El segundo dia lo dedicamos a la zona occidental de la región cátara. Tras comentar con Jo la cantidad de escenarios vistos el día anterior y volviendo a devorar el delicioso desayuno que nos ofreció, salimos hacia Quillan donde tomamos la D117 hasta Puivert (donde también se asomaban las ruinas de otro enorme castillo cátaro, aunque esta vez no nos desviamos) y de ahí por la D16 hasta Mirepoix, un pueblo de dibujos animados.
Mirepoix conserva todo su encanto medieval perfectamente conservado, con un tramo de muralla y una puerta de acceso imponente. Recorriendo la callezuela tras la portada se llega a la Plaza de los Porches, literalmente sacada de un libro de cuentos, con sus casas porticadas de madera pintadas en llamativos colores y decoradas con ornamentos vegetales y animales muy graciosos, especialmente las viguetas de la Casa de los Cónsules. En los porches, multitud de tiendas tradicionales de alimentación, souvenirs, …
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Mirepoix conserva todo su encanto medieval perfectamente conservado, con un tramo de muralla y una puerta de acceso imponente. Recorriendo la callezuela tras la portada se llega a la Plaza de los Porches, literalmente sacada de un libro de cuentos, con sus casas porticadas de madera pintadas en llamativos colores y decoradas con ornamentos vegetales y animales muy graciosos, especialmente las viguetas de la Casa de los Cónsules. En los porches, multitud de tiendas tradicionales de alimentación, souvenirs, …
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Casa de los Cónsules en Mirepoix
Gran reducto de cátaros, es en Mirepoix donde se reunieron más de 600 cátaros para aprobar la defensa a ultranza del último reducto cátaro: Montsegur. Cuando la ciudad fue asediada, la mayoría de los cátaros ya habían huido a Montsegur.

Fachadas de Mirepoix
En un lateral de la plaza se alza la majestuosa catedral de Mirepoix, monumento nacional de Francia. De una única nave con arcos de diafragma, según la guía, es la iglesia más ancha del país, con más de 21 metros de ancho

Catedral de Mirepoix
La ruta del día nos deparaba comer en la ciudad de Castelnaudary, uno de los focos cátaros más importantes y capital mundial del cassoulet, la versión francesa de nuestra tradicional fabada.
Lo que más nos gustó es el ambiente alrededor del Grand Bassin, una laguna natural del Canal du Midi que atraviesa la ciudad, desde donde se obtiene la mejor panorámica de la ciudad. A destacar que este lugar está considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
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El Grand Bassin con la Colegiata de Castelnaudary al fondo
Dimos una vuelta por el centro de la ciudad alrededor la colegiata, pero no nos decidimos a comer aquí ya que queríamos llegar pronto a nuestro próximo destino: Toulouse, por lo que compramos pan y embutido en un supermercado y, siguiendo la D813 paralela al Canal du Midi, nos detuvimos en el pueblo de Avignonet, lugar de una de las últimas masacres cátaras, para tomarnos nuestros bocatas en un merendero cercano a la iglesia de Notre-Dame.
Finalmente, poco más de las tres de la tarde estábamos en la cuarta ciudad de Francia: Toulouse. El motivo principal de la visita era tener un primer acercamiento a la ciudad y conocer una de las obras maestras de la arquitectura románica: la basílica de Saint-Sernin, sede de muchos debates entre los cruzados para decidir cómo detener la herejía cátara. Personalmente, me hubiera gustado tener más tiempo para poder visitar la fábrica de Airbus, pero otra vez será.
Toulouse no nos defraudó, nos gustó, y mucho. Aparcamos en un parking del Boulevard Carnot que nos dejaba cerca de la principal plaza de la ciudad, el Capitole o sede del ayuntamiento de Toulouse. Antes nos desviamos a la oficina de turismo en la plaza Wilson para hacernos con un mapa de la ciudad.

Place du Capitole en Toulouse
Haciendo honor a su apodo de ciudad rosa, los edificios que circundan el Capitole se caracterizan por construcciones de ladrillo que le dan ese color característico.
Perfectamente indicado, por la Rue Taur nos dirigimos hacia Saint-Sernin, no sin antes caer en la tentación de un magnífico gofre casero de chocolate de una de las abundantes creperies y puestos ambulantes de esta calle.
Mientras avanzamos por esta calle, ya se intuía el majestuoso cimborrio de la basílica

Por la Rue Taur en Toulouse
Saint-Sernin, que nos sorprendió por ser totalmente gratis, es un edificio impresionante: uno de los centros de peregrinación medievales más importantes, tanto o más que la catedral de Santiago de Compostela. Pero, a diferencia de esta que está modificada con muchos otros estilos, Saint-Sernin conserva todo su ambiente románico tanto exterior como interior. Exteriormente, la combinación de ladrillo rojo con piedra blanca es magnífica y el interior no se queda atrás

Lateral del alzado de Saint Sernin de Toulouse

Interior de Saint Sernin de Toulouse
Tras esta visita, nos dedicamos a vagabundear por las calles del centro de Toulouse, topándonos con el Convento de los Jacobinos, espectacular templo de una sola nave con columnas centrales enormes que dan lugar a bóvedas en forma de palmera muy originales. La verdad, una iglesia muy “rara” que no dejaba indiferente a nadie.

Interior de la Iglesia de los Jacobinos de Toulouse
Volvimos a la plaza Capitole y nos dirigimos a las calles más comerciales del centro peatonal tolosano alrededor de esta plaza. La cantidad de tiendas, restaurantes, cafés es tremenda y es imposible no caer en la tentación alguna vez.
Caminando caminando nos dirigimos a la ribera del río Garona, conretamente a un pequeño embarcadero que hay al lado del Pont Neuf, donde había un ambiente juvenil genial, derivado de las numerosasa y buenas universidades que la ciudad posee.

Río Garona a su paso por Toulouse
Volviendo por la zona del centro hacia el Capitole, caímos en dos de las anteriores tentaciones : una tienda de golosinas artesanales donde compramos unas gominolas de regaliz y, como el hambre apretaba, en un café donde devoramos una riquísima tarta de queso junto a dos magníficos tés.
Ya de noche, volvimos por la zona de Saint-Sernin para ver el edificio iluminado, sencillamente mágico.

Cabecera de Saint Sernin de noche
Con un muy buen regusto de la ciudad tolosana, volvimos hacia Esperaza en mido de una oscura noche, únicamente alterada por la vista, a lo lejos, de pequeños pueblos y castillos iluminados.
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