Domingo y nuestro primer día completo en San Petersburgo. Teníamos pensado realizar la visita al palacio de Peterhoff, pero antes, pasamos por Administración para pagar el hotel y hacer el registro. La mujer se alegró de que la hubiéramos entendido. Muy amable, nos apuntó su número de teléfono en un papel por si teníamos algún problema y nos dio un mapa en el que nos marcó los lugares de interés. La verdad es que la pobre señora se afanaba mucho en explicarnos, pero no entendíamos nada… nos daba pena interrumpirla y la dejamos hacer. Al finalizar nos dijo “Me, Barcelona, Flamenco Master Class” (y un gesto de hace mucho tiempo). Nos reímos mucho con ella, era muy entrañable.
Paramos a comprar el desayuno en una tienda 24 horas justo al lado: Algo de fruta, unos bollitos y bebidas para el día que nos costaron 260R.
Pusimos rumbo a Moskovskaya en Metro hacia la estación de Avtovo, aprovechando también para visitar su interior.
Desde ahí cogimos uno de los buses que llevan al palacio de Peterhoff (Autobuses 200/210 y Minibuses K224,K300 y K424/A). Hay que cruzar al otro lado de la calle y con decir “Peterhoff” os asaltarán los conductores. La ida cuesta 60R.
El trayecto dura una media hora, pues el palacio está a 25 km de distancia. Una vez allí paseamos por los bonitos jardines de la parte frontal y fuimos poco a poco tomando consciencia de dónde estábamos.
Con la intención de evitarnos colas, habíamos comprado las entradas previamente por internet y las llevábamos impresas, pero lo cierto es que no hubo la más mínima dificultad en el acceso. Compramos sólo para visitar los jardines, ya que habíamos oído que si íbamos a visitar el Palacio de Catalina no compensaba mucho el interior de éste, y nos costaron 700R cada una.
Los jardines de pago ya eran otra cosa. Los miradores a las fuentes principales estaban abarrotadísimos de turistas. Costaba hacerse una foto, pero a pesar de la muchedumbre es un lugar digno de ver.
Nos tiramos más de una hora paseando por todos los jardines y visitando las distintas fuentes, singulares todas ellas.
Y también nos acercamos hasta el embarcadero en la orilla del Mar Báltico. Debe ser impresionante verlo helado en invierno, aunque no sé si me atrevería a pasear mucho con esas gélidas temperaturas.
Por suerte, la temperatura estaba siendo ideal: completamente veraniega pero sin llegar a ser sofocante.
Después de recorrer todo el recinto, fuimos andando a la vecina Iglesia de San Pedro y San Pablo. Habíamos leído que estaba en obras y efectivamente así era, así que al menos compensamos el chasco de quedarnos sin contemplar el exterior con una boda ortodoxa que se estaba llevando a cabo en la capilla, una ceremonia muy curiosa con su intercambio de coronas y sus vueltas a la sala.
Cogimos el minibús de vuelta en la puerta por otros 60R cada uno y bajamos en Avtovo. El trayecto en metro esta vez fue mínimo, tan sólo una parada para contemplar la estación de Kirovsky Zavod. Maravillosa.
El metro en las principales ciudades rusas es todo un espectáculo, como ya posiblemente sabréis; además, el de San Petersburgo es el más profundo del mundo al haber sido ideado como un bunker para el pueblo, con estaciones a más de 100 metros de profundidad y con una media de 60. Nosotros en vez de dedicar un día para visitar las estaciones más representativas, íbamos bajando en todas las señaladas que nos pillaban de paso o que nos hacían desviarnos ligeramente, además de añadir todas las que nos iban llamando la atención desde el tren, que esa es otra, los metros en sí también nos encantaron. Además del antiguo pero seductor diseño, tienen una frecuencia genial. Nunca tuvimos que esperar más de dos minutos al próximo.
Paramos en la siguiente estación, Narvskaya, que también nos gustó mucho.
El objetivo real de ese alto en el camino era visitar el Arco del Triunfo de Narva, un monumento erigido para conmemorar la victoria rusa sobre las tropas de Napoleón.
El monumento nos gustó bastante porque su color lo distingue de otros tantos repartidos por Europa y otro punto muy a favor es que nos quedaron unas fotos muy buenas porque no había ningún otro turista por la zona. Nos encanta recrearnos en estos puntos que no suelen llamar la atención de la mayoría de los visitantes.
Regresamos al metro y bajamos en la estación de Gorkovskaya. A la salida, compramos la comida en un Tepemok, una cadena de kioskos callejeros. Nos decidimos por unos típicos blinis (crepes) para seguir con la ruta sin detenernos mucho por 160R.
Pasamos por delante de la mezquita de la ciudad, una réplica del Mausoleo del Gur en Samarkanda.
Nuestro destino era la fortaleza de San Pedro. Compramos la entrada combinada por 600R cada uno, ya que sólo eran 150R más que la de la iglesia y permitía ver otros 4 edificios.
La iglesia es el primero que visitamos. En ella se pueden encontrar las tumbas de los Romanov. Destaca sobre todo, la del Zar Nicolás II y por supuesto la de Pedro I El Grande.
El siguiente edificio que visitamos fue la cárcel en la que permanecieron los primeros adeptos de la Revolución Rusa.
Después pasamos a la Casa del Comandante, en la que vimos una interesante exposición sobre la historia de la ciudad.
Antes de continuar, nos acercamos a uno de los embarcaderos del Neva a tomar un helado mientras observábamos el ir y venir de los barcos.
La última visita dentro de la Fortaleza fue el Museo de la Cosmonáutica, donde pudimos ver marquetas de distintas partes de cohetes y lanzaderas, bastante diferente .
Salimos de la fortaleza y cruzamos andando el Río Neva por uno de sus puentes. Íbamos en busca del metro pero no terminábamos de ubicar la parada más cercana y se nos echó encima un buen chaparrón que levantó mucho viento un minuto antes de comenzar.
Nos acabamos refugiando en las cercanías del Hermitage hasta que amainó y cuando lo hizo aprovechamos para ver por primera vez de cerca este bonito edificio.
En la misma plaza estaban celebrando un evento. Llevábamos viendo todo el día montones de marineros con la bandera de la ciudad y con trajes típicos y resulta que aquel era el día de la Marina. Queríamos cenar por la zona y nos dio pereza ir al hotel para luego volver, así que hicimos tiempo mientras nos secábamos y dimos un paseo por los alrededores.
Aquel día hicimos una cena muy europea, sobre las 20:00, pero estaba justificado por el cansancio y porque la comida había sido ligera. Llevábamos anotado un restaurante en concreto pero no dimos con él y terminamos cenando en uno con buena pinta: Gorohof. No defraudó. Pensamos que sería algo caro porque estaba muy bien situado pero nos arriesgamos.
Pedimos una ensalada de salmón para compartir y de segundos, ternera strogonof y pollo tepaka. Buenísimo todo. La ternera muy sabrosa y el pollo en su punto.
Lo de las tartas en Rusia es alucinante. No son porciones, son ladrillos… así debería ser. Pedimos una Napoleón y una de zanahoria, buenísimas ambas. Todo con las bebidas nos costó 2810R… no llegaba a 40€ a pesar de todo, así que genial.
Antes de marcharnos de la zona nos acercamos a ver la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, preciosa aunque la iluminación era mejorable. En cualquier caso, volveríamos de día para visitarla.
Regresamos al hotel muy cansados pero increíblemente satisfechos con todo lo que estábamos viendo. El primer día nos había cundido muchísimo pero aún nos quedaban muchas cosas por ver… finalmente fue un acierto haber rechazado la oferta por overbooking porque nos habríamos dejado mil cosas en el tintero de haber aceptado.
Paramos a comprar el desayuno en una tienda 24 horas justo al lado: Algo de fruta, unos bollitos y bebidas para el día que nos costaron 260R.
Pusimos rumbo a Moskovskaya en Metro hacia la estación de Avtovo, aprovechando también para visitar su interior.

Desde ahí cogimos uno de los buses que llevan al palacio de Peterhoff (Autobuses 200/210 y Minibuses K224,K300 y K424/A). Hay que cruzar al otro lado de la calle y con decir “Peterhoff” os asaltarán los conductores. La ida cuesta 60R.
El trayecto dura una media hora, pues el palacio está a 25 km de distancia. Una vez allí paseamos por los bonitos jardines de la parte frontal y fuimos poco a poco tomando consciencia de dónde estábamos.

Con la intención de evitarnos colas, habíamos comprado las entradas previamente por internet y las llevábamos impresas, pero lo cierto es que no hubo la más mínima dificultad en el acceso. Compramos sólo para visitar los jardines, ya que habíamos oído que si íbamos a visitar el Palacio de Catalina no compensaba mucho el interior de éste, y nos costaron 700R cada una.
Los jardines de pago ya eran otra cosa. Los miradores a las fuentes principales estaban abarrotadísimos de turistas. Costaba hacerse una foto, pero a pesar de la muchedumbre es un lugar digno de ver.

Nos tiramos más de una hora paseando por todos los jardines y visitando las distintas fuentes, singulares todas ellas.

Y también nos acercamos hasta el embarcadero en la orilla del Mar Báltico. Debe ser impresionante verlo helado en invierno, aunque no sé si me atrevería a pasear mucho con esas gélidas temperaturas.

Por suerte, la temperatura estaba siendo ideal: completamente veraniega pero sin llegar a ser sofocante.
Después de recorrer todo el recinto, fuimos andando a la vecina Iglesia de San Pedro y San Pablo. Habíamos leído que estaba en obras y efectivamente así era, así que al menos compensamos el chasco de quedarnos sin contemplar el exterior con una boda ortodoxa que se estaba llevando a cabo en la capilla, una ceremonia muy curiosa con su intercambio de coronas y sus vueltas a la sala.

Cogimos el minibús de vuelta en la puerta por otros 60R cada uno y bajamos en Avtovo. El trayecto en metro esta vez fue mínimo, tan sólo una parada para contemplar la estación de Kirovsky Zavod. Maravillosa.

El metro en las principales ciudades rusas es todo un espectáculo, como ya posiblemente sabréis; además, el de San Petersburgo es el más profundo del mundo al haber sido ideado como un bunker para el pueblo, con estaciones a más de 100 metros de profundidad y con una media de 60. Nosotros en vez de dedicar un día para visitar las estaciones más representativas, íbamos bajando en todas las señaladas que nos pillaban de paso o que nos hacían desviarnos ligeramente, además de añadir todas las que nos iban llamando la atención desde el tren, que esa es otra, los metros en sí también nos encantaron. Además del antiguo pero seductor diseño, tienen una frecuencia genial. Nunca tuvimos que esperar más de dos minutos al próximo.
Paramos en la siguiente estación, Narvskaya, que también nos gustó mucho.

El objetivo real de ese alto en el camino era visitar el Arco del Triunfo de Narva, un monumento erigido para conmemorar la victoria rusa sobre las tropas de Napoleón.

El monumento nos gustó bastante porque su color lo distingue de otros tantos repartidos por Europa y otro punto muy a favor es que nos quedaron unas fotos muy buenas porque no había ningún otro turista por la zona. Nos encanta recrearnos en estos puntos que no suelen llamar la atención de la mayoría de los visitantes.
Regresamos al metro y bajamos en la estación de Gorkovskaya. A la salida, compramos la comida en un Tepemok, una cadena de kioskos callejeros. Nos decidimos por unos típicos blinis (crepes) para seguir con la ruta sin detenernos mucho por 160R.
Pasamos por delante de la mezquita de la ciudad, una réplica del Mausoleo del Gur en Samarkanda.

Nuestro destino era la fortaleza de San Pedro. Compramos la entrada combinada por 600R cada uno, ya que sólo eran 150R más que la de la iglesia y permitía ver otros 4 edificios.

La iglesia es el primero que visitamos. En ella se pueden encontrar las tumbas de los Romanov. Destaca sobre todo, la del Zar Nicolás II y por supuesto la de Pedro I El Grande.

El siguiente edificio que visitamos fue la cárcel en la que permanecieron los primeros adeptos de la Revolución Rusa.

Después pasamos a la Casa del Comandante, en la que vimos una interesante exposición sobre la historia de la ciudad.

Antes de continuar, nos acercamos a uno de los embarcaderos del Neva a tomar un helado mientras observábamos el ir y venir de los barcos.
La última visita dentro de la Fortaleza fue el Museo de la Cosmonáutica, donde pudimos ver marquetas de distintas partes de cohetes y lanzaderas, bastante diferente .

Salimos de la fortaleza y cruzamos andando el Río Neva por uno de sus puentes. Íbamos en busca del metro pero no terminábamos de ubicar la parada más cercana y se nos echó encima un buen chaparrón que levantó mucho viento un minuto antes de comenzar.

Nos acabamos refugiando en las cercanías del Hermitage hasta que amainó y cuando lo hizo aprovechamos para ver por primera vez de cerca este bonito edificio.

En la misma plaza estaban celebrando un evento. Llevábamos viendo todo el día montones de marineros con la bandera de la ciudad y con trajes típicos y resulta que aquel era el día de la Marina. Queríamos cenar por la zona y nos dio pereza ir al hotel para luego volver, así que hicimos tiempo mientras nos secábamos y dimos un paseo por los alrededores.
Aquel día hicimos una cena muy europea, sobre las 20:00, pero estaba justificado por el cansancio y porque la comida había sido ligera. Llevábamos anotado un restaurante en concreto pero no dimos con él y terminamos cenando en uno con buena pinta: Gorohof. No defraudó. Pensamos que sería algo caro porque estaba muy bien situado pero nos arriesgamos.
Pedimos una ensalada de salmón para compartir y de segundos, ternera strogonof y pollo tepaka. Buenísimo todo. La ternera muy sabrosa y el pollo en su punto.

Lo de las tartas en Rusia es alucinante. No son porciones, son ladrillos… así debería ser. Pedimos una Napoleón y una de zanahoria, buenísimas ambas. Todo con las bebidas nos costó 2810R… no llegaba a 40€ a pesar de todo, así que genial.

Antes de marcharnos de la zona nos acercamos a ver la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, preciosa aunque la iluminación era mejorable. En cualquier caso, volveríamos de día para visitarla.

Regresamos al hotel muy cansados pero increíblemente satisfechos con todo lo que estábamos viendo. El primer día nos había cundido muchísimo pero aún nos quedaban muchas cosas por ver… finalmente fue un acierto haber rechazado la oferta por overbooking porque nos habríamos dejado mil cosas en el tintero de haber aceptado.
GASTOS DEL DÍA PARA 2 PERSONAS
- Desayuno: 260R
- Minibús i/v a Peternoff: 240R
- Entradas a Peterhoff: 1200R
- Comida en Tepemok: 160R
- Entradas a Fortaleza: 1200R
- Cena: 2810R
Total Gastos: 5.870R