Bajamos al desayuno, incluido en el precio, y comprobamos con agrado que es bastante variado, así que nos ponemos morados y nos vamos dando un paseo a coger el tranvía 2 a Central Station en Concertgebouw, la imponente sala de conciertos:


para bajarnos en la parada cercana al Mercado de las Flores, la de la Plaza del rey, Koningsplein, desde donde nos vamos dando un paseo en esta soleada mañana, por las bonitas plazas de Amsterdam.




Caminamos sin prisa, descubriendo lugares nuevos, viendo los canales y acercándonos hasta el beguinario, ese lugar donde se retiraban las religiosas laicas para vivir en comunidad, aisladas del resto:




Vemos la estatua ecuestre de la Reina Guillermina y seguimos tranquilamente hacia al famoso mercado de las flores, entrando en tiendas de souvenirs que nos vamos encontrando por el camino. Por supuesto hay marihuana por todas partes, que aquí es legal, y el inconfundible olor te llega en cualquier momento y lugar.


Me desvío un momento para ver la Zuiderkerk, pintada por Monet en un par de ocasiones, con su característica torre y reloj:



Pasamos por el Aluminium Bridge, con esa belleza industrial de los puentes que se abren al paso de los barcos:


Vemos más “casas danzantes” y llegamos al Mercado, precedido por la Torre con un reloj y un carrillón que formó parte de la muralla de la ciudad y se reconstruyó en 1620, donde puedes comprar tooodo tipo de tulipanes, de cualquier color y tamaño, también de madera, pintados, como souvenir:





Nuevamente, mientras Olga va revisando los puestos, yo me acerco a ver la Rembrandtplein, con la estatua más antigua de la ciudad, en homenaje al gran Rembrandt van Rijn:


Nos reunimos y descansamos tomando un café en un bar del mercado de las flores, el cielo se ha cubierto un poco pero no llueve y aun sale el sol de vez en cuando. Tras el descanso nos vamos dirección al hotel dando un paseo.



Las vistas son ciertamente bonitas

Olga se pilla unas patatas fritas por 5€® (+1€ con mayonesa, que aquí todo se paga)




La Exposición del año es ampliamente anunciada en los carteles del museo.


Tras descansar un poco en el hotel, estamos cansados, nos vamos al estupendo Museo Van Gogh, que había leído que no dejaban hacer fotos, pero mira tu por donde todo el mundo hacia fotos, así que nos hicimos con los cuadros más famosos.



La famosa habitación de Arlés, autorretratos de Van Gogh, los comedores de patatas y muchas otras obras de arte impresionantes, un museo más que recomendable.






Una hora y pico después salimos del museo tras haber disfrutado de los colores tan vitales de Van Gogh, y esos colores terrosos de su primera etapa como Los comedores de patatas, yendo al hotel, que está al lado, lo cual es una maravilla, y poder descansar para salir más tarde al oscurecer a dar otra vuelta (spoiler: ni de coña

Nos tiramos en la cama y estamos molidos, la verdad que no nos vemos capaces de volver a salir, entre el frío y las piernas molidas, además mi mujer se queda frita