Nos levantamos a las 5.30, desayunamos y a las 6.30 salimos para llegar antes de las 7, hora en la que tomaríamos un trasbordador que nos cruzaría a la otra orilla del Nilo. Este es el único punto del Parque Nacional en el que se puede cruzar el río, por lo que se concentra bastante gente. Aquí en Uganda las carreteras por las que circulan los camiones de mercancías suelen atravesar los Parques Nacionales, porque sino su gran extensión los obligaría a dar un enorme rodeo. Por esto había aquí 4 ó 5 todoterrenos de turistas pero también algunos camiones y matatus que usarían el transbordador de las 7.

Dedicamos la mañana a recorrer el parque en safari fotográfico en el coche. Murchison Falls nos sorprendió gratamente por la cantidad de animales que vimos. A media mañana, para darle un poco de emoción al safari, tuvimos un pequeño enfrentamiento con un elefante macho que caminaba de frente hacia el coche sin intención alguna de apartarse. Richard se puso tenso. El rager que nos acompañaba le enseñó varias veces el rifle AK47 que llevaba por la ventana del coche, haciendo ruido con la culata, e incluso hizo gesto de , mientras Richard hacía todo el ruido que podía con el motor del Land Cruiser, pero el elefante parecía bastante mosqueado y cada vez con más pinta de tener intención de cargar contra el coche. Finalmente se apartó de la pista, pero se quedó escondido tras unos arbustos, por lo que Richard estuvo dudando si avanzar o no, no fuera a ser que envistiera lateralmente al coche. Al final se decidió a pasar a toda velocidad. Richard dice que tiene catado a ese elefante y que está “crazy” (literalmente dijo que hay “algo que no funciona bien en su cabeza”) y que siempre va por las pistas buscando “pelea” con los coches. Le preguntamos al ranger que si hubiera sido capaz de dispararles. Nada nos hubiera disgustado más que por nuestra culpa un animal tan bello resultara perjudicado. Nos dijo que ellos están entrenados para mantener la sangre fría ante posibles ataques de animales y que el protocolo es primero amenazar, después disparar al aire, y en caso extremo dispararle al animal pero siempre evitando dañar órganos vitales (dispararle a una pata, por ejemplo). Luego lógicamente tendrían que dar parte y avisar a los servicios veterinarios del UWA. Nos quedamos más tranquilos.

Vimos bastantes animales durante la mañana, y tras 4 o 5 horas de safari volvimos al punto inicial para volver a coger el trasbordador y regresar a “nuestra” orilla del Nilo.
Algunas bonitas instantáneas de los animales que vimos esta mañana en Murchison:




Allí, mientras esperábamos, estuvimos acompañados por una enorme familia de babuinos, otra de facoceros, algunos antílopes, … pasando como si tal cosa por al lado nuestro. Marimar estaba encantada, rodeada de babuinos, hasta que llegó el momento que eran tantos que nos sentimos un poco intimidados y nos levantamos para acercarnos adonde hubiera más gente. En esta zona hay que estar siempre alerta a la presencia de hipopótamos que hayan salido a pastar, ya que estos animalitos de 3.5 toneladas pueden ser realmente agresivo si te interpones en su camino.



Finalmente cogimos el trasbordador y nos fuimos al Red Chilli Rest Cam a tomar nuestro lunch box, con una fresquita cerveza Nile que compramos allí y ¿cómo no? Más fauna para deleitarnos. Un enorme facocero estaba durmiendo a un par de metros escasos de donde nos encontrábamos.

Después de comer y de asombrarnos con mil detalles de los que hacen de África un continente misterioso y fascinante, nos dirigimos de nuevo al embarcadero para una excursión en bote de 3 horas hasta la base de las cataratas Murchison. El recorrido lo hicimos acompañados de un grupo de turistas ugandeses y fue fascinante la cantidad de hipopótamos que vimos por las orillas. Son tantas las historias negras que circulan sobre estos gigantescos animales que andábamos algo preocupados, sobre todo después de que uno saltara completamente fuera del agua justo al lado de Marimar, amenazándonos porque había crías cerca, y otro nadara a toda velocidad hacia la frágil embarcación con el mismo propósito ¡¡¡Toda una experiencia!!!


La verdad es que no sería nada recomendable caer al agua donde varias decenas de cocodrilos del Nilo, de más de 3 metros de longitud, sería los que más se alegrarían. El guía, muy simpático y parlanchín, iba contando historias (a nuestro parecer un pelín exageradas) sobre la peligrosidad de los animalitos del lugar. Nos contó, por ejemplo, cuando un hipo entró en su casa y el tuvo que salir huyendo por la ventan, o la historia de un ranger al que se le escapó el bote hacia el centro del río, y cuando fue a por ella lo devoró un cocodrilo y lo único que recuperaron fueron sus pulmones que aparecieron flotando río abajo… en fin, historias para no dormir. Finalmente el día transcurrió sin mayores incidentes pero con un montón de bonitas imágenes grabadas en la retina.
Tras una cena muy agradable acompañada por otra Nile Special (he decidido que es mi favorita de las 3 marcas que hay en el país: Tusker – diferente de la de Tanzania -, Club – muy flojita y aguada -, y la Nile, deliciosa). Estuvimos un ratito charlando con Richard sobre chimpancés y gorilas, las estrellas de este viaje, y nos retiramos pronto a la habitación a leer un rato acompañados de una dislocada sinfonía de rana e insectos varios.

Marimar, con su especial habilidad para localizar animales, me llama para que vea a un precioso colobo negro y blanco que se dispuso a pasar la noche durmiendo plácidamente en una rama del árbol justo delante de nuestra terraza. Decidimos imitarle pronto porque mañana nos espera un duro día de coche por carreteras en muy mal estado, según nos cuenta Richard.