Antes de empezar con la explicación de este día, debo remarcar que la visita a Yosemite nos "bailó" hasta última hora. El incendio forestal Ferguson, que ha estado quemando miles de hectáreas en las zonas cercanas al parque nacional desde mediados de julio de este 2018, provocó que los accesos y el propio valle de Yosemite quedaran cerrados al público durante bastantes días. Además muchos visitantes que habían conseguido visitar la zona de Tioga pass que estaba abierta hablaban de humo y mala visibilidad. Tras seguir compulsivamente la evolución del incendio y el estado de las carreteras, comprobé que el parque reabría el martes (nosotros fuimos el viernes y el sábado) por lo que decidí seguir con el plan previsto. La alternativa hubiese sido ir por el Big Sur, la carretera de costa de SF a LA, un buen plan si se hace con tiempo porque los alojamientos estaban por las nubes, así que mejor el plan inicial que estaba planificado y reservado.
La única pega era que se modificaba de nuestra planificación la salida del parque, que queríamos hacer por Mariposa Grove por la carretera del acceso sur que lleva del valle a Oakhurst y que estaba cortada del valle hasta precisamente la zona de Mariposa Grove (dónde están las sequoias de Yosemite), lo que nos obligaría a dar una gran vuelta, pero vamos, mejor eso que no ver nada de Yosemite por estar cerrado el parque.
Como llegaríamos al Valle de Yosemite (por cierto se pronuncia Yosémiti) al mediodía, y por el temor de encontrar los parkings llenos, el objetivo del día era: coger el coche sobre las 8:30, parada en un super que ya tenía localizado en la última población "grande" antes del parque para comprar neverita y comida para dos días, llegar al motel que estaba ya cerca del valle en el acceso oeste (concretamente en Buck Meadows) y tomar la carretera 120 (la del Tioga Pass) para llegar lo más lejos que pudiéramos (si podía ser hasta Mammoth Lakes) y cuando viéramos que se hacía tarde, ir volviendo parando en Mono Lake, Tuolumne Meadow, etc… Sabía de antemano que no saldría como estaba previsto, porque era una matada de horas de coche, pero pensé que el plan estaba bien porque en cualquier momento se podía ir de vuelta.
Dicho esto, el día ya empezó raro. Para empezar estaba nublado. Queríamos salir del hotel sobre las 7:45 - 8:00 de la mañana para poder estar en la oficina de alquiler de coches, situada en el centro de la ciudad, sobre las 8:10-8:20 y poder salir con el coche antes de las 8:45h. Pero al final salíamos del hotel a las 8:15 tras retrasarnos. Pedimos un Uber, servicio que habíamos usado ya dos o tres veces y nos parecía fantástico y más barato que un taxi. El coche que tenía que venir se quedó "parado" en mi app a dos calles de nuestra posición. Pensé primero que podría ser un atasco, que había bajado a comprar un café… A los diez minutos pensé que estaba desayunando sentado en un restaurante unos huevos con bacon, haciéndose la manicura… A los veinte minutos, tras descartar que podría estar sacándose una carrera universitaria le llamé y no contestó. Muchos diréis, y porque no anulasteis el Uber y pedíais otro a los 10 minutos de ver el coche parado? Pues porque el app avisaba que entonces nos cargarían 5$ por anular un Uber que en teoría estaba viniendo y no tenía ni idea si después los devolverían, por lo que me armé de paciencia los 20 y pico minutos de espera. Antes del ataque de ansiedad cursé la anulación (después recuperé los 5$ fácilmente) y otro Uber que tardó 10 minutos más en venir. Total que llegamos a la oficina de alquiler de coches con una hora de retraso respecto al plan inicial y con una bonita cola de personas ansiosas por recoger su coche.
La reserva del coche era con Alamo, y la verdad es que todo genial. A pesar de la cola en 15 minutos estábamos en el coche con poco papeleo y sin que me intentaran vender un seguro contra meteoritos (debo aclarar que vía web ya había rellenado los datos personales y que además del seguro normal cogí el de asistencia en carretera que no va incluida por defecto). El coche era un tipo SUV, un Kia Sorrento azul, obviamente automático. Éste además es de riesgo para los que no están acostumbrados porque tiene el freno de mano en un pedal dónde debería estar el embrague. Por suerte antes del viaje alquilé dos o tres veces un coche automático (por motivos de trabajo me toca alquilar media docena de veces al año) y no acabé pisando freno y freno de mano en un semáforo que es la novatada típica. Pero a pesar de esta particularidad, el coche genial.
GPS en marcha y salimos de San Francisco con más tráfico del que esperaba pero sin retenciones. Paramos aproximadamente a las dos horas y pico en Oakdale para visitar un gran supermercado, concretamente de la cadena Save Mart. Nuestra intención era hacer una parada rápida: WC, comprar neverita y cuatro cosas: agua y bebidas, comida para dos días y alguna otra tontería que nos haría falta. Pero para nosotros un supermercado americano es algo así como un parque temático. La visita de 20-30 minutos se alargó una hora mientras nos volvimos locos descubriendo pasillo tras pasillo un montón de cosas que nos parecían curiosas y te demuestran que esta gente vive en otro mundo. Otro mundo para empezar muy grande, porque les encantan las cosas grandes. Aunque no era la intención, disfrutamos de lo lindo, el peque menos, de la visita que debería ser obligatoria porque es francamente divertida por la variedad de productos que tienen. De precio algo más caro que en España prácticamente todo. Por cierto que tienen buenas frutas y verduras, pero a precio bastante superior al de aquí. Se cumple la creencia de que sale más barata una hamburguesa en un fast food que una pieza de fruta. Además de la bebida y la comida, queríamos encontrar la famosa neverita de porexpan que todo el mundo comenta en el foro, pero sólo encontramos algunas de plástico. Nos enamoramos de una roja y cuando íbamos a pagar vimos las otras que por la diferencia de precio (plástico 10$ i pico versus porexpan 3 i pico) decidimos comprar la de plástico porque me veía el coche inundado por rotura explosiva de nevera barata y porque, hay también que decirlo, fue un amor a primera vista. Bromeamos con llevarla de vuelta del viaje.
Total, que con la tontería de salir tarde, mi amigo ruso del Uber que no llegó, el tráfico y la visita turística al supermercado, llegamos al motel sobre casi las 15h. Era demasiado tarde para cualquier excursión porque el valle lo visitaríamos al día siguiente y era mala hora si había mucha gente, y por la carretera 120 lo más cercano eran unas 3-4 horas de coche ida y vuelta. Así que el plan pasó a ser comer algo de lo que habíamos comprado y descansar por la tarde con uso de piscina del motel. Me supo mal dejar de ver todo lo que estaba planificado, pero como dije al principio del diario, hay que saber adaptarse y sobretodo entender que no se llega a todo y sobretodo a los niños también hay que darles un respiro. Además entre LA y SF llevábamos unos 40 y pico kilómetros caminando en tres días, aún notábamos un poco el jet lag y creí que también era un momento para descansar porque los siguientes días eran durillos.
Cena también con lo que habíamos comprado en el mega super, algo de TV y móvil y a dormir que mañana sí que toca recorrer el valle.