Día 7: Camino a Ruitelán
(22-Mayo-2014)

Me despierto después de dormir profundamente. Me encuentro renovado y con ganas de caminar. Sigo con molestias tanto en las ampollas de los pies como en el femoral derecho. Pero mucho mejor que ayer. El tiempo es nuboso pero no llueve ni hace demasiado frío.
Después de que me atracaran con 4,60 euros por un café con leche y una tostada en el hostal empiezo la ruta y salgo de este bonito pueblo.
A la salida del pueblo me encuentro una chica joven
cojeando y con los talones fuera de las zapatillas. Tiene 3pinta de estar pasándolo mal. Parece habitual esto de encontrarse tullidos en el camino, entre los que me incluyo.

La ruta como de costumbre es preciosa y entretenida, y yo la hago animado. Me llama la atención un grupo de unas 10 españolas casi al final de la ruta que van hablando entre risas y llamando bastante la atención. Los españoles somos pocos pero nos hacemos ver, pienso. Alcanzo a las chicas, las saludo y charlamos un rato. Son simpáticas y algo locas, aunque algo mayores para mí. Me despido de ellas y entro en Ruitelán. Algo más grande que Foncebadón pero del mismo estilo: veinte habitantes, dos albergues y una tienda. Entro en el primer albergue y me registro. Me atiende un hombre muy agradable llamado Luis, pronto aparece el otro encargado y me da la bienvenida, Carlos.

Le pregunto dónde está el cajero más cercano ya que voy algo justo y me dice que en el anterior pueblo. Pero que él tiene que bajar por la tarde a comprar algunas cosas y que me puede acercar. Se lo agradezco y acepto.
Me enseñan el albergue. Hay una única habitación con todas las literas en la planta de arriba, me asigna una cama junto a la pared y veo que de debajo de un baúl sale una araña negra enorme. La piso acojonado y se lo comento. Me dice que estamos en el campo y que estas cosas pasan. Le digo que no tiene importancia, pero por dentro pienso que no sé si podré dormir. No tengo especial miedo a las arañas pero me dan un poco de respeto cuando alcanzan ese tamaño de selva tropical… Yo en Valencia no tengo que lidiar contra la naturaleza. Carlos me cuenta que un amigo suyo fue hace unos días a hacerles una visita y que le pico una araña de estas en el cuello. Tuvo que estar unos días tomando antibióticos y fue bastante doloroso, pero que en quince años es la única vez que ha pasado… no me tranquiliza en absoluto.

Salgo cojeando a comprar tabaco y me voy a comer en un bar que se encuentra a la entrada del pueblo. Me tomo una cerveza y un plato de espaguetis buenísimo. Hay unos peregrinos italianos por ahí también. Empieza a llover y me meto dentro del bar. Converso con el camarero y un par de hombres del pueblo. Muy agradables y muy buena gente.
Voy al albergue, preparo la mochila y Luis, uno de los encargados del albergue, me dice que ya va a bajar al pueblo más cercano a comprar. Así que me voy con él. Es un hombre muy majo y tienen una historia interesante. Tras comprobar con un par de comentarios que no soy un homófobo me cuenta que ellos son de Barcelona, que tenían un bar de ambiente y vivían a lo loco entre fiestas, drogas y rock and rolk. Pero que hace quince años decidieron dejar esa vida y meterse en esto. Me parece muy curioso. Rondan los 60 años y se les ve muy felices. Me cuenta alguna batallita de la transición y el trato de la policía de entonces hacia ellos.
Saco dinero del cajero, que es lo que me hacía falta. Luis compra como una tonelada de azúcar y volvemos al albergue. Cenamos a las siete y media, son las cinco. De los quince que somos esa noche en el albergue yo soy el único español, pero siguen dándome buen rollo el resto de peregrinos. Hay una italiana morena y alta de unos veinte años que está tremenda. Se ha puesto a hacer estiramientos y ejercicios similares al yoga en la sala de lectura y casi me da algo.
Yo cojo un libro que había en un estante, Edy rock, sobre un tío estadounidense con una vida decadente que decide hacer el camino de Santiago, me leo unas cincuenta páginas y me hace bastante gracia, lo leeré.
Sale uno de los anfitriones con cubiertos para poner la mesa y ayudo a ponerla junto a otros peregrinos. Me siento en la mesa y nos sirven la cena. Una estupenda ensalada, puré de zanahoria y unos espaguetis a la carbonara, más espaguetis, pero están buenísimos y me harán falta hidratos extra para el día siguiente. Buen vino y natillas de postre. Hablo un poco con una pareja de 22 años estadounidense que son los únicos que hablan algo de español. Y pillo algo de lo que se conversa en la mesa. No me entiende casi nadie pero me siento muy a gusto. Termino la cena y me salgo a fumar un cigarrillo. Está la italiana gimnasta. Me comenta que es jugadora de vol-ley y que va sola por el camino. Se encontró con los italianos que yo creía eran su familia hace unos días, a los que se ha unido para hacer el camino. Es muy mona, y yo podría ser su padre.
Vuelvo al comedor, escribo algo en el libro de visitas y me despido, voy al dormitorio. Hay una terracita junto al dormitorio y me salgo fuera a escuchar algo de música y a fumarme un cigarrillo. No tengo sueño. Al rato sale el chico americano y me pide si puede liarse un cigarrillo. Me comenta que está con Magi, la chica que va con él y que es su novia desde hace siete meses, dice que es la mejor… yo por dentro pienso que el amor es una mierda y un fraude. Conversamos un rato, es un buen chaval. Se acaba el cigarrillo y se marcha despidiéndose. Yo tardo un poco más en entrar. Oigo unos ruidos, me asomo y veo como por la calle empiezan a aparecer vacas.

Recuerdo que la noche anterior soñé con Sara, aunque no recuerdo el qué exactamente. Por el camino me sorprendo fantaseando con que ella me llama y yo le cuelgo el teléfono. Imagino que esto es provocado por el rencor que le tengo por el daño que me ha hecho. Pasará con el tiempo, pero mi sensación actual es que si ella quería desvincularse de mí, pues que se vaya. No la quiero en mi vida, me siento traicionado por ella. Aunque supongo que eso a ella le daría igual… Que patético.
Esto es una reacción que me sorprende porque incluso con Ana, que se portó bastante peor conmigo y con la que solo estuve dos meses, quedé al poco tiempo para tomarme alguna cerveza y entrenar juntos, sin que hubiera ningún mal rollo. Supongo que cada caso es diferente. No tengo tanta experiencia en mujeres.
Voy a acostarme no sin antes separar la cama de la pared para reducir las posibilidades de una invasión arácnida nocturna.
Consigo dormirme.