Nos despierta tempranito (5’15 h) una fortísima tormenta con truenos y relámpagos a mogollón. Aún así el sueño fue reparador, pero nos tememos que la lluvia vaya a aguarnos el viaje (nunca mejor dicho), y eso que habíamos elegido cuidadosamente la fecha, para evitar la estación lluviosa. Bueno, es igual, ya veremos a ver que pasa. A decir verdad nosotros solemos tener bastante buena suerte con el tiempo en los viajes, así que vamos a confiar en que no se rompa la tradición.
Desayunamos rápidamente porque a pesar del madrugón se nos hizo un poco tarde. Yo me pedí una tortilla que estaba realmente buena y unas tostadas con mantequilla y mermelada. A las 7’15 salimos con rumbo a Kampala. La idea era atravesar la ciudad sin que nos pillara uno de los atascos monumentales que se forman en esta enorme y caótica ciudad de 2.5 millones de habitantes sin apenas semáforos o carreteras asfaltadas. Lo conseguimos solo parcialmente y estuvimos algo menos de 2 horas para salir de la ciudad, tras haber llenado a tope los dos depósitos de gasoil del robusto Land Cruiser.
Nuestra primera etapa nos llevaría en primer lugar hasta la ciudad de Masindi por una carretera razonablemente buena, por lo que tras recorrer unos 260 kilómetros del tirón llegamos sobre las 12.30. Paramos en un restaurante con un patio muy agradable donde tomamos el almuerzo. Nos pedimos un guiso de carne acompañado de pan Chapati (una especie de pan aplanado algo hojaldrado muy bueno). Aquí en Uganda las raciones son algo escasas, en particular cuando de carne o pescado se trata, por lo que no quedaron ni las migajas en los platos.

Salimos de Masindi para entrar en la desviación hacia el Parque Nacional de Murchison Falls. Aquí ya dejamos atrás la confortable carretera asfaltada y se convirtió en un barrizal por la lluvia de la noche anterior. Precisamente debido a esto, cuando llevábamos recorridas unas 2 horas y ya en medio de una espesa vegetación tuvimos que detenernos a socorrer a un grupo de turistas indios cuyo todoterreno se había quedado completamente atascado en el barro. Richard, nuestro conductor, demostró ser un auténtico especialista y tras varios intentos de y unos cuantos empujones (y salpicaduras de barro) por nuestra parte, por fin conseguimos sacarlo, con gran alborozo por parte de los turistas que ya se veían pasando la noche a la intemperie.
De allí nos fuimos a las cataratas Murchison. Son un auténtico espectáculo de la naturaleza, ya que todo el caudal del río Nilo se ve obligado a pasar por una catarata de tan solo 8 metros de ancho. Sobrecoge la potencia del agua y la ausencia de vallado o protección alguna. El Nilo vierte tumultuosamente unos 300.000 litros de agua por segundo por una caída de 45 metros al lago Albert. Allí estuvimos un buen rato sacando fotos y extasiándonos con la fuerza de la naturaleza ante nuestros ojos.

Ya después de allí debíamos dirigirnos hacia el Lodge ya que Richard quería que llegáramos de día. A este lado del Nilo no hay demasiada fauna, pero aún así vimos algunos antílopes, bastantes babuinos, jabalíes y a una familia de búfalos. Bueno no era exactamente una familia, ya que son lo que Richard denominó una manada de loosers, es decir de machos que han sido desplazados de sus respectivas manadas por otros machos más jóvenes y acaban juntándose en una manada de perdedores. Estaban rebozándose en una charca de barro para protegerse de las picaduras de las molestas moscas tse-tse, que ya se estaban haciendo notar en nuestros cuellos y cabezas también (igual sería conveniente que nosotros nos diéramos también un revolconcito en el barro).

Por fin llegamos al Nile Safari Lodge. Es una instalación muy bonita formada por bungalows en medio del bosque, todos orientados al río. Cuentan con una terracita desde donde observar a los cocodrilos (que los hay a montones), los hipopótamos (que no se quedan atrás en número), infinidad de pájaros y, al caer el sol, montones de murciélagos.
También es precioso escuchar la variedad de sonidos de la selva que entran por todos los lados, dado que el bungalow no tiene cristales, sólo mosquiteras. El Lodge intenta ser respetuoso con el medio ambiente. Por este motivo, cada bungalow está provisto de paneles solares. La iluminación es lógicamente escasa, pero suficiente. Tienen generadores de corriente que ponen en funcionamiento unas cuantas horas al día. El baño está muy bien con agua tomada directamente del río (prohibido beberla) para el lavabo y el inodoro. y la ducha es exterior (aunque se accede desde el baño) y sin techo porque el sistema es mediante cubos de agua hervida que te vierten a la hora que tu la pidas. Hay que ser rápido porque sólo dispones de unos 30 litros por pareja, pero es suficiente.
Tras la reconfortante ducha nos sentamos a ver atardecer en la terracita y yo a escribir estas líneas y Marimar a contar los cocodrilos que bajan por el río mirando por los prismáticos. Tuve que interrumpir lo que estaba escribiendo porque Marimar localizó una serpiente de tamaño considerable balanceándose en una rama justo al lado de su cabeza (bueno, a unos 2 metros, pero para los efectos, al lado). Muy valientes ambos nos pusimos de un salto justo en la otra esquina donde estuvimos esperando pacientemente a que se fuera. Como no daba señales de estar a disgusto en su rama y ante la perspectiva de quedarnos con dos tontos allí en la terraza, pues nada…. Valor y ¡al toro!, a pasar de puntillas por al lado suyo para poder entrar en la habitación. Comentándolo luego con Richard nos dijo que probablemente fuera una mamba verde o una mamba negra (supervenenosas ambas), que son las serpientes que tienen por allí… ¡pues vaya!

Y ese fue solo el primer susto de la noche. Cenamos una sopa de brócoli , un plato vegetariano que estaba muy rico y tarta de fruta de la pasión, y luego nos sentamos al lado del fuego a disfrutar de los bailes de un grupo de niñas perteneciente a una comunidad local cercana, cuando de repente aterrizó sobre mi camiseta un híbrido entre cucaracha y escarabajo, de unos 12 centímetros y bastantes gramos de peso. Con una inusual sangre fría me levanté y me sacudí y el susodicho voló… hacia mi pantalón… ¡me había tomado cariño! Las niñas se reían de mi mientras seguían bailando. Tanto cariño me debió tomar el bicho que cuando 1 hora mas tarde nos fuimos a dormir se vino conmigo a la cabaña, o si no era el mismo, había otro igualito posado sobre la cortina. La verdad es que el bicho era tan grande que le tomas hasta cariño, con aquellos ojitos ¿y si nos lo quedáramos como mascota? Decidimos no hacerlo. Cogí una toalla y lo envolví para sacarlo fuera, con la serpiente, ala.
La noche fue de lo más sonora: los murciélagos revoloteando sobre el techo arman un considerable escándalo. Además están los ronquidos de los hipopótamos, el croar de las ranas y sapos, y el cri-cri de miles de insectos. Aún así dormimos de “escándalo”.