JUEVES 8 OCTUBRE DE 2015
Repetimos por tercer día consecutivo la hora del desayuno, pero ya no había tanta gente, o habían bajado a otra hora. La llegada a Disney fue sobre las 10:30 y nos encontramos cas de frente con un grupito tocando algo de música, lo que desató la pasión bailarina de Paula. La verdad es que no sabemos muy bien de donde ha sacado el ritmo, pero puedo asegurar que de mí no ha sido.
Mira que ritmazo

Subimos por Main St. Hacia el castillo, y la peque se fue haciendo fotos con todos los “fantasmas” que encontraba a su paso. En esta ocasión, subimos al castillo ya que hasta entonces nos habíamos limitado simplemente a cruzarlo y, al bajar, vimos a Maléfica y nos pusimos a la cola para las fotos. No me acordé del libro de firmas, así que nos quedamos sin su autógrafo, pero qué se le va a hacer… ¡Otra vez será!



Paula quería montarse de nuevo en Dumbo (su atracción favorita), pero de camino allí tuvimos tiempo de un de fotos más con Conejo y Eeyore de Winnie the Pooh. La cola para el elefante volador era de 25 minutos, pero era su ilusión, así que aguantamos la espera como mejor supimos. De nuevo, nos habían dado ya la 13:30 y , de nuevo nos encaminábamos a comer lo primero que se cruzase por nuestro camino, peor Paula decidió que quería pescado, así que lo primero que nos vino a la mente fue el Rainforest Café, por 2 motivos principalmente: En primer lugar, era un sitio en el que queríamos comer sí o sí, porque en Orlando habíamos cenado de maravilla, y en segundo porque uno de los platos que habíamos probado era de salmón, y eso era precisamente lo que andábamos buscando. Desafortunadamante, ese plato no estaba disponible en París y, salvo una ensalada con salmón que no nos llamó la atención, la única opción disponible aparte de eso era Fish n´Chips, que es lo que acabó pidiendo Asun. Lo mismo para la pequeña, pero en su versión mini, y un steak del menú cha- cha para mí (que la idea del pescado no fue mía).



Nos sentaron en una mesa junto a un elefante que movía la trompa, pero cuando comenzó a menearse un poco más, Paula dijo que tururú y tuvimos que cambiarnos a una un poco más alejada, porque decía que le daba miedo. En general, la comida no estuvo del todo mal, pero ni siquiera los postres (que estaban muy bien), hicieron que mereciesen la pena los 70 y tantos euros que nos costó todo. Mucho precio para no tanta comida, pero salimos contentos con la experiencia.

Era la última oportunidad para que Minnie nos firmase un autógrafo, pero como ya llegábamos algo tarde (comenzaba a las 15:00 y ya eran y media), nos tocó esperar casi una hora de cola, en lo que se acabaría convirtiendo en la espera más larga de todo el viaje, pero puedo asegurar que valió la pena y que lo volveríamos a hacer mil veces más. Paula aguantó despierta como una campeona, aunque tuviésemos que echar mano de todos los trucos habidos y por haber para conseguirlo así que, como era normal, cayó rendida en cuanto conseguimos sentarla en la silltia. Yo, aproveché ese momento para subirme en Space Mountain que tenía una espera de algo menos de 15 minutos y salí de allí liberado de estrés.

Acabamos viendo por tercera vez el desfile de la Magia de Disney regresamos al hotel para pasar el resto de la tarde en el parque de bolas y pedir una pizza que nos acabamos comiendo en la habitación mientras comenzábamos a organizar las maletas, porque nuestra estancia en Disney estaba llegando a su fin.
Qué felicidad