Hoy tocaba trasladarnos a Avignon, donde nos alojaríamos los próximos días. Dejábamos el interior de Occitania para dirigirnos a la región de Alpes-Provenza. Desde el alojamiento en La Cavalerie teníamos unas dos horas y media de camino, así que hicimos una parada intermedia para visitar el Pont Du Gard, uno de los monumentos más emblemáticos del sur de Francia.

Se trata de uno de los acueductos romanos mejor conservados del mundo -junto con el de Segovia– y fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1985. El puente parece enorme, tiene casi 50 metros de altura dividido en 3 niveles. Fue construido hace casi 2.000 años, entre el 40 y el 60 d.C, y su función principal era la de transportar agua, aunque al final, acabó sirviendo también como puente para el paso de transporte. Daba servicio a la ciudad de Nimes desde Uzès. Casi 50 kilómetros de longitud con un buen número de puentes. El más famoso que ha llegado a nuestros días es el Pont du Gard.
Hay dos aparcamientos oficiales, uno en cada orilla del puente con capacidad para 1.400 vehículos en total. Eso sí, el aparcamiento no es gratuito, cuestan 9 € por coche y día. Casi todos los servicios, como restaurante o el museo, se encuentran en la orilla izquierda. Los parkings abren de 8:00 a 00:00, pero el acceso al puente es gratuito y está abierto todo el día. Existen visitas guiadas pero sólo en inglés y francés, de 1 hora de duración. Con estas visitas se puede acceder al canal, la parte superior por donde circulaba el agua.
Nosotros no aparcamos dentro del complejo. Encontramos sitio en las calles cercanas, en la orilla izquierda del río, y dejamos el coche estacionado de forma gratuita. Dimos un paseo por la zona del acueducto, cruzamos andando hasta la otra orilla del río por el propio puente y tomamos un café en una terraza a la sombra, que se agradecía porque hacía bastante calor. El puente es muy grande e impresiona por su buen estado de conservación, pero quizá lo que más nos llamó la atención es que la gente se bañaba allí mismo. Se veían familias que se llevaban toallas, sillas, comida, etc, para pasar allí toda la mañana o la tarde. En nuestro caso no nos bañamos pero nos quedamos con las ganas, teníamos todo en el coche. Así que si lo visitáis es bueno tenerlo en cuenta si os gusta ese tipo de planes.

Cuando dimos por finalizada la visita volvimos a coger el coche y nos dirigimos a Aviñón. Nuestro hotel estaba situado a las afueras y tenía piscina, así que después de instalarnos salimos a comer a un restaurante cercano y el resto de la tarde la pasamos durmiendo una siesta y luego un baño en la pisicna del hotel. Después de tantos días de pateo venía bien una tarde de relax.