Este fue nuestro viaje del verano de 2.019, que hicimos con dos de nuestros hijos. Estuvimos allí 11 días en el mes de julio y el plan era ver algo de la cultura maya: Tulum en el sur de México, la menos promocionada de Belice y llegar hasta Tikal, en Guatemala.
Para final del viaje, íbamos a pasar unos días de playa en la barrera de coral de Belice, en Cayo Ambergris. Después tocaba retornar a Cancún, a donde nos llevó el vuelo directo desde Madrid, y volveríamos a hacer noche en Tulum, aprovechando esta vez para ir a un cenote.
Llegados al aeropuerto de Cancún, en un transfer de dos horas, nos fuimos directamente a Tulum, donde ya llegamos anocheciendo. Nuestro alojamiento era un pequeño hotel en Playa Paraíso, en el que íbamos a pasar esa noche antes de poner rumbo a Belice.

Ese año, las corrientes estaban arrastrando una gran cantidad de sargazo, el alga marina que ha ido proliferando en los últimos tiempos y que afea las playas, oscurece el agua, atrae insectos y desprende un olor bastante desagradable en su putrefacción.
La playa no estaba para el baño, aunque los empleados de los hoteles se esforzaban en retirar el sargazo y dejaban zonas donde poner las tumbonas al sol.

Estábamos en la temporada en que las tortugas marinas se acercaban a la costa para desovar. A lo largo de la playa se podían ver los surcos dejados en la arena al arrastrarse y los agujeros que abrían para enterrar los huevos.
El propio personal de los hoteles ponía cuatro estacas para señalizarlos, con una etiqueta con el día de la puesta para calcular la fecha aproximada del nacimiento de las crías.
Los vigilantes nocturnos del hotel nos dijeron que podían avisarnos cuando una tortuga se acercara a desovar, así que nos levantamos en dos ocasiones para verlas, siempre manteniéndonos a distancia y sin utilizar las cámaras de fotos.

Nos explicaron que las tortugas cada año aparecían con menos frecuencia y, antes acostumbraban a adentrarse más tierra adentro, ahora no lo hacían por el ruido, las edificaciones y las carreteras.
Pudimos ver como una de ellas, después del tremendo esfuerzo para arrastrarse en la arena, se dio media vuelta y volvió al mar sin hacer la puesta. Esto era algo que también estaban comprobando que ocurría cada vez con más frecuencia.
Para el día siguiente íbamos a tener una jornada apretada, ya que íbamos a visitar las cercanas ruinas mayas y después pondríamos rumbo a Belice, en donde íbamos a pasar la mayor parte de nuestras vacaciones.