Un nuevo día en la gran ciudad y para afrontarlo, fuimos a coger fuerzas en primer lugar. En el SoHo hay una pequeña tienda que tiene fama de hacer el mejor cheesecake de Nueva York y nosotros íbamos a comprobarlo. No quedaba lejos de nuestro hotel así que fuimos andando. El lugar se llama Eileen’s Special Cheesecake y está situado en Cleeveland Plaza.
Hay multitud de sabores para elegir, nosotros nos quedamos con uno de fresa, otro de caramelo salado y el último, de dulce de leche, que fue el que más nos gustó. Son pequeños pero contundentes y muy sabrosos, con galleta y queso dulce. Cada uno costaba 3,25$ pero había una oferta por llevarse 3 y nos costaron 11,70$.
Desayuno en el cuerpo, cogimos el metro rumbo a Brooklyn, concretamente a la zona de Williamsburg, la habitada por la comunidad judía ortodoxa. Sabíamos que el mejor día para visitarla era un domingo, pero a pesar de que era lunes esperábamos ver alguno y así fue. Nos bajamos en la parada Hewes St de la línea J y nada más del metro vimos a 4 ó 5.
Nos resultaba un poco violento hacerles fotos así que no tenemos buenas imágenes directamente de ellos. Callejeamos un poco por el barrio y vimos a algunos más y varios elementos que no dejaban duda de en qué zona de Brooklyn estábamos. Fuimos caminando a la estación de Broadway para coger la línea G hasta Queens y, de nuevo, perdimos muchísimo tiempo esperando el metro.
La idea era visitar lo que quedara de 5 Pointz, un punto importante del arte callejero neoyorkino, pero no hubo mucha suerte porque no quedaba nada, así que fuimos recorriendo el barrio hasta el Grantry Plaza State Park, un paseo precioso en la orilla del East River desde el que se tienen unas fantásticas y diferentes vistas de Manhattan.
Yo recomiendo la visita totalmente porque además, no hay absolutamente nadie y puedes hacer fotos con total tranquilidad. También nos gustó mucho el cartel vintage de Pepsi que había a nuestra espalda.
A continuación teníamos pensado ir a Coney Island, pero lo dejamos para el día siguiente dada la hora que era si queríamos terminar todo el itinerario antes del atardecer. Cambio de planes patrocinado por el MTA Nueva York. Siendo así, fuimos en metro hasta Bowling Green desde donde fuimos a la terminal para coger el Ferry a Staten Island. No hay que pagar nada por el servicio si tienes la Metrocard. Aún quedaban unos minutos para el siguiente así que nos compramos un par de señores trozos de pizza, que el hambre ya se iba a notar y no sabíamos si íbamos a tener tiempo a comer tranquilamente. Nos costaron 10,60$ los dos y eran del tamaño de una pizza individual española cada uno, prácticamente.
El ferry sale con una frecuencia de media hora y a la indicada, pasamos todos dentro e intentamos conseguir un buen sitio en la cubierta exterior para poder ver a la Estatua de la Libertad.
Después de haberla visto desde la propia Liebrty Island en mi primera visita, la actividad del ferry siempre me ha sabido a poco, pero reconozco que es suficiente para poder apreciar sus facciones y dimensiones. A la vuelta es cuando se pasa más cerca.
Pensábamos coger el ferry de vuelta nada más llegar a Staten, pero el siguiente salió tan pronto el nuestro tocó tierra y no fue posible, así que tuvimos que esperar media hora más. Habíamos hecho bien en comer la pizza porque ya no daba tiempo a restaurante, pero en cualquier caso, de nuevo en la terminal de Whitehall compramos otro clásico americano para quedarnos totalmente satisfecho: un par de perritos en Nathan’s. Uno era de queso y el otro un supremo de pollo que estaba buenísimo. También pedimos una ración de patatas y agua, todo por 14,68$. Nos los comimos sentados al sol en Battery Park, donde también pasamos a ver The Sphere, la escultura hecha con la bola recuperada del World Trade Center tras el 11-S.
Tantas “prisas” a lo largo de la mañana venían porque queríamos cruzar el puente de Brooklyn y ver como el sol caía desde el parque DUMBO. Eso fue lo que hicimos a continuación. Comenzamos el camino en el inicio del puente que se interna en Manhattan y lo recorrimos junto a muchos otros turistas. La verdad es que una vez arriba impresionan sus dimensiones.
Las vistas desde allí arriba son impresionantes y no puedes dejar de parar a echar fotos cada segundo, pero en poco más de media hora, ya estábamos llegando a Brooklyn de nuevo. Bajamos por Washington St y contemplamos una de las imágenes más míticas de la ciudad: la de la silueta del Empire State bajo el arco del puente de Manhattan.
Y tras casi pedir turno para echar la foto, llegamos al Parque DUMBO, situado entre los puentes de Manhattan y Brooklyn. En mi anterior visita fui muchos días a ver el atardecer e incluso amanecí uno allí, y ahora quería compartir con mi novio las espectaculares vistas del skyline que se tienen desde allí.
El sol iba desapareciendo y la ciudad se empezaba a llenar de luces ofreciéndonos una vista diferente.
Cuando anocheció, nos fuimos para el Metro pero seguimos en Brooklyn, ya que esa noche teníamos plan especial: Íbamos a ver un partido de la NBA, concretamente de los Brooklyn Nets. Aunque el equipo de basket por excelencia de la ciudad sean los Knicks, la realidad es que ninguno de los dos es un conjunto puntero y la diferencia de precio en las entradas es abismal, por eso elegimos a los Nets, que juegan en el Barclays Center. Las entradas las compramos desde España a través de la web Ticketnetwork. Lo que parecía que en un principio iban a ser 11$ por persona, terminaron siendo en total 35$ por las 2, sumando tasas y emisión de ticket online (no había otra opción).
Así, nos dirigimos al estadio pronto (el partido era a las 19:30) para preguntar si podíamos meter la GoPro y poder volver al hotel en caso de que no. Son restrictivos con las cámaras en el Barclays, pero con la compacta de fotos nos dijeron que no pasaba nada, el problema viene con las profesionales. Con la GoPro, el chico al que preguntamos dudaba, pero nos prometió que en caso de que en acceso no la permitieran, se puede dejar en una consigna allí y te dan un ticket para que la recogiéramos al final.
Más tranquilos con la respuesta, nos fuimos a merendar al que se supone y para nosotros ES el restaurante que sirve el mejor cheesecake de Nueva York: Junior’s. El local ya merece una visita por sí sólo una visita gracias a la música soul que suena de fondo y a su aspecto de típico americano de los 50 al que daba aún más encanto la decoración navideña.
Nada más llegar, nos sirvieron un par de vasos de agua, como hacen muchos restaurantes de EEUU y nos dieron la carta. La elección estaba clara: una porción de su cheesecake clásico y otra de carrot cheesecake.
No sé muy bien cómo definir el tamaño de las porciones, pero la palabra que más se acerca es la de "adoquines". Son monstruosamente grandes y bien valen los 7,95$ que cuesta cada una, por sabor y tamaño. Absolutamente deliciosas…. Una habría sido suficiente para dos pero siempre queremos probarlo todo. El total de la cuenta con un té helado y la propina fue de 25$, un poco caro para una merienda pero completamente justificado en este caso.
Maravillados con este dulce, fuimos de nuevo al Barclays Center para quedarnos. En el acceso no hubo ningún problema con las cámaras y pasamos los momentos previos al partido disfrutando de las actuaciones de grupos infantiles de baile del barrio. El estadio es bastante grande y a pesar de que nosotros estábamos en el sector más alto, me atrevería a decir que se ve muy bien desde todos los puntos porque las gradas están muy inclinadas.
El partido enfrentaba a los Brooklyn Nets y los Washington Wizards y fue muy entretenido durante las 2 horas y media que duró. Un enfrentamiento de ida y vuelta y muy igualado que acabaron llevándose los Wizards por 6 puntos, quedando 113 -119.
Además del juego, nos encantó el espectáculo. El speaker estuvo muy entregado en todo momento y las cámaras nos sacaron algunas carcajadas enfocando al público para que saludara y bailara en los tiempos muertos.
Con una experiencia más en el bolsillo, volvimos a Manhattan para cenar y probar uno de los restaurantes a los que más ganas teníamos aunque el Metro se volvió a empeñar en ponérnoslo difícil. Finalmente no pudimos cenar allí y no por culpa del metro, sino porque ese día era de descanso para ellos, probaríamos suerte en los próximos. Volvimos a nuestro barrio con la esperanza de encontrar algo por allí pero estaban casi todos los locales cerrando así que acabamos entrando a Popeye’s, una franquicia americana especializada en pollo frito, que no era ni de lejos lo que más nos apetecía. Pedimos un combo de 10 piezas porque era lo único que quedaba y una botella de agua por 14$. Nos lo pusieron todo para llevar porque también estaban cerrando. Cuando abrimos la caja en el hotel vimos que nos habían echado todo lo que les quedaba, más de 10 piezas… pero no pudimos ni acabarnos las 10.
No cerramos el día con una buena cena pero eso no le restó ni un ápice de alegría. Lo habíamos vuelto a pasar fenomenal en LA CIUDAD.
Hay multitud de sabores para elegir, nosotros nos quedamos con uno de fresa, otro de caramelo salado y el último, de dulce de leche, que fue el que más nos gustó. Son pequeños pero contundentes y muy sabrosos, con galleta y queso dulce. Cada uno costaba 3,25$ pero había una oferta por llevarse 3 y nos costaron 11,70$.

Desayuno en el cuerpo, cogimos el metro rumbo a Brooklyn, concretamente a la zona de Williamsburg, la habitada por la comunidad judía ortodoxa. Sabíamos que el mejor día para visitarla era un domingo, pero a pesar de que era lunes esperábamos ver alguno y así fue. Nos bajamos en la parada Hewes St de la línea J y nada más del metro vimos a 4 ó 5.

Nos resultaba un poco violento hacerles fotos así que no tenemos buenas imágenes directamente de ellos. Callejeamos un poco por el barrio y vimos a algunos más y varios elementos que no dejaban duda de en qué zona de Brooklyn estábamos. Fuimos caminando a la estación de Broadway para coger la línea G hasta Queens y, de nuevo, perdimos muchísimo tiempo esperando el metro.
La idea era visitar lo que quedara de 5 Pointz, un punto importante del arte callejero neoyorkino, pero no hubo mucha suerte porque no quedaba nada, así que fuimos recorriendo el barrio hasta el Grantry Plaza State Park, un paseo precioso en la orilla del East River desde el que se tienen unas fantásticas y diferentes vistas de Manhattan.

Yo recomiendo la visita totalmente porque además, no hay absolutamente nadie y puedes hacer fotos con total tranquilidad. También nos gustó mucho el cartel vintage de Pepsi que había a nuestra espalda.

A continuación teníamos pensado ir a Coney Island, pero lo dejamos para el día siguiente dada la hora que era si queríamos terminar todo el itinerario antes del atardecer. Cambio de planes patrocinado por el MTA Nueva York. Siendo así, fuimos en metro hasta Bowling Green desde donde fuimos a la terminal para coger el Ferry a Staten Island. No hay que pagar nada por el servicio si tienes la Metrocard. Aún quedaban unos minutos para el siguiente así que nos compramos un par de señores trozos de pizza, que el hambre ya se iba a notar y no sabíamos si íbamos a tener tiempo a comer tranquilamente. Nos costaron 10,60$ los dos y eran del tamaño de una pizza individual española cada uno, prácticamente.

El ferry sale con una frecuencia de media hora y a la indicada, pasamos todos dentro e intentamos conseguir un buen sitio en la cubierta exterior para poder ver a la Estatua de la Libertad.

Después de haberla visto desde la propia Liebrty Island en mi primera visita, la actividad del ferry siempre me ha sabido a poco, pero reconozco que es suficiente para poder apreciar sus facciones y dimensiones. A la vuelta es cuando se pasa más cerca.
Pensábamos coger el ferry de vuelta nada más llegar a Staten, pero el siguiente salió tan pronto el nuestro tocó tierra y no fue posible, así que tuvimos que esperar media hora más. Habíamos hecho bien en comer la pizza porque ya no daba tiempo a restaurante, pero en cualquier caso, de nuevo en la terminal de Whitehall compramos otro clásico americano para quedarnos totalmente satisfecho: un par de perritos en Nathan’s. Uno era de queso y el otro un supremo de pollo que estaba buenísimo. También pedimos una ración de patatas y agua, todo por 14,68$. Nos los comimos sentados al sol en Battery Park, donde también pasamos a ver The Sphere, la escultura hecha con la bola recuperada del World Trade Center tras el 11-S.

Tantas “prisas” a lo largo de la mañana venían porque queríamos cruzar el puente de Brooklyn y ver como el sol caía desde el parque DUMBO. Eso fue lo que hicimos a continuación. Comenzamos el camino en el inicio del puente que se interna en Manhattan y lo recorrimos junto a muchos otros turistas. La verdad es que una vez arriba impresionan sus dimensiones.

Las vistas desde allí arriba son impresionantes y no puedes dejar de parar a echar fotos cada segundo, pero en poco más de media hora, ya estábamos llegando a Brooklyn de nuevo. Bajamos por Washington St y contemplamos una de las imágenes más míticas de la ciudad: la de la silueta del Empire State bajo el arco del puente de Manhattan.

Y tras casi pedir turno para echar la foto, llegamos al Parque DUMBO, situado entre los puentes de Manhattan y Brooklyn. En mi anterior visita fui muchos días a ver el atardecer e incluso amanecí uno allí, y ahora quería compartir con mi novio las espectaculares vistas del skyline que se tienen desde allí.

El sol iba desapareciendo y la ciudad se empezaba a llenar de luces ofreciéndonos una vista diferente.

Cuando anocheció, nos fuimos para el Metro pero seguimos en Brooklyn, ya que esa noche teníamos plan especial: Íbamos a ver un partido de la NBA, concretamente de los Brooklyn Nets. Aunque el equipo de basket por excelencia de la ciudad sean los Knicks, la realidad es que ninguno de los dos es un conjunto puntero y la diferencia de precio en las entradas es abismal, por eso elegimos a los Nets, que juegan en el Barclays Center. Las entradas las compramos desde España a través de la web Ticketnetwork. Lo que parecía que en un principio iban a ser 11$ por persona, terminaron siendo en total 35$ por las 2, sumando tasas y emisión de ticket online (no había otra opción).
Así, nos dirigimos al estadio pronto (el partido era a las 19:30) para preguntar si podíamos meter la GoPro y poder volver al hotel en caso de que no. Son restrictivos con las cámaras en el Barclays, pero con la compacta de fotos nos dijeron que no pasaba nada, el problema viene con las profesionales. Con la GoPro, el chico al que preguntamos dudaba, pero nos prometió que en caso de que en acceso no la permitieran, se puede dejar en una consigna allí y te dan un ticket para que la recogiéramos al final.
Más tranquilos con la respuesta, nos fuimos a merendar al que se supone y para nosotros ES el restaurante que sirve el mejor cheesecake de Nueva York: Junior’s. El local ya merece una visita por sí sólo una visita gracias a la música soul que suena de fondo y a su aspecto de típico americano de los 50 al que daba aún más encanto la decoración navideña.

Nada más llegar, nos sirvieron un par de vasos de agua, como hacen muchos restaurantes de EEUU y nos dieron la carta. La elección estaba clara: una porción de su cheesecake clásico y otra de carrot cheesecake.

No sé muy bien cómo definir el tamaño de las porciones, pero la palabra que más se acerca es la de "adoquines". Son monstruosamente grandes y bien valen los 7,95$ que cuesta cada una, por sabor y tamaño. Absolutamente deliciosas…. Una habría sido suficiente para dos pero siempre queremos probarlo todo. El total de la cuenta con un té helado y la propina fue de 25$, un poco caro para una merienda pero completamente justificado en este caso.
Maravillados con este dulce, fuimos de nuevo al Barclays Center para quedarnos. En el acceso no hubo ningún problema con las cámaras y pasamos los momentos previos al partido disfrutando de las actuaciones de grupos infantiles de baile del barrio. El estadio es bastante grande y a pesar de que nosotros estábamos en el sector más alto, me atrevería a decir que se ve muy bien desde todos los puntos porque las gradas están muy inclinadas.

El partido enfrentaba a los Brooklyn Nets y los Washington Wizards y fue muy entretenido durante las 2 horas y media que duró. Un enfrentamiento de ida y vuelta y muy igualado que acabaron llevándose los Wizards por 6 puntos, quedando 113 -119.
Además del juego, nos encantó el espectáculo. El speaker estuvo muy entregado en todo momento y las cámaras nos sacaron algunas carcajadas enfocando al público para que saludara y bailara en los tiempos muertos.
Con una experiencia más en el bolsillo, volvimos a Manhattan para cenar y probar uno de los restaurantes a los que más ganas teníamos aunque el Metro se volvió a empeñar en ponérnoslo difícil. Finalmente no pudimos cenar allí y no por culpa del metro, sino porque ese día era de descanso para ellos, probaríamos suerte en los próximos. Volvimos a nuestro barrio con la esperanza de encontrar algo por allí pero estaban casi todos los locales cerrando así que acabamos entrando a Popeye’s, una franquicia americana especializada en pollo frito, que no era ni de lejos lo que más nos apetecía. Pedimos un combo de 10 piezas porque era lo único que quedaba y una botella de agua por 14$. Nos lo pusieron todo para llevar porque también estaban cerrando. Cuando abrimos la caja en el hotel vimos que nos habían echado todo lo que les quedaba, más de 10 piezas… pero no pudimos ni acabarnos las 10.
No cerramos el día con una buena cena pero eso no le restó ni un ápice de alegría. Lo habíamos vuelto a pasar fenomenal en LA CIUDAD.
GASTOS DEL DÍA PARA 2 PERSONAS
• Desayuno: 11,70$
• Comida (pizzas y perritos): 10,60$ + 14,68$.
• Merienda en Junior’s: 25$
• Entradas NBA Brooklyn Nets: 35$
• Cena: 14$
Total: 110,98$




