Hoy el madrugón fue de los buenos, la noche anterior como ya era costumbre, compramos nuestro café preparado y algo de comer en el seven eleven para nuestro último desayuno en las escaleras del hotel.
Otra cosa que apañé desde España fue el taxi hasta el aeropuerto, a esas horas no había transporte público y no me fiaba de poder entenderme con la persona de recepción en que llamara desde allí a un taxi, desde la pagina taxitoairport alquilamos un vehículo con conductor por unos 50 euros. Cuando salimos a desayunar vimos una furgoneta grande en la puerta pero no reparamos en ella, subimos a por las maletas y resultó que era nuestro coche.
El hombre que nos llevó al aeropuerto una de dos o durmió en la puerta del hotel dentro del coche o madrugó tanto que iba dando cabezadas mientras conducía, yo no me enteré, iba mirando el google maps por si nos raptaba y no acabábamos en el aeropuerto, pero al levantar la mirada y ver la cara de preocupación de Néstor, me dijo que el tipo se estaba durmiendo y dije: pues habrá que hacer ruido para espabilarle y de vez en cuando tosía o chasqueaba los dedos, ahora nos reímos pero pudimos tener un accidente, un poco irresponsable nuestro conductor.
Ya a salvo en el aeropuerto facturamos y pasamos a la zona de embarque, el vuelo salía de una terminal satélite y hay que coger un tren como en la T4 de barajas. Otro café de Starbucks a precio de oro y esperamos a que saliera nuestro vuelo.
La pista que había dado problemas estos días atrás seguía sin estar reparada, embarcamos una hora más tarde y despegamos otra hora más tarde. En el avión nos sirvieron un desayuno que la azafata nos preguntó si queríamos que fuese chino o... no le dimos tiempo a contestar, dijimos a la vez chino no, no!! Después del desayuno occidental, caímos de sueño hasta llegar a Tokio.
La llegada estaba estimada para las 12:30 pero con tanto retraso eran las 14 y seguíamos esperando las maletas. Si en Pekín no tuvimos problemas para fumar en Tokio nos encontramos con alguno que otro. Para empezar fumar en la calle está prohibido, hay zonas habilitadas en ciertos sitios pero hay barrios enteros en los que no se puede, como Akihabara, aun así la gente se esconde en un rincón para saltarse la norma y como allí donde fueres haz lo que vieres donde veíamos compañeros delincuentes fumábamos también, aunque fueron casos contados ya que hay bastantes zonas de fumadores, como por ejemplo en el aeropuerto, en la calle no se puede fumar pero dentro sí, hay zonas habilitadas hasta dentro de la zona de embarque, me recordaron a aquellos horribles smoking points que había en barajas donde la gente se apretaba por qué no cabía un alma allí y olían fatal, los de Tokio están mucho mejor preparados con mucha ventilación aun así el fumar en interiores fue chocante, como volver a la España de antes de la ley antitabaco, cosa que aun siendo fumadora agradezco, en los edificios donde se podía fumar apestaba todo a tabaco.
Como teníamos nuestras PASMO recargadas con 2000 yenes cada una, solo tuvimos que preocuparnos por hacernos con un plano de metro, en todas las estaciones hay gratuitos y ponernos rumbo al hotel. El metro de Tokio es en mi opinión sencillo una vez que estas allí, desde aquí parece caótico con tantas líneas y paradas pero está todo muy bien explicado con carteles en inglés.
El hotel era pequeñito pero muy alto, con el espacio bien aprovechado como todo allí pero claro, los occidentales somos por norma más grandes que los japoneses en todos los sentidos, a lo ancho y a lo largo y claro esa habitación se nos quedaba canija. Solo había una camita con un colchón tan duro que dormir en el suelo seguro que hubiera estado mejor y un baño tan pequeño que no podías cerrar la puerta si te sentabas en el inodoro que por cierto, si, tenia chorrito, calentaba la tapa, pedias regular la intensidad y la temperatura del chorrito, el futuro hoy vaya.
Una vez dejadas las maletas en la habitación nos fuimos a Akihabara, a solo una parada de metro de nuestra parada de referencia Kodemmacho.
Al bajar de la estación caímos en la cuenta que con la emoción del sitio nuevo aun no habíamos comido así que hicimos una comida merienda en un restaurante de ramen. Sentados en la barra, uno al lado del otro. El agua es gratis siempre y te la sirves tu mismo, el dueño del restaurante nos dijo que al fondo había arroz en una arrocera por si queríamos gratis también. Una cosa que nos pasó al pagar y nos desconcertó durante el resto del día fue que en la carta figuraba un precio y nos cobraron otro pero pensamos que igual nos había puesto la ración grande y de ahí que fuese más caro. Investigando un poco por internet gracias al goolge translator que identifica los canjis pudimos saber que allí el IVA no está incluido en muchos servicios como en restaurantes, no en todos y en las tiendas tanto de juguetes como en los supermercados, pero hasta que caímos en averiguar que al lado de los precios hay un canji que siempre es el mismo e hilar para dar con la solución nos costó una frustración el primer día que no entendíamos por que ponía un precio y nos cobraban otro.
Dimos una vuelta por las calles principales de Akihabara, probamos suerte en las maquinas de ganchos sin éxito y nos topamos con un neko café que es una cafetería donde puedes acariciar gatos al escandaloso precio de 10 euros por 15 minutos pero como no vas a ir a un neko café estando en Tokio, no hay nada mas bizarro, bueno si, Tokio es alucinante. En los edificios los negocios son distintos en cada piso, así en el primer piso hay un bar y en el tercero una peluquería, todo es a lo alto porque a lo ancho ya no caben, hay que estar atentos a los laterales del edificio que es donde pone a que se dedica cada planta. En nuestro caso el café de gatos estaba en un sexto piso. Nada más entrar una muchacha muy maja nos explico el precio, que no se puede sacar fotos al personal pero si a los gatos y nos dio unas pantuflas para cambiarnos, también gel hidroalcoholico para las manos. La experiencia igual en otro sitio está mejor, no sé si era el sitio o qué pero nos sentimos rarísimos, allí había un tipo echándose la siesta, cara siesta a 1000 yenes los 15 minutos, gente como meditando, pero todos solos, nadie estaba con algún amigo o pareja. Los gatos no te hacen ni caso, están hasta las narices de que la gente esté allí y mientras salíamos ya
que habían pasado 15 minutos sin ver casi gatos nos dimos cuenta de que los gatos están escondidos, se les veía en el hueco de la ventana o debajo de algún mueble hartitos de la gente, para no repetir.
La casualidad quiso que al ladito de nuestro hotel hubiera un seven eleven, allí fue donde descubrimos el tema del IVA ya que en grande venia el precio sin y más abajo en pequeñito el precio con. Compramos el desayuno y nos fuimos a dormir.

