Vuelo y llegada a Bucarest.
Los vuelos fueron con la compañía rumana Tarom (código compartido con Air Europa), incluía maleta facturada de 23 kilos máximo y 10 de equipaje en cabina. A la ida, salió puntual, a las 12:15 desde Barajas. La duración del vuelo ronda las tres horas y cuarenta minutos. Desde la ventanilla del avión pude vislumbrar unas primeras y atractivas imágenes del país, ya en las proximidades de Bucarest. La tarde era muy soleada y en la capital rumana la temperatura superaba los treinta grados. Habíamos salido de Madrid con lluvia y dieciocho grados.




Sin ninguna incidencia, aterrizamos en Bucarest sobre las cinco y media. Tras recoger el equipaje facturado y pasar el control de documentación, nos recibió un guía local, que fue con nuestro grupo durante todo el recorrido por Rumanía y de quien hablaré largo y tendido a lo largo de este diario, pues realmente se ganó el sueldo y se lo merece. Aparte, llevábamos un guía acompañante desde Madrid para cuestiones puramente logísticas.
Aeropuerto internacional de Bucarest (Otopeni).


El Aeropuerto Internacional de Bucarest–Henri Coandà está situado en Otopeni, a unos 17 kilómetros del Parlamento de Bucarest, cerca del cual se encontraba nuestro hotel, Continental Forum, un buen establecimiento de cuatro estrellas.
Habitación del hotel (para mí sola) y vistas desde los ascensores.

Nos pilló la hora punta y un atasco tremendo. Tardamos casi una hora en llegar. Por el camino, nuestro guía rumano nos empezó a ofrecer todo tipo de explicaciones mientras recorríamos algunos de los lugares más interesantes de la capital rumana, pero prefiero dejar todo lo concerniente a Bucarest para la última etapa del recorrido.


Unos pocos datos sobre Rumanía.
Nuestro guía calificó con mucho acierto su país como una lágrima latina en medio de territorios eslavos, pues, además de con Moldavia, tiene frontera con Serbia, Hungría, Ucrania y Bulgaria y cuenta con 225 kilómetros de costa en el Mar Negro. Con una superficie de 238.397 kilómetros cuadrados, su población se acerca a los veinte millones de habitantes, si bien, tras la caída del régimen de Ceausescu, cuando pudieron hacerlo, casi cinco millones de personas emigraron al extranjero para ganarse el sustento. Forma parte de la OTAN desde 2004 y entró en la Unión Europea en 2007, aunque no ha accedido al Euro.



Se conocen asentamientos humanos en la región desde el Paleolítico y las primeras referencias escritas proceden de Herodoto, en el 513 a.C. Eran las tierras de los dacios antes de que el emperador Trajano las conquistara para los romanos, cuya dominación duró apenas 175 años, aunque el legado latino se conservó a lo largo de los siglos. Tras el paso de godos, hunos y tártaros, los húngaros se establecieron en Transilvania en el siglo XIII, y su rey Bala IV mediante beneficios fiscales persuadió a los sajones alemanes para instalarse en las antiguas tierras de los romanos, por entonces casi deshabitadas, y colaborar en su defensa frente a los turcos.

De este modo se fundaron las siete ciudades medievales que se conservan hoy en día: Brasov, Sibiu, Sighisoara, Bistrita, Sebes, Medias y Cluj-Napoca. En el siglo XIV se conformó Valaquia como principado, al que siguió Moldavia. Los siglos siguientes fueron de luchas contra el Imperio Otomano, del que se convirtieron en territorios vasallos, aunque mantuvieron cierto grado de independencia mediante el pago de tributos.


En 1859, la unión de Valaquia y Moldavia dio origen a la actual Rumanía bajo el mando de Alexandru Ioan Cuza, que fue derrocado en 1866, siendo elegido para el cargo el príncipe alemán Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen. En 1877 se reconoció la independencia del país del Imperio Otomano y en 1881 se coronó a Carlos I como primer rey de Rumanía, si bien hubo que esperar hasta el final de la I Guerra Mundial para que se produjese la integración de Transilvania, que hasta entonces había pertenecido al Imperio Austrohúngaro.

Y, solo quedaba esperar al día siguiente, en que comenzaba el recorrido de verdad