Hoy habríamos realizado el sendero de los Nacientes de Marcos y Cordero o bien el de Caldera de Taburiente, pero seguía vigente el cierre de la inmensa mayoría de senderos de La Palma por altas temperaturas y riesgo de incendios.
Así que tocaba improvisar de nuevo...
Como teníamos previsto visitar las playas de Fajana y Nogales por la tarde, buscamos algún sendero por la zona, apostando finalmente por uno circular hasta el pueblo de Barlovento.
Comenzamos la jornada visitando la Cascada de Los Tilos.

Dejamos el coche en un parking cercano, bastante concurrido para ser tan temprano (quizás porque era de las pocas alternativas tras el cierre de los senderos).
No es Marcos y Cordero, pero sus pequeños túneles tienen su encanto. Tras unos 10 minutos llegamos a la imponente cascada.
A las 10:45 llegamos a la Fajana. Es esencial llegar pronto, pues el aparcamiento es muy limitado. Encontramos un sitio con mucha suerte y allí dejamos el coche (volveríamos tras la ruta).
El principal atractivo de Fajana son sus piscinas naturales.
No olvidéis vuestras gafas de buceo para hacer esnórquel.

Comenzamos el sendero dirección Barlovento desde las piscinas poco antes de las 11 horas.
Ficha rápida de la ruta
• Tipo: circular
• Dificultad: media por el fuerte ascenso
• Distancia: 7, 5 km
• Duración: 2:40
• Ascenso total: 552 m
• Descenso total: 563 m
• Altura mínima: 0 (nivel del mar)
• Altura máxima: 514 m
• Señalización: prácticamente inexistente en el comienzo del sendero
El código del sendero es el SL-LP 41, según indica un cartel que nos recuerda que Barlovento queda a 3,8 km de pura subida.
El primer tramo comparte "calzada" con los coches, a través de la carretera que llega a Fajana.
Buscando una especie de pequeña casetilla o transformador de electricidad, seguiremos rectos muy atentos de una señalización “Barlovento / Fuente de la Fajana”. Esta será la última indicación que encontraremos, desafortunadamente.
Esta situación hará que sea algo complicado seguir el camino, teniendo que tirar de lógica, mapa GPS e intuición para moverse por la roca volcánica, entre cactus y chumberas.
En este punto, marcado en Google Maps como “Sendero Barlovento-La Fajana” conectamos con una carretera usada casi exclusivamente por agricultores para acceder a las sus plantaciones de plataneras (Camino de Los Aguilares).

Podemos asegurar que éramos los únicos “locos” haciendo ese sendero. Los palmeros nos miraban con cara un tanto extrañada…
Poco antes de las 12 horas pasaremos por unos viñedos de una casa con la facha pintada de color verde.
El sendero era exageradamente empinado, pero fácil de seguir por estar plenamente asfaltado. Un poco monótono y sin pérdida, pero con un entorno precioso.
Llegamos al cruce con la carretera LP-1 a las 12:20, quedando “sólo” por delante una empinada cuesta empedrada para llegar, oficialmente, a Barlovento.
Hacía mucho calor, así que paramos en un pequeño supermercado para comprar unos refrescos (habíamos bebido bastante para aguantar la dura subida).

La vuelta la hicimos por otro camino, gracias a una ruta de Wikiloc que encontramos como referencia. Ésta sería mucho más bonita que la ida.
Junto al supermercado encontramos la señal que nos dirigía hacia la Fuente del Llano, que estaba muy cerca. Y por suerte, perfectamente señalizada. Bastaba con seguir las indicaciones hacia Fajana (postes de color verde y blanco).
Nos esperaba un camino/carretera (camino de Las Paredes) entre casas rurales (Casa Rural Los Dragos y Casa Las Paredes, entre otras) , compartiendo sendero con chumberas, cactus, vides, hortensias, higueras y cultivos en terrazos.
Llegamos a un pequeño altar, Cruz de Madril, donde hay unos antiguos lavaderos que se pueden visitar.
Llegamos a una densa masa de plataneras, donde dimos con un simpático palmero con muchas ganas de hablar, jejeje.
Continuamos esta sinuosa ruta hasta llegar al Camino de la Hoya (sobre las 13:30).
A las 14 horas ya estábamos en el coche poniéndonos el bañador, dando ya por terminada, en parte, la jornada de senderismo.
La piscina natural estaba bastante concurrida, habiendo poco espacio donde dejar toallas y enseres.
El acceso es libre y gratuito, estando supervisado el baño por un socorrista un tanto pasota…
El único requerimiento es pasar sin ningún tipo de objeto ni mochila, siendo imprescindibles unas buenas chanclas para evitar resbalones.
La piscina se llena (y recicla) constantemente con agua del bravío océano, por lo que hay muchos peces fácilmente visibles sin gafas, gracias a la extrema limpieza y transparencia del agua.
Hay tres piscinas “perimetradas” a diferentes alturas, y un acceso a una piscina algo más salvaje y peligrosa, rodeada de rocas.
Nuestra siguiente parada sería el Charco Azul y sus piscinas naturales, a menos de 20 minutos en coche de Fajana.
Viendo la hora, buscamos un restaurante cercano para almorzar. Mucha espera (la zona estaba abarrotada de gente), pero mereció la pena el buen homenaje que nos dimos.
El Charco Azul es una "evolución" de las piscinas de La Fajana, con zonas más salvajes.

Dentro del recinto, en la parte izquierda hay una piscina amplia con agua puramente turquesa, separada del océano por unos pivotes de hormigón a modo de almenas
.
En la derecha hay una piscina artificial o convencional para niños y un camino de piedras que da a la piscina más espectacular, con una pequeña cascada y una olla algo más pequeña, pero donde entran con bastante fuerza las olas.
Tanto es así que no es difícil encontrar peces grandes e incluso algún pulpo despistado (literal).
Hay una pequeña escalera para acceder al océano abierto, pero no es nada aconsejable por el peligroso e intenso oleaje. Algún valiente salió a nadar, pero hay que tener mucho cuidado.
Incluso dentro de la propia piscina, a pesar de estar debidamente perimetrada por las propias rocas del acantilado, hay que tener muchísima precaución. Las olas pueden arrastrarte fácilmente hacia fuera y hacerte daño.
En estas piscinas hay varios socorristas, que suelen estar algo más atentos que en las de Fajana, aunque dejando al personal total libertad.
Dimos una vuelta por los acantilados de los alrededores y seguimos con el planning original para llegar en unos 20 minutos a la Playa de Nogales último destino de la jornada.
Un bonito sendero de unos 600 m en pleno acantilado, que en apenas 13 minutos nos llevará hasta una espectacular playa frecuentada especialmente por surferos.
Nada más comenzar el bonito camino un cartel nos advierte de las peligrosas corrientes fruto del intenso oleaje, aconsejando no abandonar la orilla. Es una playa virgen y salvaje, sin supervisión ni socorristas.

Un lugar ideal para un divertido baño (ojo con las olas) y relajarse viendo la puesta de sol.