Ya con nuestras flamantes bicis, empezamos camino los cuatro, a lo Verano Azul, por un carretera muy bien asfaltada. Son diez kilómetros,hasta el parque nacional, y vas pasando por diferentes playas, en las que puedes hacer paradas.




Hasta el primer y más famoso mirador, el camino está bueno pero a partir de ahí....ohhhh my God, un barrizal, encima con todo lo que había llovido...y mucho cuidado con las raíces de los árboles.

Pero ahí, entre charla, risas y cervezas, se nos echó casi la noche, y teníamos que dejar las bicis a las 18:00. Así que a toda hostia los 10 kms, sin poder parar en ninguna playa. Cuidado con poner el móvil en el cesto, salen volando en los varios resaltos que hay en la carretera glups.
Llegamos a las 18:10 y sin problema. Nos duchamos y esa noche si que tocaba guateque, que era viernes.
Nos vimos una actualización de reggae en vivo que estuvo de pm, eso sí, la atmósfera era marihuanera total, allí no había cabida para el oxígeno puro.
La verdad, que es un lugar muy dirigido al turismo de fiesta. Es más fácil comprar cocaína o cualquier droga, que una barra de pan. Yo no sé qué tendré, pero me ofrecen por todos lados. Pero bueno, con decir que no, nadie insiste.
Al final, entre tanta fiesta y tanto rastafari, perdimos a Mario. Yo no me había llevado el móvil, así que imposible contactar con él. Cuando los tres nos íbamos para el hostal, preocupados porque Mario no podía pasar,ya que yo tenía las llaves, nos metimos sin querer en una discoteca que era la caña, y se me olvidó el Mario...
Ya cuando llegué al hostal, no sé cómo, pero había podido entrar a la habitación y estaba durmiendo como un angelito,.no me costó ni un minuto, estar como él.
A la mañana siguiente, bien temprano y un poco mareao, agarramos mochilas y nos vamos para el bus, nuestra aventura en Costa Rica ha terminado, ahora para Panamá, pero esa ya es otra historia.
