Aunque el caballo me ha hecho levantarme un par de veces, para comprobar que era el caballito el que hacía ruido, he dormido bastante bien. Además, la temperatura ha sido perfecta; es la primera vez que no se me ha condensado la tienda, y con el saco sábana que llevo, perfecto. Yo creo que el tema de la tienda lo tengo optimizado a la perfección.
Me he despertado antes del amanecer para recoger todo. Recogiendo la tienda, ha venido una racha grande de viento justo cuando he quitado la primera pica y se me ha partido la única varilla que monta la tienda. Como soy precavido, me traje repuesto para arreglarla. El tubo que llevo creo que está hecho para cortarlo y que salgan dos. De momento, le he puesto el tubo entero y, si me vuelve a dar problemas, ya veré. Espero que no me dé más problema que ese.
En un momento tenía todo recogido y me he ido al volcán a ver el amanecer mientras me como un bollycao. El amanecer tampoco es que haya sido algo excepcional. Está bonito porque le da al volcán la luz perfecta, pero las vistas tampoco son de tirar para atrás. Ya amanecido, camino para abajo. La bajada ha sido rápida; en poco más de dos horas estaba en la carretera. En la bajada me he cruzado con un grupo de loritos muy escandalosos y varios grupos de urracas cariblancas, que son aún más escandalosos que los loros. El último tramo de la bajada lo he hecho con un hombre a caballo que me ha estado preguntando cuánto gano en España y cuánto cuesta vivir. Al hombre le parecía una barbaridad tanto lo que podía ganar como lo que vale un alquiler.
Ya en la carretera, el bus ha pasado rápido. Me ha tocado ir de pie, incomodísimo, pero al menos ha sido corto. Al llegar a León, lo primero que he hecho ha sido comprar agua. He bajado un poco deshidratado. Me he bebido un litro y medio de agua de trago, dos Coca-Colas y un café, y no he hecho pis aún así en tres horas. Con el calor que hace, tendría que haber subido con cinco litros de agua al menos.
Después de hincharme a beber, me he ido a desayunar como un rey. Huevos revueltos con dos trozos de bacon, tres tortitas con miel y un bol de frutas bien grande con Coca-Cola y café. Cuando pasas un poco de penuria, coges estos caprichos con ansia. Encima, me ha costado cinco euros, este bar es un trozo del paraíso en la tierra.
Después del desayuno, me he ido al alojamiento a recoger la mochila que dejé y he estado haciendo tiempo hasta las 12. Hoy quiero ir hasta Somoto para conocer el famoso cañón.
El viaje a Somoto me creía que iba a ser poco y ha sido una pequeña tortura al final. De León he cogido un chiken bus bus hasta Estelí. Tres horas y media sentado en la rueda de repuesto con una bici infantil rosa entre las piernas y un nicaragüense dormido encima de mi mochila. Lo peor es que han sido tres hora y media con villancicos todo el rato. "El burrito sabanero" en bucle.
Luego, de Estelí a Somoto han sido otras dos horas. El bus que se coge en Esteli es un sálvese quién pueda. La gente se agolpa y cuando abren las puertas entran a empujones para coger sitio, no se ni como he pillado sitio, la escena parecía propia de la India. El banco donde me he sentado, sumamente incómodo. Ha resultado peor que la rueda de repuesto. He llegado a Somoto y, gracias a Dios, el hombre del alojamiento me estaba esperando en la estación para llevarme al alojamiento que estaba a 15 km. Me ha venido a buscar gratis y eso que vale 7 € la habitación. De lujo.
He llegado a las 18:30 bastante hecho polvo. Me he pegado una ducha fría, porque no hay otra forma, y he cenado con dos chavales ingleses que viven en las Islas Caimán y trabajan allí de profesores de español. Después de la cena, un rato de hamaca y fin del día.