Hoy, domingo, sería un día de tránsito. Abandonábamos el alojamiento en Mulhose para desplazarnos hasta Bodman, a la orilla del Lago Constanza, donde teníamos reservado un apartamento para las tres siguientes noches.
De camino hacia el Lago Constanza paramos en el Campus Vitra y en las Cataratas del Rin.
CAMPUS VITRA
Se trata de un gran recinto tecnológico, situado al norte de Basilea pero ya en suelo alemán, que alberga varios edificios de gran interés arquitectónico dedicados a la industria del mobiliario de diseño, tanto a la producción como a la exposición y comercialización. Es una especie de "parque temático" de arquitectura moderna
Las diversas edificaciones se encuentran salpicadas sobre una inmensa pradera verde, y cada una de ellas ha sido diseñada por un prestigioso arquitecto actual. Hay edificios de Herzog & de Meuron, Frank Gehry, Tadao Ando, Zaha Hadid o del estudio SANAA.
No cuento aquí el origen y la historia de Vitra por no cansar, porque puede consultarse en la Wikipedia.




Si te gusta la arquitectura moderna y tienes ocasión de visitarlo, te encantará. El campus está abierto con entrada libre hasta las 18:00, pero sólo podrás ver los edificios por fuera. El único edificio de acceso gratuito es el llamado Vitra House, diseñado por Herzog & de Meuron, donde se exponen las creaciones de esta empresa e incluso puedes comprar algo (carísimo) si te interesa. Se tarda como una hora en ver todo lo que está expuesto en este edificio y es bastante ameno de visitar. Sólo por ver el edificio en sí ya merece la pena la visita, porque tiene detalles curiosísimos y es muy original.






Si quieres profundizar un poco más y que te enseñen algunos de los edificios por dentro, puedes apuntarte a una visita guiada por el campus, que dura 2 horas y cuesta 14 € (10 € para los estudiantes). A nosotros, que somos cuatro de familia, nos cobraron la “entrada familiar”, que fueron 38 €. Hay visitas guiadas en inglés, en francés y en alemán, a diversas horas. Nos gustó mucho a los cuatro, incluso a los más jóvenes
Tuvimos suerte porque nos tocó una guía muy amena y graciosa a la que, además, se le entendía muy bien el inglés.
Para quien pueda estar interesado, dejo aquí el enlace de la web de Vitra con toda la información:
www.vitra.com/es-es/campus
Comer en Vitra: Ese día nos dio la hora de comer en el Campus Vitra, así que nos sentamos en la terraza de la cafetería que tienen en el Vitra House, frente a la preciosa pradera que ese día tan soleado lucía con un verde intenso. Para ser la cafetería de un museo, estaba todo bastante bueno y no demasiado mal de precio: Una pita de salmón, una ensalada de tomate y mozzarella, un plato de tortellini riquísimo y otro de jamón ahumado, más dos raciones de tarta, una cerveza y una botella grande de agua, 55,60 €.

CATARATAS DEL RIN
Llegamos allí a las 18:30 tras una horrible travesía en paralelo a la frontera con Suiza, por carreteras alemanas en obras que nos obligaron a tomar desvíos larguísimos. ¡Tardamos dos horas en recorrer los 110 km que hay desde Vitra hasta las cataratas! También es cierto que, por no tener la famosa Viñeta, no podíamos pisar las autopistas suizas, que seguramente nos hubieran aliviado bastante.
Nos hubiera gustado coger un barquito que te lleva hasta el peñón central de las cataratas, pero justamente el último salía a las 18:30 y por culpa de las dichosas obras no llegamos a tiempo. La parte positiva fue que a partir de las 18:00 los parkings son gratuitos, así que por lo menos no gastamos nada en aparcar.



Estos son los horarios de los barquitos:

Estuvimos por allí haciendo fotos desde la orilla norte, andando hacia el puente que comunica ambas orillas pero sin llegar hasta él porque era ya tarde, empezaba ya a haber poca luz y no merecía la pena cruzar para llegar hasta el castillo que hay en la otra orilla.
Creemos que las cataratas se ven mejor desde esta orilla norte, y a ser posible por la tarde, que tienen el sol más de frente. No obstante, en la orilla del castillo hay una plataforma casi a nivel del agua que también debe de merecer la pena. En cualquier caso, después de las cascadas tan espectaculares que vimos el año pasado en Islandia, las del Rin no nos impresionaron tanto.

Los pocos restaurantes que vimos en los alrededores de las cataratas eran carísimos, con precios como el doble que en España, así que es mejor tratar de evitar comer o cenar por allí.
Llegamos a nuestro apartamento en Bodman a las 10:30, cansadísimos tras otro periplo, esta vez nocturno, por carreteras alemanas solitarias y oscuras que parecían no acabar nunca. Son esos momentos en que te alegras de haber contratado la asistencia en carretera, aunque afortunadamente no tuvimos ningún percance a lo largo del viaje.