Amanecí con la idea de pasear por el antiguo cauce del Turia hasta llegar a la ciudad de las artes y ciencias, aunque no estaba en mis planes iníciales ir al oceanográfico pensé que podía acercarme y ver si ira posible comprar una entrada allí mismo. Después de un rápido y temprano desayuno me encamine hacia mi meta pasando por la calle Ruzafa y recorriendo a continuación toda la gran vía del marqués del Turia, una amplia avenida de tres carriles de ida y otros tres de vuelta con un pasaje peatonal en medio. Al antiguo cauce se baja por unas rampas que hay cerca de los distintos puentes y recorrer lo que fue el surco del rio es como pasear por un jardín o parque.

El primer edificio con el cual me encontré fue el auditorio de Valencia: El palau de la música.

A continuación el parque Gulliver, consiste en una estructura con forma del Gulliver con toboganes para que jueguen los niños (y los mayores).

Cuando se llega a proximidad de la ciudad de las artes y las ciencias, obra del arquitecto Santiago Calatrava, lo que seria los jardines del Turia sigue hacia la izquierda mientras que el complejo arquitectónico, siendo el primero el palacio de las artes, se queda a la derecha.

El palacio de las artes Reina Sofía es el teatro de la opera de Valencia, es una construcción impresionante cuya forma me recordaba a un barco, un buque encallado en el antiguo lecho del Turia, consta de cuatro salas, adecuadas cada una para la celebración de distintos eventos: opera, ballet, conciertos, recitales, conferencias, etc.

Tras el Palacio de las artes se perfilan el Hemisférico, el museo de las ciencias, el puente de l’assut de l’or y la Agora como se aprecia en la siguiente foto.
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[align=justify]El Hemisférico, edificio que me recordaba un poco a un ojo cuenta con una cubierta ovoide de más de 100 metros de longitud, que alberga en su interior la gran esfera que constituye la sala de proyecciones de cine Imax.

El museo de la ciencia está dedicado a la ciencia y la tecnología. Dispone de varias plantas que albergan exposiciones permanentes como temporales.

El puente de l’assut de l’or, con forma de arpa, es un puente atirantado. Tras el cual se encuentra el Ágora.


Tras dejar atrás la ciudad de las artes y las ciencias llegue por fin al oceanográfico. Fue un buen paseo y fue agradable recorrer tanto el jardín del Turia como el complejo diseñado por Santiago Calatrava, además al ser espacio tan amplios se agradecía poder andar sin mascarilla lejos del tumulto que suele haber en el casco viejo. Aun no habían abierto las puertas así que me incorpore a la larga cola que ya se había creado, cuando fue la hora de apertura se progreso rápidamente y se nos dividió entre quienes ya tenía la entrada adquirida y quien tenía que comprarla, finalmente tras hacer de nuevo cola pude hacerme con la entrada sin problema junto con un plano que os dejo a continuación.


Empecé por recorrer el recinto para ubicarme con la ayuda del plano. El oceanográfico es el acuario de agua salada más grande de Europa, albergando más de 45.000 especias tanto acuáticas como reptiles y aves. Se compone de diferentes edificios, que albergan representaciones de los ecosistemas más importantes de cada uno de los mares y océanos del planeta: mediterráneo, humedales, mares templados y tropicales, océanos, Antártico, Ártico, islas y mar Rojo, además del delfinario. Impresiona mucho al principio y tienes sensación de estar perdido sin saber por dónde ir. Al comprar la entrada me fije que el espectáculo de los delfines empezaba a las 11:30 así que sin querer apurar la hora me encamine hacia el delfinario. El cual consta de 5 piscinas, una principal y 4 más pequeñas. Tras elegir mi asiento en el graderío de público, el cual tiene una gran capacidad, toco esperar el espectáculo.

Con las gradas llenas y poco de distancia entre los asistentes empezó el espectáculo, primero con una sesión de kahoot mediante la cual el público participo al concurso con sus correspondientes móviles, con preguntas para hacernos concienciar del peligro que corren nuestros mares y después con el show de los delfines. Que si bien fue entretenido tampoco me pareció espectacular.


Después de la exhibición de los delfines me acerque al acuario ártico, tocando hacer cola puesto que el aforo del interior de los acuarios está controlado, aunque eso no impide después que la gente se masifique delante de un cristal para ver un pez en particular. Se baja unas escaleras y se encuentra en una sala circular donde toda la pared es un cristal tras el cual se encuentran los peces, en el presente caso especias de los mares del norte como las Belugas. Siguiendo un túnel se llega a otro acuario donde están los pingüinos del antártico. Y abandonando el edificio se vuelve a salir a la superficie.



Toco de nuevo hacer fila para el acuario de los tiburones. Aquí son dos inmensas salas circulares conectadas entre ellas con un túnel subterráneo. Es bastante impresionante porque salvo por el suelo uno está literalmente rodeado de agua, no obstante por el tema del covid no se permitía parar a la gente. Los acuarios además de tiburones contaban con varias especias como mantarrayas que son los únicos que pude reconocer.



El acuario correspondiente al mar mediterráneo también está ubicado bajo tierra dentro de un edificio pero el resto están al aire libre; focas, cocodrilos, leones marinos, tortugas y aves. Los pequeños son los que más disfrutaban y se puede pasar perfectamente medio día o más en el oceanográfico. Yo estuve hasta la hora de almorzar y viendo las colas que se estaban perfilando en los distintos restaurante. Valore salir para comer fuera. Había detectado un centro comercial cerca y en uno de sus restaurantes comí, aunque todos los locales de restauración estaban llenos, algo normal puesto que el centro comercial se ubica muy cerca de la ciudad de las artes y ciencias.




Desde mi ubicación tras almorzar podía haberme acercado al museo de las ciencias para intentar sacar una entrada o incluso tomar el bus turístico que tiene una parada cerca de la ciudad de las artes y las ciencias, pero tras el agobio del oceanográfico con el uso obligatorio de la mascarilla en todo el recinto y el poco respecto a las distancias sociales casi me apetecía tener algo de espacio así que regrese hacia el hotel callejeando y recorriéndome casi toda la vasta avenida del reino de Valencia, en esas zonas la influencia de la gente era menor y se estaba a gusto. Paseo por el casco viejo al llegar para comprar algún souvenir y poco mas se me fue la tarde sin más complicaciones. Al día siguiente como el tren salía a las 11:15 ya no pude aprovecharlo.

Volvi muy contento de mi breve estancia, me agrado mucho lo que vi y soy consciente que me deje mucho por ver con lo cual habrá que regresar.