Día 8: Camino a Triacastella
(23-Mayo-2014)


A la mañana siguiente nos despiertan a las 6:00 con música. La italiana empieza con sus eróticos estiramientos y ejercicios, yo me visto, ya es normal estar en calzoncillos delante de desconocidos. Un italiano cuarentón, en buena forma, que va con su familia y a los que se le unió la chica italiana le comenta algo a ella que no entiendo. Ella responde riéndose y diciendo – si que noto cierta tensione – ¿Cómo no quiere que haya tensione? Desayuno con los peregrinos del albergue en el comedor, me despido e inicio la marcha. Hoy toca compensar esos Km que me faltan y empezar con una fuerte subida. Me siento física y anímicamente preparado. Llueve, hace frío. Me coloco el poncho como puedo, no me favorece demasiado la verdad.

A pesar del clima atravieso un paraje lleno de castaños preciosos con nudosas ramas y mucho musgo en sus troncos. Ha cambiado el aspecto del entorno respecto a las etapas anteriores.
Me duele la pierna. Cojo una rama de castaño que me encuentro al margen del camino, me valdrá como apoyo para acabar la etapa. Resulta que encuentro bastante alivio en ella, cada vez voy pareciéndome más a un peregrino, ahora entiendo lo del cayado ese que llevan en la típica imagen medieval del peregrino.
Continúo avanzando.

Más adelante entro en otra cafetería, me meto en el aseo y me cambio por tercera vez los empapados calcetines. Hay una señora muy agradable con la que comento la cantidad de extranjeros que hay en el camino de Santiago. Ella me dice que también le sorprende, y que no tiene ni idea de inglés. Me cuenta que al principio veía como entraban y le hacían todos una pregunta que ella no entendía, hasta que supo que lo que le preguntaban era si hablaba inglés – Do you speak english? – ella, al próximo que entro tras saber esto, le respondió con un – ¿Voste fala galego?
Me comenta que hace nada habían pasado por ahí una pareja de españolas morenas que rondaban los treinta. Le digo que creo quienes son. María y Yaira.
Continúo caminando…Esta ruta se me está haciendo eterna.

Por fin, sobre las 16:00 llego a Triacastella. Un albergue muy bonito con un restaurante que hay nada más entrar. Me dan la última plaza que tienen reservada por si hay algún error, supongo que me ven cansado y me comentan que ya que encuentran un español, que somos minoría, lo cuidan. Son muy amables. Dejo mis cosas en una habitación muy confortable, con unas 8 literas (16 camas) y me doy una ducha calentísima. Al volver a la habitación veo al grupo de italianos con la muchacha de ayer. Les saludo y me voy a comer hambriento.
Al entrar en el restaurante me encuentro a Victor y Camilo, con una copa en la mano y que me reciben con una gran alegría. – ¡Pedro! creíamos que no te veríamos más, que alegría me das, tomate un chupito (me dice Camilo) – Le digo que no riéndome, que voy a comer… Camilo ya está lanzado. Me saludan Victor y “el cuñao”… hablo con ellos un rato y me voy a comer. Dentro del comedor está el grupo de españolas eufóricas al que vuelvo a saludar. Me siento en una mesa y me como un enorme plato de callos, media botella de vino y de segundo unas costillas a la plancha. La mejor comida de todo el camino. Que hambre que tenía. Aparecen María y Yaira y de nuevo las saludo, acaban de llegar. Les recomiendo el restaurante y vienen a comer con una chica argentina que se llama Carmen.
Me fumo un cigarro fuera con el café, el grupo de chicas españolas terminan ese día el camino, me comentan que solo han podido escaparse cuatro días y van quedando y haciendo el camino a tramos juntas cuando pueden. Son muy majas. Nos despedimos con besos y abrazos. Muy buen rollo.
Me meto un poco en el albergue a descansar.
Por la tarde me voy a la terraza del bar del albergue a hacerme una cerveza. Me encuentro con Yaira, Carmen, María y Noemi. Me siento con ellas a hacerme una cerveza. Yaira tiene los ojos rojos y está algo triste, es su tercer día de ruta y tiene muchas molestias, no sabe si continuar o dejarlo. Me recuerda a cuando estaba yo en Ponferrada, aquel día que no tenía ganas de nada, y el día siguiente, cuando había descansado, me encontré mucho mejor y pude continuar. Le comento mi experiencia ese día y le digo que tranquila, que se le pasará. Carmen y María le comentan que a ellas también les ha pasado, me sorprende que esto sea algo habitual. Parece un estado anímico o una etapa frecuente por la que puedes pasar por el camino. Esto es más duro de lo que parece y hay momentos en los que te hundes un poco y te sientes así. Al poco rato y tras conversar todos y hacerla reir un poco se la ve mucho más animada.

Esta es la etapa más dura que pasé en el camino en cuanto a exigencia física y de voluntad. Pero acabo el día muy contento de volver a ver a esta gente. Me lo he pasado muy bien y me voy a dormir.