Una hora después de meterme en la cama sonó el despertador y había mucho que hacer, ya descansaría en España.
Seguimos con nuestras visitas a los hoteles. Las Vegas es así; cada hotel es un mundo por descubrir, reproducciones más que realistas de las grandes ciudades: New York, París, Caesar´s Palace y MGM. Así estuvimos toda la mañana hasta que me acordé de unas de mis series favoritas de la ya extinta cadena de TV Xplora: Casa de Empeños. ¡Claro, había que ir a visitarla! No mereció la pena, es un show y la tienda es una castaña, ni siquiera están los tipejos de la serie.

De camino a la salida de Vegas en dirección a nuestro próximo destino nos encontramos con una típica galería de tiro a la que nos animamos a entrar y hasta a disparar, hasta que vimos cómo un padre con su hijo de no más de 12 años, le enseñaba a usar distintos tipos de armas. Nos dio tan mal rollo esta imagen que nos marchamos de inmediato.

Cambiamos las armas por el amor. ¿Y eso? Las pelis tenían la culpa. Como estábamos en nuestra luna de miel la idea de casarnos en la típica capilla de Las Vegas nos parecía atrayente y hasta glamourosa. ¡Pero no! Teníais que vernos. Aquello era lo más sórdido y siniestro del mundo. Una vieja de mil años, y rarísima, nos abrió una puerta chirriante y nos explicó precios y condiciones. No te casas por menos de 200 dólares. Mas luego propinas, detalles que te quieras comprar, flores, gente a la que quieras pagar para estar presente… Dijimos adiós en ese momento a nuestra ilusión de casarnos vestidos de Elvis y Marilyn. Al fin y al cabo ya estábamos casados. Y esas capillas parecían de una película de miedo en la que Norman Bates podría estar escondido detrás de cualquier cortina.
Justo después de comer nos decidimos a salir de Vegas en dirección a Williams, nuestro punto de partida a Grand Canyon.

De camino y en un desvío de escasos kilómetros es interesante ver la Presa Hoover, en su día fue la obra de ingeniería civil más importante del hombre.

Finalmente llegamos a nuestro hotel (Grand Canyon Hotel) a las 23h con la sorpresa de que estaba cerrado y no nos cogían el teléfono, así que tuvimos que buscarnos la vida y encontrar un motel a última hora. Ya eran las 00,30h, yo había dormido una hora en los últimos dos día, me había “chupado” 450km de coche y al día siguiente había que levantarse a las 4,30h para ver amanecer.