Nos tocó madrugar para ir a desayunar, ¡por fin paró de llover! Tuvimos que comer un poco rápido, todos los choferes eran muy puntuales.
Sobre las 9h nos recogieron y salimos hacia Monteverde. La distancia no era muy larga, pero como había que bordear todo el lago, el camino duraba unas 3h con bastantes curvas y además el conductor iba bastante rápido, con lo cual mi marido fue muy mareado las 2 primeras horas.
A medio camino hicimos parada para ir al baño y comer algo quien quisiera, nosotros nos fuimos a la terraza a tomar el aire, para que pudiera despejarse un poco y que se le pasara el mareo. Surgió efecto y por suerte el resto del viaje fue un poco mejor, menos curvas, pero comenzó el camino de tierra y fue bastante incómodo, aun así, conseguimos dormir un rato.
Llegamos a Monteverde, hotel EL ESTABLO y al hacer el chek-inn fuimos a reservar excursiones, como cada vez que llegábamos a un destino. Contratamos la excursión de canopy en lo alto del bosque con la compañía del hotel, por la tarde – noche cogimos la excursión nocturna por el bosque del hotel también y al día siguiente por la mañana caminata por el bosque nuboso y puentes colgantes y por la tarde mariposario y ranario por nuestra cuenta.
Nos llevaron a la habitación para dejar las maletas y directos al canopy, ¡nos esperaban para comenzar el recorrido! A demás, tenía pinta de llover, y lloviendo no se puede hacer la activad, por suerte no llovió. Nos gustó mucho, los guías eran muy simpáticos y lo pasamos muy bien, aunque entre el caballo y el día anterior y las tirulinas… ¡¡¡teníamos agujetas hasta las pestañas!!!
Comimos en el restaurante del hotel un plato que nos recomendó una pareja, el plato era ROMEO & JULIETA, una carne muy buena, y de postre un plato muy grande, con 4 mini postres buenísimos! Nos lo comimos todo súper a gusto, pagar no nos gustó tanto, pero estaba bien pagado, 60$. Después de tal manjar… una siesta, que era lo que tocaba.
A las 17.30h teníamos que estar en recepción para comenzar la caminata nocturna así que allí estábamos preparados con nuestras linternas y la cámara para captar todos los animales que viéramos.
Vimos ranas del tamaño de una uña, muy muy pequeñitas y algún que otro pájaro y arañas, pero no vimos gran cosa la verdad.
Lo mas curioso fueron estas ranitas del tamaño de una uña:

Al terminar la excursión, volvimos a cenar al restaurante del hotel y cenamos con otra pareja, yo no tenía mucha hambre y me comí una crema de champiñones que no me gustó mucho… pero mi marido sé comió un salmón que estaba ¡riquísimo! Eso sí, 40$ de cena.
A las 21h ya estábamos en la cama viendo la tele, pero nos dormimos rápidamente.