Hoy era el día en torno al cual diseñe todo el viaje por dos motivos; la visita al estudio Ghibli y pasar el día de Son Goku en Tokio, el día 9 de mayo es el día internacional de Son Goku y no podía dejar pasar la oportunidad de hacer coincidir el viaje con ese día, así de friki soy.
Nos levantamos tempranito, teníamos casi que atravesar la ciudad en metro y coger un tren que nos llevara a Mitaka, el pueblo donde está el estudio Ghibli. Las entradas salen a la venta el día 1 de cada mes para los tres meses siguientes y como es evidente, vuelan. En España solo hay un vendedor autorizado JTB, así el día 1 de febrero a las 8 de la mañana, aun no había abierto el ojo y ya estaba móvil en mano comprando las entradas para mayo por que hay que rellenar un formulario con tres posibles fechas en orden de preferencia y después ellos te contestan con la fecha final de la reserva, se pueden comprar en Tokio pero no quise arriesgar en algo tan importante y con tan pocas posibilidades de conseguir unas entradas con poca antelación.
Nada más salir de la estación de Mitaka, hay una parada de autobús que ya te indica que allí tienes que coger el bus para llegar al museo, hay autobuses tematizados pero el que cogimos a la ida era un bus normal :´(

Mi película de animación japonesa favorita es mi vecino Totoro, la vi cuando era muy pequeña y aun hoy me encanta verla, os animo a verla junto a cualquier joyita de estudio Ghibli como el viaje de Chihiro o el castillo ambulante. Estar en la puerta del museo y encontrar ese Totoro que “vende” entradas fue un sueño hecho realidad, el estudio en si no es muy grande pero hace que te sientas como en una película de Hayao Miyazaki. No se pueden tomar fotos ni videos en el interior y no adelantare nada de lo que hay dentro para que el que quiera ir lo vea sin idea de lo que va a ver, así sorprende mas.

Estuvimos en total una horita más o menos, hay una cafetería en el mismo edificio y una tienda de merchandising que pocas cosas tiene distintas a las tiendas de juguetes de Ueno por ejemplo; yo compre unos marca paginas y el manga de mi vecino Totoro en japonés claro! Detrás del museo hay un parque muy agradable en el que paramos a tomar el almuerzo que llevábamos en la mochila y nos volvimos a la estación de tren ahora si, en un bus temático!!
El plan era desviarnos un poco para ver el templo Gotokuji, el templo donde se origino la leyenda del gato que mueve el brazo, si, es japonés, no chino. El templo esta en un pueblito de ensueño, de esos que se ven precisamente en las películas de estudio Ghibli, con las vías de tren atravesando el pueblo, todo tranquilo, con sus casitas independientes y al final de una calle, el templo Gotokuji con sus cientos de figuritas de gatos blancos, el desvió mereció la pena. A la vuelta a la ciudad nos perdimos en el tren ya que a pesar de estar todo muy bien explicado cogimos sin saberlo un tren exprés que no hace todas las paradas, al bajarnos en una estación para ver que había pasado, un señor muy amable nos pregunto dónde íbamos por que nos veía mirando el mapa con cara de bobos, le señalamos la estación y nos dijo en que tren subir, sin hablar el mismo idioma que nosotros, no solo hablando se entiende la gente.

Comimos en el que es, según dicen, el mejor restaurante de ramen de Tokio, Ichiran ramen y vaya, no he probado mucho ramen pero este estaba de muerte. Lo que llama la atención del sitio es que apenas interactúas con nadie, no ves ni a los camareros ni cocineros, solo ves sus manos cuando te sirven el plato. Para pedir la comida hay que hacerlo a través de unas maquinas expendedoras, metes el dinero, pides lo que quieras pulsando en los botones y te salen tickets dependiendo de cuantas cosas pidas. Después hay que sentarse según el mapa que hay en la puerta donde se vea con luces verdes que hay sitio libre, en ese punto si nos acompaño a la mesa un empleado, una vez estas sentado tienes que rellenar una hoja con tus preferencias; si quieres los fideos más o menos hechos, picante y más detalles, esa hoja se deja en tu sitio que mira a la cocina pero está cerrado con una cortinilla, unas manos cogen el pedido y al poco te sirven tu delicioso ramen. No perdáis la oportunidad de comer allí, no solo por lo bueno que esta sino que el hecho mismo que es una experiencia.
Por la tarde estábamos especialmente cansados y el metro de Tokio es muy sencillo pero la salida a la calle a veces se hace complicada. El hecho de estar en Shibuya no garantiza que salgas por la salida más cercana al cruce, puede que salgas a un par de manzanas de allí y eso nos paso en Shinjuku; queríamos ver el Godzilla gigante que hay en un edificio y luego llegar al ayuntamiento para ver las vistas, pero por muchas vueltas que dimos fuimos incapaces de encontrar a Godzilla, luego vimos que habíamos salido muy lejos, habíamos invertido gran parte de la tarde en comprar unos mangas que me encargo mi hermano (consejo: no le digas a tu hermano mega friki que vas a Japón que te pide cosas tan raras que ni en la tienda sabían que libros estaba pidiendo)
A la frustración de la tarde se junto el hecho de que el broche del día se lo llevaría el J-WORLD, un parque de atracciones en un centro comercial dedicado a Dragon Ball, Naruto y One Piece, series con las que yo me he criado de niña y adolescente, pues bien, el parque cerró sus puertas y no tenía ni idea ya que tome la determinación unos meses antes de dejar de ver videos y leer sobre viajes allí porque si no, no me iba a sorprender nada, lo hago a menudo cuando viajo porque suelo sobre informarme, como las entradas se compraban allí sin problema me despreocupe tanto que me entere casi in situ que estaba cerrado. Terminamos el día tan tarde y tan casados que vimos un mc donald y ni buscamos alternativa para la cena. Al igual que las de Pekín, saben igual que las de España, la diferencia que la alternativa a la coca cola era bebida morada o verde, pedí la verde, al principio estaba mala pero cuanto más bebías menos mala estaba. Paradita en boxes para comprar el desayuno y a dormir.