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Callejeamos un poco más hasta la temprana hora alemana de cenar. Elegimos al azar la Nürnberger Bratwurst Glöckl, pegadita a la Catedral y especialista en salchichas a la brasa. Ese día estábamos salchicheros! Un local muy acogedor, con paredes de madera muy oscura y ambiente mucho más familiar que las otras cerveceras donde habíamos cenado. Las mesas bastante juntas entre sí y el comedor a tope, pero sabed que en el 1º piso hay otro comedor más así que no desespereis si encontrais a tope el de la planta baja.
Huevos de pascua y bombones (¡menudas pastelerías en Munich!)
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Tienen carta en castellano (como casi todos) y dado la especialidad del local optamos por unas salchichas de Lyon de Munich (yo tampoco lo entiendo, es lo que ponía en la carta) y salchichas de queso, todas a la parrilla. Cenamos bien, pero sin más.
Salimos a tomar alguna cerveza más y no anduvimos ni un metro ya que entramos al local de al lado, Augustiner Am Dom donde nos tomamos unas cervecitas (alguna de litro cayó para mí) en un ambiente muy relajado. Observamos asombrados como en una mesa de al lado una cuadrilla de siete chicos pedían y se bebían un barril de cerveza.
Luces de atardecer en Munich
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Tras hablar con el camarero éste nos aclaró que la “proeza” no era tanta. El barril era de 15 litros y tocaban como a unas cuatro cervezas de 0,5 por cabeza. Nada exagerado para uno de Munich y mucho menos para uno de Bilbao. Por cierto, es curioso ver cómo las jarras de los clientes habituales se guardan bajo candado y numeradas en el local.[/alig[/size]n]