Al día siguiente por la mañana, nos fuimos a ver la Cueva de Los Murciélagos, que se encuentra en el centro de la isla de Bastimentos y a la cual accedimos en lancha, navegando entre los manglares.
En el trayecto, el marinero fue contándonos cosas de su pintoresca vida: tenía 42 años, 12 hijos (a los que en su mayoría no veía) y 2 nietos. Se dedicaba, a veces, a llevar turistas como nosotros por las islas y otras veces, mercancías bastante más peligrosas hasta Honduras.

Antes de llegar a la boca de la cueva, se hace un ameno recorrido por el bosque donde pudimos ver el árbol del cacao.
La cueva está totalmente a oscuras y por ella discurre un río, de tal manera que de vez en cuando hay que darse una zambullida para avanzar.
Con la ayuda de linternas pudimos ver murciélagos y arañas en las paredes. A la salida, el guía nos dijo que dentro habitaba un pequeño cocodrilo del que no nos habló antes de entrar para que no renunciáramos a la visita.

También en Bastimentos, pasamos una jornada completa en la Playa Polo, completamente solitaria, a la que sólo se podía acceder en marea alta, ya que está rodeada de un arrecife de coral.

Allí pudimos hacer snorkel, nadar, tomar el sol y recorrer la magnífica playa con su vegetación exuberante de palmeras hasta la misma orilla del mar.

Mientras tanto nuestro guía pescó nuestra comida, que cocinó a la parrilla y que acompañó con un arroz cocido en agua de coco.

Por la tarde, después de otro buen rato de snorkel y playa, retornamos en un agradable paseo a nuestro alojamiento.

Después de cada jornada, bajábamos al pequeño puerto de Bastimentos, donde hay varios restaurantes muy agradables para tomar ceviches, arroz con langosta o pescado fresco.