Nos levantamos el domingo con penita porque se acababan las vacaciones y tocaba volver a la rutina. Pero aún nos quedaba una última visita antes de poder decir FIN
Teníamos en mente dedicar el domingo a visitar Sintra pero finalmente lo cambiamos y decidimos parar en Óbidos, un pueblecito del que no habíamos oído hablar pero que vimos de camino a Lisboa y que llama la atención ver toda su muralla desde la autovía y el pueblo en medio.
Era una parada perfecta, ya que nos quedaba de camino a casa y no hacíamos la ruta aún más larga, teniendo en cuenta que ya teníamos casi 500 km por delante.
Está más o menos a una hora de Lisboa y tuvimos suerte de llegar tempranito porque luego el pueblo empezó a llenarse, empezaron a llegar autobuses y un montón de padres con niños psicóticos porque allí también había, cómo no, un mercado navideño con Santa y todo el rollo... desde luego no es la mejor época para visitarlo porque se llena y menos en domingo pero bueno, no teníamos otra opción.
Lo que hicimos fue recorrer la muralla apreciando las vistas y luego pasear por el pueblo, había tiendas con souvenirs y demás, pero ya digo, estaba a rebosar y más que pasear tenías que ir esquivando a la gente y a los niños desquiciados que por allí corrían, gritaban, saltaban, empujaban... (no me gustan nada, como podreis comprobar...
) No pudimos ni probar el típico chupito de “Ginja de Obidos” que en algunos sitios te sirven en un chupito de chocolate porque las colas eran enormes en todos lados.Mi recomendación para Óbidos: al ser un pueblo muy turístico y pequeño, no visitar en fin de semana (si se puede claro) ni en una época muy concurrida como puede ser Semana Santa, vísperas de Navidad... porque, de verdad, pierde todo el encanto.
Y ahora sí, aquí acaba nuestro viaje del 2018 por Portugal. Espero que os sirva para preparar vuestras visitas y si hay algo en lo que pueda ayudar no dudeis en preguntar.