Llegó el domingo.
Tenía muy claro cómo íbamos a pasar nuestro último día en Londres: disfrutando de sus parques.
Algunos pensaréis que desaprovechamos el día. No estoy de acuerdo para nada y os doy mis motivos.
1. Londres tiene unos maravillosos parques sin tener que salir de la ciudad, lo cual hay que aprovecharlo.
2. Las previsiones meteorológicas eran muy favorables.
3. A los niños les vendría genial "desfogarse" y respirar aire puro antes de volver al colegio.
4. Mi marido trabajaba al día siguiente y qué mejor manera de terminar las vacaciones que con una jornada de relax y tranquilidad en familia en un entorno idílico?.
Estaba decidido.
El planning inicial era pasar la mañana en Regent Park, comer en plan picnic en Primrose Hill y bajar hasta Hyde Park a pasar la tarde. Pero antes de salir nos dimos cuenta de que para ir hasta Regent Park teníamos que coger la misma línea de metro que para ir a Camden, y siendo hoy domingo (el día con más afluencia de gente en este mercado), pensamos que estaría abarrotado y eso era exactamente lo que no queríamos hoy.
Así que, cambio de planes, nos íbamos directamente al Hyde Park y pasaríamos allí todo el día.... o eso creíamos nosotros.
Desde Tower Hill cogimos nuestra familiar línea verde-amarilla hasta South Kesington, donde enlazamos con la azul (Picadilly) hasta Hyde Park Corner. La salida del metro te deja justo en la puerta del parque.
El parque y el destino me tenían preparada una enorme bienvenida.. Una inolvidable y sorprendente experiencia que recordaré toda mi vida, y que con vuestro permiso, me guardo para mí. Solo deciros que sí, es cierto, hay famoseo rondando Hyde Park, pero del bueno, no me refiero a Chabelita ni mucho menos. Y hasta ahí puedo leer.
Cargada de energía positiva hasta arriba y con total convicción de que Dios existe (je,je,je), deambulamos por el parque sin rumbo fijo. Yo ya no le pedía al día nada más.
Buscamos un sitio donde poder sentarnos y jugar en la hierba. Nos divertimos con los niños jugando al pilla pilla, con el plato volador que habíamos comprado en Hamleys, persiguiendo pompas de jabón gigantes... en fin, hubo tiempo para todo.
Había gente por aquí y por allá, nada agobiante en absoluto.
Cuando llegó la hora de comer no nos apetecía meternos a ningún restaurante, hacía un día tan bueno, que nos tuvimos que quitar las chaquetas muchas veces. Así que nos fuimos a un kiosco allí mismo, donde vendían bocatas, hot dogs, bebidas y helados.
Justo lo que necesitábamos.
Comimos sentados en un banco junto al lago, mirando los barquitos de pedales y de remos. Estuvimos muy entretenidos; había mucha gente alquilándolos. Nosotros en esta ocasión ni siquiera nos lo planteamos.
Después de comer y todos armados con un buen helado, seguimos caminando en paralelo al lago hasta el puente. Según el mapa, el monumento Albert memorial no quedaba demasiado lejos y como el que no quiere la cosa, fui encaminando mis pasos hasta allí.
El paseo fue muy agradable, sin salir del parque llegamos enseguida. Me sorprendió lo grande que es este monumento. Y pensar que íbamos a perdérnoslo. Nos sentamos en los escalones frontales a hacer unas fotos y al mismo tiempo vimos el archi famoso Royal Albert Hall, que está justo enfrente. Aquí tenéis un auténtico 2x1 (je,je,je).
Si el mapa no mentía estábamos en suelo del Kesington Garden. Una vez aquí convencí a mi marido de echar un vistazo, en vez de volver por donde habíamos venido. Y fue otro acierto.
Kesington Garden es una completa maravilla. O al menos eso me pareció a mí.
Sería por la luz, por el ambiente vespertino, por las numerosas familias con niños pequeños, por los jovenzuelos potentes jugando al fútbol, por el infinito color verde, por sus grandes árboles, por el bucólico lago con patos y cisnes.... no sé.
Se respiraba diferente, desde luego que a mí personalmente, me pareció un parque con alma. Es verdad que el Hyde Park es mundialmente conocido, y está bien. Pero el Kesington es.... diferente. Tiene algo, no sé qué es, pero a mí me cautivó.
No me extraña que Lady Dy eligiera el Kesington Palace como residencia. Menudas vistas.
Aunque yo me imaginaba el palacio más grande, estaba bonito. Por aquí tenéis una cafetería donde tomar un buen tentempié y aprovechar para pasar al baño.
Le propuse a mi marido terminar la jornada en el parque infantil de Lady Di. Aunque el peque se nos había quedado dormido, fuimos a echar una ojeada. Y me encantó.
Para empezar, si no vais con niños, no hace falta que vayáis. No os dejarán entrar.
No se permite la entrada a adultos solos. Me parece muy bien.
Otro punto a su favor es que hay aforo limitado. Está vallado y el chico de la puerta va dejando entrar a familias según vayan saliendo otras. Pero no os preocupéis que si hay cola, va muy rápida. Al menos nosotros no tuvimos que esperar más de 10 minutos.
Además este chicho de la entrada está super atento a los niños y no deja salir a ninguno que no vaya acompañado de su padre/madre. Otra cosa que me gustó.
Allí mismo hay un gran kiosco con mesas tipo merendero, donde tomar un buen café, helado, fruta, pastelillos, etc,
Hay aseos públicos con cambiadores y hasta un botiquín.
Dentro del parque también hay un vigilante.
El parque en sí no es muy grande pero está muy bonito. Tiene una gran zona de arenero con un barco pirata donde vuestros hijos se lo pasarán pipa. Además hay plataformas y pasarelas de madera, toboganes, columpios, tipis indios, túneles... en fin, un mundo maravilloso para los más pequeños. Mi hijo de siete años, se lo pasó en grande. Lástima que el pequeño iba durmiendo, aunque casi mejor, porque se hubiera puesto de arena.... y no llevaba ropa de cambio. Si vais con niños muy pequeños, llevad ropa de cambio o en su defecto, calcetines. Hay tanta arena en algunos sitios que parece que estén en la playa.
Creo recordar que cerraban a las 6 y algo. Nosotros salimos un poco antes. Volvimos a pasear un poco por Kesington Garden, siendo consciente de que ahora sí, las vacaciones estaban tocando a su fin.
Nuestro vuelo del día siguiente salía muy temprano y yo estaba empeñada en coger un taxi que nos llevara del apartamento a Liverpool Station para tomar el tren. Más que nada, porque no me hacía mucha gracia ir a las 3 y pico de la mañana por las calles con las maletas y los niños. No me daba seguridad. Pero mi marido insistía en que estábamos a 10 minutos y que no pasaría nada.
A la salida del parque buscamos el Tube. La zona estaba bonita y dimos una vuelta. Al final nos metimos en la estación de Bayswater. Esta vez, en lugar de volver a Tower Hill, decidimos ir hasta Liverpool Station para asegurarnos de los horarios de los trenes para el día siguiente.
Os aconsejo que lo hagáis, sobre todo si tenéis vuelos tempraneros como el mío de Ryanair. Por Dios, si a esa hora no está puesto el cielo!! En fin.
Nuestro tren salía nada más y nada menos que a las 3,40 de la madrugada. A las 4,40 h. llegaríamos al aeropuerto y a las 6,15 h. saldría el avión. Menuda nochecita nos esperaba.
Por este motivo, cuando salimos de Liverpool station en dirección al apartamento, nos metimos en una pizzería a cenar. Eran las 8 y pico, pero bueno, aun teníamos que hacer las maletas, recoger y ducharnos antes de acostarnos. Así que, sería mejor que hoy cenáramos pronto.
Resulta que casi todos los trabajadores de la pizzería eran españoles. Y algunos de los clientes también. Así que estábamos como en casa.
Una de las trabajadoras me dijo que la zona era muy tranquila y segura. Que a las 3 de la mañana no nos cruzaríamos ni un alma por la calle. Así que me tranquilicé y pensé en hacer caso a mi marido: Iríamos andando a la estación.
DÍA 6:(LUNES DE MADRUGADA) REGRESO A CASA.
Qué penita me dio irme.
Otro viaje más. Otra experiencia con los niños. Otra ciudad maravillosa. Pero era hora de marchar y cerré la puerta.
La calle estaba tranquila. Pasaban los buses nocturnos y coches y algún que otro taxi.
Nos cruzamos con dos o tres parejas y un par de chicas que seguramente volvían de trabajar. Todo normal y sin problemas, como me habían asegurado mi marido y la pizzera.
Llegamos a la estación, cogimos el tren (donde por cierto, nadie revisó nuestros billetes), y de vuelta al aeropuerto de Stanted.
Lo peor de todo el exhaustivo control de aduanas. Qué bárbaro. Id con tiempo porque si ya fue pesado el de la ida, el de vuelta es aún peor.
He pasado por muchos aeropuertos durante mis viajes y este control de salida me ha parecido uno de los más pesados. Te lo mirarán y analizarán todo. Hasta los potitos y el agua del biberón.
Mi peque iba durmiendo en la sillita y le pasaron el scaner cincuenta veces, por si llevaba algo escondido. A mi marido le tocó el cacheo. Qué le vamos a hacer? la barbita de cuatro días, que le haría parecer sospechoso, digo yo.
En fin, todo sea por la seguridad.
El vuelo de vuelta fue relativamente tranquilo, y sin darnos apenas cuenta, estábamos de regreso en el aeropuerto de Alicante. Allí recogimos nuestro coche, y en un pis pás, llegamos a casa. Aquí también estaba nublado.
¿Acaso nos habíamos confundido y seguíamos en Londres?