Este día me había puesto la alarma a las 7 pero, para variar, nos despertamos bastante antes. Tras desayunar, ducharnos y hacer check out, salimos bien pronto rumbo a Zion, más o menos las 7, que quedaba a unas 4 horas y media, el día de mayor paliza de coche.
En primer momento mi idea era pasar por Valley of Fire, que quedaba a medio camino, pero siendo que en Zion había que adelantar el reloj una hora al final lo deseché porque pensaba que al final iría corriendo a uno y otro sitio y no aprovecharía ninguno de los dos. Y visto lo visto, no me arrepiento.
El Valley of Fire, junto con el Red Rock Canyon, para mi próxima visita a la zona (que espero que llegue algún día).
Total, que con el largo viaje y parada intermedia en una gasolinera de Las Vegas llegamos incluso antes de lo que yo tenía intención, las 11:30 de la mañana, 12:30 hora de Utah. A esas horas, si que había más atasco para entrar y, momento de crisis, no encontraba aparcamiento en el parque, con lo que pensaba que tendría que salir para dejar el coche en Springdale y coger el shuttle, porque aparcar mal tampoco era una opción, viendo que estaban forrando a multas coches mal aparcados. Pero la suerte sonrió y se fue uno justo delante de nosotros.
Cogimos el shuttle y paramos en todas y cada una de las paradas (salvo la de Zion Human History Museum y Zion Lodge):Canyon Junction, que no nos dijo mucho, Court of the Patriarch, que tapoco, The Grotto, que nos sirvió para comer y para andar un poco cruzando el río, Weeping Rock, que si que consiguió dejarnos boquiabiertos y maravillados con su cascada y el hueco en la roca debajo de ella desde donde había unas magníficas vistas, Big Bend, curva del río que probablemente sea más llamativa con más agua y donde es muy curioso ver la montaña blanca al fondo (que no recuerdo como se llama) entre la típica roca roja de todo el parque, y finalmente Temple of Sinawava, donde hicimos el recorrido de Riverside Walk, el cual nos encantó, tanto el propio recorrido como todas las vistas del cañón en cuanto salías hacia el río.
Este último punto nos dejó con ganas de más, de hacer The Narrows cruzando el río, pero ni íbamos preparados ni quedaba más de 1 hora para el anochecer. Así que volvimos, otra vez encantados con el recorrido, y shuttle de vuelta hasta el parking donde al final cogimos el otro shuttle para ir a ver Springdale (con lo cual, no hubiera sido ningún contratiempo dejar el coche allí.
Y ya fuimos a por el coche, que aun nos quedaba más de hora y media de coche hasta el hotel, antes de llegar a Bryce Canyon (si, matada de día). La carretera de salida, con el curveteo antes de entrar en el túnel, otro regalo para la vista, con lo que la hora y media se alargó más. En sí toda la carretera mereció la pena y paramos en muchos puntos, a pesar de que la luz ya escaseaba bastante.
En este parque, que fue gustándome cada vez más según íbamos recorriéndolo, me quedé con las ganas de hacer el Angles Landing, The Narrows e incluso el Canyon Overlook Trail. Para la próxima, digo yo…
Total, que ya de noche cerrada fuimos a nuestro destino (reconozco que le pisé un poco más de la cuenta, porque quería llegar a cenar a algún lado). A unos 5 minutos antes del hotel y por recomendación del libro de Trotamundos, paramos en Foster’s Family Steak House a las 8:30 pasadas y fue un auténtico acierto. Por unos 50 $ los dos (propinas incluidas) comimos una buena pieza de carne con su ensalada y su patata asada, además de un entrante y postre. Muy recomendable para cualquiera que vaya por la zona.

Finalmente llegamos al hotel a hacer el check in donde ya nos esperaban (aunque dijeron que éramos los penúltimos) y en seguida a dormir. Bryce Canyon Resort, en la carretera, lejos de cualquier sitio, con un frío que pelaba y, probablemente, el hotel más cutre en el que estuvimos, y aun así no estaba mal.