Hoy tocaba murallas así que madrugamos mucho, tomamos de nuevo el bus nº 6 hasta Pile y a primera hora de la mañana, sobre las 8:30 ya estábamos atravesando la magnífica puerta de acceso a la ciudadela para subir a sus murallas y contemplarla desde las alturas. Y como nosotros, decenas, si no cientos, de personas más que ya esperaban su turno en taquilla para adquirir la entrada.
Pagamos la entrada, aquí ya me pierdo en precios, creo que fueron 120 kunas cada adulto y 40 kunas la niña. Lo que sí recuerdo con claridad es que se permite pago con tarjeta de crédito, pero si se quiere pagar en efectivo sólo aceptan kunas. Euros no. Tenedlo en cuenta. Si os quedais sin kunas allí mismo hay varias oficinas de cambio. No es el mejor cambio pero para el apuro sirve.
Iniciamos el ascenso a las murallas y cuando llegas arriba, ¿qué decir? Mejor no decir nada y limitarse a admirar la belleza de los edificios de piedra blanca y tejados rojos y del entorno que los rodea.
La zona amurallada tiene un perímetro de casi 2 kilómetros y una altura de hasta 22 metros. Algunos tramos de la muralla son originales del siglo X aunque la mayor parte corresponde a siglos posteriores hasta el siglo XVI. La muralla se conserva intacta, así como sus 16 torres, 2 fortificaciones y 4 bastiones.
Recorrer la muralla nos llevó al menos un par de horas o más. Fuimos con calma, tomando miles de fotos: a la isla de Lokrum
a la famosa y televisiva fortaleza Lovrijenac (la entrada está incluída con las murallas)
por supuesto al bello amasijo de tejados rojizos que se veían desde lo alto
y hasta al mismísimo Buza Bar que parecía fundirse con las rocas.
Y miles de selfies, selfies everywhere, para no olvidar que hemos estado allí, en la Perla del Adriático.
Tras descender de las murallas, con un calor asfixiante ( llevaos agua, que arriba es carísima), dimos otra vuelta rápida por Placa para ver la ciudad de día. Después comimos temprano en una calle algo alejada, donde los precios fueron razonables y tomamos de nuevo en bus 6 que nos dejó en 10 minutos en el apartamento. Objetivo: coger las mochilas con los bañadores para irnos un rato a alguna playa próxima. Fuimos caminando, ya que en la zona de Lapad bajando nuestra calle, a 5 minutos de paseo ya estaba Lapad Beach, que es una playa semiurbana.
Antes de nada decir que las playas de Croacia, en general, no son como las que tenemos en España, algunas de grandes arenales, si no que suelen ser playas de piedras, muy incómodas para echarse a tomar el sol, a menos que se alquile una tumbona. Es por eso que yo no las considero playas para pasar el día, tal como podemos hacer en España, si no playas de chapuzón, es decir, te bañas, te refrescas, nadas o haces un poco de snorkel, te tumbas lo mínimo para secarte y te vas.
Al menos a nosotros no nos inspiraron lo suficiente para quedarnos mucho rato. Que sí, que la costa croata es impresionantemente bella, el agua cristalina y de un color azul límpido y hermosísimo. Pero yo, personalmente, no lo considero un destino de playa, es mucho más.
Estuvimos un buen rato haciendo snorkel, nadando y tomando el sol en las piedras y después nos fuimos a un parque próximo donde la niña disfrutó mucho con un grupo de niños croatas.
Después subimos al apartamento a darnos una ducha y como aún eran las 8 de la tarde decidimos bajar de nuevo a la ciudadela, a cenar y despedirnos de ella en plena noche, con un último paseo. Y eso hicimos. Al regresar al apartamento nos desviamos hacia el puerto y dimos un agradable paseo. Serían algo más de las 12 de la noche y ya nos retiramos.
Pagamos la entrada, aquí ya me pierdo en precios, creo que fueron 120 kunas cada adulto y 40 kunas la niña. Lo que sí recuerdo con claridad es que se permite pago con tarjeta de crédito, pero si se quiere pagar en efectivo sólo aceptan kunas. Euros no. Tenedlo en cuenta. Si os quedais sin kunas allí mismo hay varias oficinas de cambio. No es el mejor cambio pero para el apuro sirve.
Iniciamos el ascenso a las murallas y cuando llegas arriba, ¿qué decir? Mejor no decir nada y limitarse a admirar la belleza de los edificios de piedra blanca y tejados rojos y del entorno que los rodea.

La zona amurallada tiene un perímetro de casi 2 kilómetros y una altura de hasta 22 metros. Algunos tramos de la muralla son originales del siglo X aunque la mayor parte corresponde a siglos posteriores hasta el siglo XVI. La muralla se conserva intacta, así como sus 16 torres, 2 fortificaciones y 4 bastiones.
Recorrer la muralla nos llevó al menos un par de horas o más. Fuimos con calma, tomando miles de fotos: a la isla de Lokrum

a la famosa y televisiva fortaleza Lovrijenac (la entrada está incluída con las murallas)

por supuesto al bello amasijo de tejados rojizos que se veían desde lo alto

y hasta al mismísimo Buza Bar que parecía fundirse con las rocas.

Y miles de selfies, selfies everywhere, para no olvidar que hemos estado allí, en la Perla del Adriático.

Tras descender de las murallas, con un calor asfixiante ( llevaos agua, que arriba es carísima), dimos otra vuelta rápida por Placa para ver la ciudad de día. Después comimos temprano en una calle algo alejada, donde los precios fueron razonables y tomamos de nuevo en bus 6 que nos dejó en 10 minutos en el apartamento. Objetivo: coger las mochilas con los bañadores para irnos un rato a alguna playa próxima. Fuimos caminando, ya que en la zona de Lapad bajando nuestra calle, a 5 minutos de paseo ya estaba Lapad Beach, que es una playa semiurbana.
Antes de nada decir que las playas de Croacia, en general, no son como las que tenemos en España, algunas de grandes arenales, si no que suelen ser playas de piedras, muy incómodas para echarse a tomar el sol, a menos que se alquile una tumbona. Es por eso que yo no las considero playas para pasar el día, tal como podemos hacer en España, si no playas de chapuzón, es decir, te bañas, te refrescas, nadas o haces un poco de snorkel, te tumbas lo mínimo para secarte y te vas.
Al menos a nosotros no nos inspiraron lo suficiente para quedarnos mucho rato. Que sí, que la costa croata es impresionantemente bella, el agua cristalina y de un color azul límpido y hermosísimo. Pero yo, personalmente, no lo considero un destino de playa, es mucho más.
Estuvimos un buen rato haciendo snorkel, nadando y tomando el sol en las piedras y después nos fuimos a un parque próximo donde la niña disfrutó mucho con un grupo de niños croatas.
Después subimos al apartamento a darnos una ducha y como aún eran las 8 de la tarde decidimos bajar de nuevo a la ciudadela, a cenar y despedirnos de ella en plena noche, con un último paseo. Y eso hicimos. Al regresar al apartamento nos desviamos hacia el puerto y dimos un agradable paseo. Serían algo más de las 12 de la noche y ya nos retiramos.