Hoy salimos de Barcelona hacia Osaka con escala en Shangai (China), porqué volamos con Air China, compañía de la que tenemos pocas referencias y que va a ser una incógnita para nosotros.
Nuestro vuelo sale a las 12:30 de Barcelona en una ruta de nueva creación, ya que está operativa desde primeros de Mayo de este año y como comentamos todavía hay pocas referencias al respecto.
Llegamos con tiempo suficiente al aeropuerto para facturar maletas y pasar los controles de seguridad y a la hora de facturar nos informa el señor del mostrador que aún volando con la misma compañía, en la escala de Shangai tendremos que pasar los controles de inmigración de entrada chinos, recoger las maletas y volverlas a facturar nosotros mismos para el siguiente vuelo, pasar los controles de inmigración de salida y por supuesto, pasar sus controles de seguridad. Todo esto con una escala de 2,30 horas. Suponemos que tendremos tiempo suficiente para hacer tantas cosas seguidas.
El vuelo sale con media hora de retraso, a las 13:00 y esto nos empieza a mosquear un poco. Vamos a disponer de media hora menos en Shangai para toda la paranoia china que nos espera.

Después de 12 horas y 20 minutos de vuelo, de que la noche haya durado solo 4:30 horas y de que hayamos dormido poco, aterrizamos en Shangai y empezamos la carrera de obstáculos para tomar el segundo vuelo. Solo disponemos de dos horas para todo el proceso.
Mientras ha durado el vuelo hemos hablado con otros pasajeros que también están en la misma situación que nosotros y nos hemos puesto de acuerdo para ir todos juntos.
Salimos a la carrera para el primer paso, pasar el control de inmigración de entrada.
Al llegar a la garita del funcionario chino le explicamos que hemos de tomar otro avión y tenemos el tiempo justo. Nos sella el pasaporte y vamos hacia el segundo paso, recoger las maletas en la sala de cintas. Una vez estas en nuestro poder salimos hacia los mostradores de facturación de Air China y hay una cola enorme. Un sudor frío nos invade el cuerpo.
Después de preguntar a un par de azafatas, una de ellas nos indica que no hace falta que hagamos cola ya que hay un par de mostradores libres para los pasajeros en tránsito y la sensación de desahogo ha sido brutal. Facturamos las maletas sin perder más tiempo y vamos hacia el tercer round, pasar el control de inmigración de salida donde nos vuelen a estampar el sello en el pasaporte, para, acto seguido, pasar el control de seguridad antes de embarcar en el segundo avión.
Para todo el proceso nos han sobrado 15 minutos que son los que hemos podido dedicar para ir al lavabo y esperar el embarque.
La 1,45 horas de nervios y prisas nos han dejado malas sensaciones sobre china y eso que solo hemos pisado el aeropuerto.
El segundo vuelo sale puntual y en dos horas, sobre las 12:00 hora ya de Japón aterrizamos en el aeropuerto de Kansai (OSAKA) donde todos los trámites de inmigración han sido infinitamente mucho más ágiles y rápidos que en China. Incluso a la hora de recoger las maletas, estas están todas bien colocadas en la cinta, de pie y unas después de las otras. Cosas de la idiosincrasia japonesa. El método y el orden son norma bàsica.
Una vez tenemos las maletas en nuestro poder y el pasaporte sellado y visado respiramos aliviados. Ya estamos en territorio de Japón y nuestra aventura acaba de empezar.