
Me desperté a las 4 de la mañana, y ya no me pude volver a dormir. Tuve que esperar a que fueran las 6:30 para volver a tener compañía, nos duchamos y bajamos a desayunar.
Se puede ir a la muralla china, parte de Multianyu, por tu cuenta, no es dificil, coges el metro hasta Dongzhimen, allí hay que coger un autobús que te deja a 20km y una vez allí buscas un taxi, y una vez llegas a la puerta de entrada de la muralla tienes que coger un shuttle bus hasta arriba, y una vez arriba ya puedes elegir entre subir a la muralla andando o en telesilla. No es dificil, pero para ser una de las 7 maravillas del mundo, sería de esperar que hubiera más facilidades para acceder de manera más cómoda.
Nosotros fuimos en un tour que organiza nuestro hostal cada día. Nos pareció lo más conveniente ya que por 35 euros nos daban de desayunar, nos llevaban, la entrada a la muralla estaba incluída, nos dejaban 3.5 horas para estar en la muralla, nos daban de comer en un restaurante de comida local, y nos dejaban de vuelta en el hostal a las 16:30.
Voy a explicar un poco cómo es recorrer la muralla de Multianyu. Hay 29 tramos (torres) abiertos al público, si subes andando empiezas desde la 10, y si vas en telesilla desde la 14. Esto último fue lo que recomendó el guía, ya que según él a partir de la torre 23 ya no está tan reformado y es más salvaje, a parte de estar más alto y ser las vistas mejores. Asi que lo que hizo casi todo el mundo fue subir a la 14, de ahí subir lo que pudieran y bajar otra vez desde la 14. Pero a nosotros nos hacía ilusión bajar por el famoso tobogán que hay en la 6, así que subimos por el telesilla que hay en la 6, caminamos hasta la 12 y volvimos a la 6 para tirarnos por el larguísimo y muy divertido tobogán.
Fue muy interesante, me encantó la sensación de andar por la muralla, además no había mucha gente para nuestra sorpresa. Las vistas eran impresionantes, y no todos los días uno camina sobre una de las más importantes edificaciones humanas de la historia. El camino no es plano, estás todo el rato subiendo y bajando escaleras, por lo que se hace duro. Yo paré en la 12, mi novio siguió un poco más, y en ese momento que decidimos separarnos, me sorprendió con un regalo, unos walkie-talkies, así que a partir de ahí cada poco rato mientras caminaba por la muralla decíamos “alfa lima a zulu bravo, informe de su posición” “recibido” y cosas del estilo.
La comida estaba riquísima y fue nuestra iniciación con los palillos chinos. Estabamos sentados todos los del tour alrededor de una mesa redonda, y pronto empezamos a charlar y a contar batallitas sobre nuestros viajes. A nuestro lado estaban dos chicos irlandeses que llevaban 5 meses viajando por Australia y Asia y con los que hablamos mucho rato.
Esa tarde, después de descansar un rato, nos acercamos al mercado nocturno de Wanfujing, una serie de callejones llenos de puestos de comida y otros artículos, bares, restaurantes y tiendas de souvenirs al que se accede desde el sur de la calle Wanfujing. Nos tomamos unos pinchos de lo que supongo era pollo picante, y nos sentamos en una terraza a tomar una cerveza, esta vez mucho más barata que la del día anterior.
A la mañana siguiente nos despertamos dispuestos a aprovechar nuestras últimas horas en Pekín, la ciudad que tanto nos estaba gustando, ya que esa noche teníamos que coger un tren nocturno de camino a Guilin. Dejamos las maletas en el hostal y nos dirigimos en metro hasta Tiananmen. Perdimos mucho tiempo antes de iniciar la visita, ya que conforme nos acercábamos al control de seguridad para pasar a la plaza, pensamos que tal vez dentro de la plaza ya no habría posibilidad de desayunar por un buen precio, así que volvimos a coger el metro hasta Wanfujing para desayunar y comprar agua, y de vuelta a Tiananmen andando.
En Pekín hay policías, militares y controles de seguridad por todas partes, hay militares formando a la entrada de las estaciones de metro, un policía en cada bus local, hay que pasar los bolsos y maletas por los rayos x para entrar en cualquier estación de metro, incluso a veces también te pasan un detector de metales. Así que pasar otro de estos controles para entrar en la famosa plaza de Tiananmen no nos sorprendió.
Una vez allí, nos quedamos impresionados por la grandeza. No es que sea una plaza bonita, ni haya muchas cosas, pero un pueblo pequeño cabría dentro, es algo que hay que ver. No entramos en el mausoleo de Mao Zedong ni en ningún otro sitio y nos fuimos directos a la Ciudad Prohibida. En mi opinión esta visita turística por si sola es merecedora de un viaje a Pekín, nosotros no sabemos nada de historia de China y simplemente paseamos por allí durante un par de horas, pero es impresionante lo grande que es, es una ciudad imperial convertida en un museo, con muchísimos edificios jardines y calles por las que pasear a tus anchas. A mí me encantó.
A la salida pasamos al parque de Jingshan, un parque muy bonito y con una colina en el centro desde cuya cima hay un mirador donde se ve la ciudad prohibida desde una perspectiva muy buena. Esa misma mañana me había preguntado, ¿por qué a nosotros no nos piden hacernos fotos con ellos, si todo el mundo dice que se lo piden? El momento llegó en el parque, aunque en un mal momento, ya que coincidió que una mujer se acercó con su hijo para pedirme una foto justo después de que unas 6 personas nos atosigaran con ricksaws y cosas así, con lo cual en ese momento cuando se me acercó la mujer ni la vi y directamente dije “no thanks” y seguí andando, la mujer se alejó y entonces me di cuenta de lo que había pasado y me sentí como una cretina. Después se nos acercó un chico muy simpático para charlar en español, ya que lo estaba aprendiendo en la universidad, y nunca había tenido la oportunidad de practicarlo con nadie. La gente de Pekín nos ha encantado, todo el mundo nos ha tratado muy bien y nos han parecido muy buena gente.
A la salida del parque mi novio se empeñó en que camináramos en dirección contraria a nuestro barrio, ya que según él por ahí estaba no se qué parque y según el mapa del metro había una estación cerca. Se equivocó y acabamos caminando muchos kilómetros antes de coger el tren y volver al hostal. Llegamos allí a las 15:30h, con horas aún por delante antes de la salida de nuestro tren, así que nos sentamos en el bar a comer unos dumplings, mi nueva comida china favorita, y pronto se nos unieron los chicos irlandeses del día anterior. Después me duché, nos tomamos una cerveza, descansamos en la terraza, y salimos de allí con dirección a la estación de trenes.







