Hoy visitamos la ciudad de Regensburg, que se encuentra a unos 100 kilómetros al sureste, es decir, alrededor de una hora en tren.
Fue una ciudad importante durante el Sacro Imperio Romano Germánico y su centro histórico es patrimonio histórico de la Unesco.
Al igual que ayer, hemos comprado el Bayern Ticket de 1 día para poder usar todo el transporte público de la región.
Desde la estación, lo más cercano es la abadía de St. Emmeram. Un antiguo monasterio benedictino, cuya iglesia hoy en día es de un barroco espléndido.
Está situada adyacente al Palacio de la familia Thurn und Taxis. El palacio se puede visitar con tours guiados o audioguías por 17€, pero nosotros no entramos.
Para descubrir el casco antiguo nos hemos descargado la aplicación móvil Lauschtour, que es gratuita y en inglés.
Las audioguías nos parecen una opción muy práctica para cuando no hemos tenido tiempo de recopilar información previa al viaje, y nos permiten ir a nuestro ritmo, cosa que en un “free tour” no siempre es posible.
Empezamos por la Haidplatz, una plaza triangular rodeada de edificios medievales de comerciantes y habitantes ricos de la ciudad.
Avanzamos hasta el Ayuntamiento medieval, por lo visto hoy hay una boda o algún evento.
De normal se puede visitar su interior y las entradas se pueden comprar en la oficina de turismo, que está justo al edificio de al lado.
Es típico en la ciudad que muchos edificios, entre ellos viviendas particulares, tuviesen una torre alta, al estilo italiano, aunque solo fuese para fardar, porque por dentro las torres podían estar vacías.
Las bonitas calles peatonales con casas de fachadas de colores pastel nos llevan a la Catedral.
A pesar de tener buena parte de la fachada en obras, podemos admirar su esbeltez gótica. El interior destaca por los vitrales de colores.
En la calle de atrás está la Porta Praetoria, los restos de la antigua puerta romana que formaba parte de una fortaleza del siglo II, justo en la frontera del Imperio Romano.
Hoy en día se encuentra integrada en los edificios que la rodean, siendo parte estructural de los mismos.
Siguiendo hacia el norte, llegamos al Danubio, que en esta altura está prácticamente a su infancia, pues ha nacido sólo 400 km al oeste, y le quedan todavía ¡más de 2.400 km para recorrer hasta llegar al mar!
Lo cruza un robusto puente de piedra, del siglo XII.
Al otro lado de la orilla es donde pararemos a comer, en el Spitalgarten Brauerei.
Tal como dice el nombre, estamos en la cervecería del jardín del hospital.
Es que desde el siglo XIV aquí se ha estado elaborando cerveza para los visitantes, pacientes y personal del Hospital de Santa Catarina.
Ahora ya no es un hospital, pero sus camas siguen disponibles para quienes lo necesiten, porque actualmente, a parte de restaurante, es un hotel.
Lo que nos interesa a nosotros es el restaurante, con carta tradicional bávara.
La ensalada de salchicha es una especie de salami cortado a lonchas y aliñado con salsa avinagrada, un descubrimiento muy exótico.
Volvemos a cruzar el puente. Antiguamente había tres torres de vigilancia en él, de las cuales se conserva todavía una, que actualmente es el Regensburg World Heritage Center, con una sala expositiva gratuita donde explican en qué consiste el Patrimonio de la Unesco.
Nuestro tour por el centro de la ciudad prácticamente ha finalizado.
Son las dos y media del mediodía y decidimos acercarnos al monumento Walhalla, a unos 12 kilómetros del centro de Regensburg. Es accesible en autobús, pero nos toma más de 40 minutos llegar al lugar, por la mala frecuencia del transporte público.
Desde la parada del autobús donde bajamos hasta el monumento hay unos 10 minutos de subida y unas enormes escalinatas.
Otra forma de llegar, bastante más cara pero más pintoresca, es con un pequeño crucero por el Danubio.
Eso sí, desde el muelle, el tramo a subir es bastante más, porque el autobús nos deja ya a mitad del camino.
Walhalla por fuera parece una copia del Partenón de Atenas, y es que la idea de este monumento es celebrar las figuras más importantes de la nación, como un templo para honrar la memoria de hombres (y mujeres) célebres.
Su construcción es del siglo XIX y en el interior se pueden ver estatuas y bustos de los homenajeados. La entrada cuesta 5€. No nos parece de nuestro interés por lo que no entramos.
Eso sí, nos descargamos una audioguía gratuita en el móvil (¡¡la tercera del viaje, y no será la última!!
El entorno en plena naturaleza, con vistas al Danubio, es muy bonito.
Y el recinto cuenta con una cafetería y unos baños públicos. Estamos alrededor de una hora.
Una vez de regreso a Núremberg damos un último paseo por la ciudad, ya que mañana por la mañana tendremos que irnos.
Volvemos a recorrer más o menos el mismo itinerario que hicimos el jueves hasta que oscurece.
Desde la entrada del castillo, ahora ya cerrado, se puede disfrutar de unas bonitas vistas de las luces de la ciudad.