La noche fue toledana, entre que el colchón estaba durísimo y que a Néstor le sentó mal algo y estuvo casi toda la noche en el baño, apenas habíamos dormido, pero el día prometía y no había tiempo que perder.
Justo a una manzana del hotel, de camino al metro, había un par de maquinas expendedoras de bebidas con agua fresca a 100 yenes, parada obligatoria de las mañanas, además como era un callejón muy discreto, lo convertimos en nuestro rincón de fumar, no estaba tan bien como el de Pekín pero que se le va a hacer!
Nuestra primera parada fue Asakusa, el templo senso-ji, lo primero que vemos y enamoradita me dejó, la calle que lleva al templo, el kaminarimon, es una calle principal llena de puestos de recuerdos y a los lados se abren calles también llenas de tiendas de una y otra cosa además de puestecitos de comida, lo que más me gusta de las ciudades, los puestos de suvenir, venden de todo, galletas, figuras, imanes para la nevera, todo tipo de recuerdos de la ciudad en tiendecitas tan pequeñas que dos personas no entran, me encantó. El templo es espectacular y como no hacía mucho frio, aun, sentarse a la sombra a ver el templo fue maravilloso, íbamos sin prisa pero sin pausa debido al estado de Néstor que era bastante regulero. Sentados a la sombra vimos que había muchas excursiones de niños de todas las edades, desde infantil, hasta adolescentes en edad de instituto, me sorprendió la absoluta disciplina que tienen; el profesor explicando cosas y los alumnos en formación escuchando, luego se sacaron unas fotos y que coordinación, un profesor decía donde se tenía que poner la clase y como si estuviera ensayado, todos sabían el lugar que ocupaban en la foto , terminaba la foto y todos en formación se apartaban y hacían cola para seguir con su excursión. Sin palabras, que educados, que disciplinados, hasta los más pequeñitos, daba gusto verlos.
A la entrada del templo puedes tener la posibilidad de conocer tu suerte; se ve donde es porque hay como unas casetas con cajoncitos y se oyen las urnas de metal al agitarlas. La cosa va así, echas una moneda de 100 yenes por la rendija, agitas el cubilete de metal y por la parte de arriba tiene un agujero como un palillero gigante, sacas un palo por el agujerillo y este tiene un canji, ahora solo hay que buscar el cajón con el mismo canji que tiene el palo, tarea nada sencilla dependiendo de cual te toque. Abres el cajón y dentro hay un papel en japonés y piensas que bien oye, no me entero de nada, pero no preocuparse, por detrás está escrito en inglés. A Néstor le salió regular fortune, como él ese día y a mi best fortune! Yuju!!


Después de la visita al templo fuimos dando un paseo hasta el Tokio skytree, daba el solecito y no estaba muy lejos, mi pobre Néstor necesitaba aire fresco. Se acercaba la hora de comer y claro, llevando al enfermito poco restaurante hoy, paramos en un lawson que es como un seven eleven y allí venden cositas calientes para comer, en plan nuggets o algo así, compre lo que yo creía que era un nugget gigante que resulto ser una especie de puré de patatas rebozado que estaba bastante bien y lo que fue el descubrimiento de mi vida, creo que lo más rico que comí en Tokio; una bolita de arroz envuelta en tofu, que cosa más rica!! Con sus verduritas, un toque agridulce. Las bolas de arroz no me llamaban mucho la atención porque están envueltas en alga nori y no me gusta nada, sabe mucho a pez, a mar, muy intenso, sin embargo esta bolita envuelta en tofu fue el descubrimiento del viaje, alerta spoiler; después de esa bolita, cayeron muchas más.
Decidimos no subir a lo alto de la torre porque teníamos pensado ir al ayuntamiento desde el que había leído que las vistas también eran impresionantes y además es gratis, buscamos la tienda de estudio Ghibli donde había un Totoro enorme, vimos el pokemon centre donde descubrimos que Pikachu tiene más ropa que yo y nos volvimos al hotel, hacia un frio horrible y mucho aire, cosa que al pachuchin no le estaba sentando nada bien.
La chaqueta the north face más falsa que un duro de madera le salvo la vida a Néstor! Como le cambió la cara dentro del calorcito de la chaqueta, se recuperó milagrosamente. Sabíamos que haría más fresco en Tokio que en Pekín, lo que no sabíamos es que pasaríamos del verano abrasador al otoño de Narnia en menos de 24 horas, yo que soy muy friolera al saber que la media era de 20 grados me lleve un plumífero pero Néstor que es muy fresco no llevo nada más que una sudadera y menos mal que nos hicimos con aquella chaqueta, creo que se me hubiese muerto por el camino de no haber sido así.
Ya con mi enfermo recuperado y más contento nos fuimos a pasar el final del día a la zona de Ueno, junto a Asakusa las dos zonas que más nos gustaron de Tokio, el barrio de Ueno además de tener la tienda de juguetes frikis mas guay a la que he entrado en mi vida, Yamashiroya, está lleno de calles con tiendas de todo tipo, rincones con mas tiendas casi laberínticas y el parque que es tan grande que tiene un lago dentro que por muchas vueltas que dimos no fuimos capaces de encontrar. Mención especial a los crepes de Ueno, más ricos no existen!
Se nos hizo bastante tarde para cenar, al menos tarde para cenar en Tokio que a las 9 ya están durmiendo casi, encontramos un restaurante de sushi en el que nos dijeron un poco a regañadientes que si podíamos cenar allí pero rapidito; el sushi de aquí es caca comparado con el de Tokio, esta buenísimo, la mayoría de piezas que tienen son, no sé como se llaman, la bolita de arroz con el pescado crudo encima, nada de rollitos raros con aguacate dentro, de eso no hay en Tokio y si comparamos precios ya... un plato con dos piezas de salmón cuesta 100 yenes que al cambio no llega al euro, igualito que en España además que el trozo de salmón es generoso, se que las comparaciones son odiosas pero cuando pienso en el sushi de allí se me cae una lagrimilla de nostalgia. Si pruebas el sushi de allí, nada vuelve a ser como antes aquí, esa es la condena XD.
Vimos que a esas horas solo quedaban borrachines en los bares, ojo a las melopeas que se agarran allí, da igual el día, a las 10 de la noche veías a más de uno haciendo eses por la calle, incluso una mañana vimos un pobre pasando una resaca malísima vomitando en el metro vestido con su traje para ir a trabajar. Paradita a por el desayuno de mañana y a pelearnos con el colchón mas duro del mundo.
