El penúltimo día tenía un destino claro: la ciudad medieval de Carcassone.Pero antes, aprovechando la cercanía a Esperaza, visitamos el últimamente archiconocido, rodeado de leyendas y misterios, pueblo de Rennes-Le Chateau, lugar donde vivió el sacerdote Berenguer Sauniére, conocido últimamente por la novela de “El código da Vinci”. Antes de este boom literario, ya conocía la historia de este cura a través del magnífico libro “El Enigma Sagrado”, piedra filosofal de todas estas teorías relacionadas con el grial y la descendencia de Jesús tan de moda estos años.
La verdad que la llegada a Rennes-Le Chateau tiene tela. La aldea está situada en la cúspide de un cerro altísimo. Al llegar un domingo perdido de febrero sobre las nueve de la mañana no había nadie, pero nadie, por las calles y, ciertamente, daba un poco de acojone, jeje. Aparcamos en el preparado solar de la plaza principal del pueblo donde, a poco más de cien metros, se erige el pequeño imperio que el sr. Sauniére edificara s principios de siglo XX no se sabe muy bien de qué fondos. Ya los visigodos y templarios habían ocupado este lugar, dando paso a una de las leyendas más fabulosas de toda la historia, según la cual el sr. Sauniere encontró a finales del siglo XIX el tesoro que los templarios escondieron allí y algunos documentos “tan importantes que podrían cambiar el mundo”. Compartió su secreto con su criada, María, que siempre se mantuvo fiel a su amo y nunca quiso contar ese secreto.
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La verdad que la llegada a Rennes-Le Chateau tiene tela. La aldea está situada en la cúspide de un cerro altísimo. Al llegar un domingo perdido de febrero sobre las nueve de la mañana no había nadie, pero nadie, por las calles y, ciertamente, daba un poco de acojone, jeje. Aparcamos en el preparado solar de la plaza principal del pueblo donde, a poco más de cien metros, se erige el pequeño imperio que el sr. Sauniére edificara s principios de siglo XX no se sabe muy bien de qué fondos. Ya los visigodos y templarios habían ocupado este lugar, dando paso a una de las leyendas más fabulosas de toda la historia, según la cual el sr. Sauniere encontró a finales del siglo XIX el tesoro que los templarios escondieron allí y algunos documentos “tan importantes que podrían cambiar el mundo”. Compartió su secreto con su criada, María, que siempre se mantuvo fiel a su amo y nunca quiso contar ese secreto.
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Tour Magdala en Rennes-Le Chateau
La torre Magdala (según la leyenda, en honor a la esposa de Jesús, María Magdalena) se yergue al borde del precipicio, dando lugar al pequeño jardín anexo a la casa de Sauniére (Villa Bethania) y a la iglesia que él edificó. Lamentablemente, ese domingo no abría, por lo que nos tuvimos que conformar con dar un paseo por los alrededores de esta singular construcción. Visita más que recomendable si os interesan este tipo de temas.

Fachada de Villa Bethania
Continuamos nuestro camino hacia Carcassone, donde llegamos en miedo de un pequeño temporal de viento que nos avisaba que nuestra visita de La Cité no iba a ser acompañada por el mismo buen tiempo que habíamos disfrutado los anteriores días.
En Carcassone se celebró una reunión entre católicos y cátaros donde se pudo evitar la cruzada, pero no fue así, y la Cité pronto cayo en manos católicas.
Por muy restaurada que esté y, aunque no sea fiel a la construcción original de la ciudad, la primera visión que se tiene de La Cité no se olvida jamás. Parece un castillo de cuento medieval, con su doble muralla, sus torreones culminados por cúspides cónicas de diversos colores,…
Aparcamos en una calle cercana a las murallas (Rue Trivalle) para evitar los parkings de pago que hay alrededor de la ciudad fortificada y nos dirigimos a visitarla en medio de un frío intenso.
Cruzamos las murallas por la Puerta Narbonaisse y, subiendo por la Rue Cros Mayrevieille, nos dirigimos a la puerta que da acceso a la fortaleza en sí. Nos informamos de la visita guiada que había en español y, para hacer tiempo, dimos una vuelta por las callejuelas de la Cité

Rue Cros Mayrevielle en Carcassone
Los comercios, restaurantes y cafés se multiplican por miles en esta ciudad, dando mucho ambiente pero quizás no tan auténtico como debería ser en la época medieval. Aprovechamos para visitar la cercana e interesante Basílica de Saint-Nazaire antes de iniciar nuestro recorrido guiado en medio de una fina y fría lluvia.

Basílica de Saint-Nazaire en La Cité de Carcassone
La visita guiada se inicia con un audiovisual donde se ven imágenes muy interesantes de cómo era La Cité y de los estudios y trabajos de Eugene Viollet-le-Duc que llevaron a su restauración.
El guía fue muy divertido y se notaba que dominaba el tema, no obstante, en muchas de las ocasiones no dudó en criticar los trabajos de restauración criticando que no fuesen un poco más fieles a la realidad (por ejemplo, las cúspides de color azul y anaranjado).

Plazoleta en La Cité de Carcassone
Tras la comida, volvimos a perdernos por las callejuelas de La Cité donde caímos en la tentación de un par de souvenirs de decoración y, como no, de unas gominolas de la famosa tienda Le Cure Gourmande, buenas pero caras.


Torreones y foso entre murallas de La Cité de Carcassone
Saliendo de la ciudad amurallada, cogimos el coche y visitamos el desierto centro de la ciudad, alrededor del Canal du Midi, donde se puede apreciar el funcionamiento de las esclusas tan famosas de este canal. Hay recorridos organizados en los que te puedes alquilar tu propia embarcación y recorrer gran parte de este canal.

Esclusa del Canal du Midi a su paso por Carcassone
Ya en los albores de la noche, volvimos a La Cité, más vacía y un pelín más auténtica donde dimos un último rodeo por el foso amurallado antes de volver hacia nuestro alojamiento en Esperaza, donde despedimos el día y esta escapada en nuestra creperie.
La siguiente mañana, tras un magnífico desayuno, nos despedimos de Jo y, después de pasar por la boulangerie del pueblo donde cargamos de croissants y caracolas, nos despedimos del país cátaro para iniciar nuestra vuelta a casa. Nos quedaban unas cuantas horas…horas para recordar el buen sabor de boca que nos había dejado este pequeño rincón de Francia, con tanta historia y tanta belleza, muchas veces entre ruinas…
.La siguiente mañana, tras un magnífico desayuno, nos despedimos de Jo y, después de pasar por la boulangerie del pueblo donde cargamos de croissants y caracolas, nos despedimos del país cátaro para iniciar nuestra vuelta a casa. Nos quedaban unas cuantas horas…horas para recordar el buen sabor de boca que nos había dejado este pequeño rincón de Francia, con tanta historia y tanta belleza, muchas veces entre ruinas…