El origen de la pertenencia familiar a nuestros antepasados franceses está en Saint Peé Sur Nivelle al pie de los Pirineos franceses.
Jean Baptiste Lecocq mi chozno materno había nacido en esta localidad que en euskera es Senpere y fue su esposa Marie Clementine Jounany nacida en 1781.
Y mis tatarabuelos o cuartos abuelos nacieron en Biarritz.
Marc Oliverius Lecocq nació en 1814 en esta ciudad del suroeste de Francia en el departamento de los Pirineos Atlánticos en la Región de Nueva Aquitania.
Su esposa, Jeanne Osafrain había nacido en Banca en el bello valle des Aldudes, donde muchas casas hoy están deshabitadas porque los jovenes se fueron a trabajar o estudiar a las grandes ciudades.
Ellos vivieron en la Rue de Roupil en Biarritz y allí nacieron sus cinco hijos y el protagonista de mi historia familiar, mi bisabuelo Jean Marie Lecocq, padre de mi abuela Luisa Lecocq.
Mi movilidad eran los transportes regionales así que solamente visité Biarritz y desde San Sebastián con un mapa fui a su domicilio. No lo encontré pero si la calle, la caminé de punta a punta y me emocioné mucho.
Desde Neuquén en la Patagonia argentina hacer el camino de mis antepasados españoles y franceses me colmó el alma en ese espacio de recuerdos que son el laberinto de mi identidad y que desembocan en el árbol genealógico de la familia.
Este presente que hoy vivo es parte de lo sucedido en mi pasado. Hoy es el afecto, la pertenencia y las relaciones que establezco día a día como familia.
Biarritz tenía un puerto donde se armaban las naves que salían a luchar con las ballenas que eran enormes y en los balleneros vascos en las bodegas llevaban gran cantidad de barricas de sidra.
Para mi abuelo Biarritz era Miarritze que quedó como un pueblo de pescadores de pocas casas.
Pero Biarritz es conocida hoy en todo el mundo como una villa que en el siglo XVIII inicia una transformación irreversible y fundamental hacia lo que es hoy, un centro balneario de reputación mundial.
Está cerca de Bayonne y a 20 kilómetros de la frontera con España.
Comienza a ser famosa en el siglo XIX con la moda de los baños de mar. La emperatriz Eugenia de Montijo cuando era niña venía a Biarritz de vacaciones y después de su matrimonio con Napoleón III se construyó para ella una hermosa residencia que transformó la ciudad y acogió a todas las cabezas coronadas de Europa.
Biarritz tiene playas de arena dorada y escarpado relieve. Sus calles están inmersas con perfumadas hortensias.
Un rico almuerzo siempre a la francesa, aparte de la bebida que pediste, en este caso sidra, siempre la jarra o botella de agua del " grifo" Su lugar geográfico es un pequeño territorio entre la montaña y el mar. Víctor Hugo la describió antes del glamour imperial como un pequeño pueblo de pescadores con su faro de 248 escalones, la atalaya de ballenas, un viejo puerto y la Iglesia de San Martín.
Los Pirineos con sus altivos picos, las costas abruptas, las inmensas playas que en el invierno el oleaje azota más fuerte, un mar bravío para los que practican surf ejerce sobre sus habitantes un encanto irresistible.
Biarritz es hoy una ciudad señorial y elegante. Los edificios son del estilo de París pero también hay construcciones señoriales vascas.
Las playas y calles están llenas a toda hora y al atardecer todos se reúnen en torno a la Grand Plage.
Hay una saliente llamada la Vierge en la roca ( Rocher de la Vierge) que tiene su propia leyenda. La tormenta sorprendió a unos barcos balleneros y estuvieron a punto de naufragar pero milagrosamente llegaron a destino, por ello los pescadores colocaron la estatua de la virgen en esta roca.
Después de unas horas de recorrer y almorzar en este lugar tan bello fui a tomar el transporte a San Sebastián, el chofer se equivocó y cobró dos pasajes, el mío y el de una señora que vivía en París y vacacionaba por estos lados.
El equívoco que no fue subsanado provocó una charla animada en francés, idioma que estudio y era imprescindible conversara para validar " mis conocimientos", el viaje fue muy ameno y el resultado el regalo con dedicatoria de un libro que hoy atesoro y leo.
Un viaje entrañable con las emociones a flor de piel.
Un viaje extraordinario. Te obliga a confiar en extraños, es el símbolo de la libertad para disfrutar lo esencial : el aire, las horas de descanso, los sueños, el mar, las montañas, el cielo...
Llegué al final del relato. Lo retomaré en Setiembre 2025 cuando viaje a la Comarca Andina del Paralelo 42 y a San Carlos de Bariloche.
Hasta pronto.





