A las 6:00 ya estoy despierto, todo emocionado, ante el día tan aventurero que nos espera. He dormido bastante mal, muchos ruidos de los bichos de la selva, a pesar de mis tapones para los oídos. Nada que un asqueroso Nescafé instantáneo con agua fría , no pueda remediar. Mario más cabreao que un mono aullador, despierta maldiciendo la cantidad de días que llevamos ya, está deseando volver a España, ya le queda poco.
Visito la aldea antes de salir andando para Semuc Champey. La aldea se llama Chizubin y hablan el Qepchí, como me informa una grácil dama que camina por la calzada.
Es un recorrido de unos 4 kms andando, mejor en silencio, que el perro está que muerde.
Yo sé que la entrada a la cueva la abren a las 8:00 am, y llegamos sobre las 7:40. Uno de los si o si de este viaje, era visitar esa increíble cueva , los primeros y completamente solos con el guía obligatorio.
La cueva de K'anba' es una cueva de agua que está al otro lado del río, donde se encuentra Semuc Champey, las famosas y fotogénicas pozas naturales de las que hablaremos después. No confundir está cueva con las frutas de Lanquín, que son cuevas secas, de las que hablaremos también después.
La cueva de K'anba' es uno de los lugares más peligrosos que he visitado (y ya llevo unos poquitos). No hay ninguna medida de seguridad. A la entrada, te advierten que lo haces por tu cuenta y riesgo. Y luego está el tema del guía...con nosotros pasó un chaval de 22 años , sin ninguna consciencia de la palabra peligro y que nos metió por los lugares más angostos, eso sí, lo pasamos de muerte y fue una aventura para contar a los nietos , al lado de la chimenea, en una noche gélida de Diciembre.
Allí los dos solos en la taquilla, con uno recién fichado que estaba barriendo, esperamos a que llegue el de las entradas. Primero llega un guía flacucho que es el que vamos a fichar. El nuevo del cepillo, no lo veo tan intrépido. Y ya, a las 8:20, llega el de los boletos.
Me tiene en un sin vivir, no quiero que llegue ningún grupo de guiris, que nos joda la experiencia de vivir esa cueva, totalmente solos, en silencio y con la iluminación de las tres velas , cada uno la suya.

Ya en la entrada de la cueva, con Mario más contento que un jubilado a últimos, encendemos las velas y para adentro, ya con el agua bien fría hasta las rodillas.
Nada más empezar, ya llevamos el agua al cuello, bueno, yo, que mido 1,85, el Mario y el guía, van nadando con la candela en alza. El guía lleva un frontal, pero aun así, no se ve mucho, lo que le da a la aventura,. su toque dramático.



De allí nos fuimos al columpio de la muerte. Y la verdad, no nos dió miedo morir, que era posible, lo que nos dió miedo, era ver los hostiones que se pegaban los guiris jovenzuelos contra el agua, de hecho, ninguno repetía, así que para hacer el espectáculo y que se rían todos menos tu, pasamos de lanzarnos.
La siguiente actividad fue bajar en el flotador por el río. Bueno, eso ya lo había hecho en otros países, y como el agua estaba bien fría, pues casi estaba deseando acabar. Encima íbamos los tres solos, y lo que mola de esa actividad, es ver a los guiris borrachos encajados en los flotadores totalmente colorados.
Eso sí, en el punto de bajada, había unos trabajadores guatemaltecos, que me dejaron alucinado. Cargaban sacos enormes de barro del río y los subían por una ladera bien empinada, en la espalda y sujeto en la frente también. Cuando intenté levantarlo, me quedé loco,.220 libras!!!!!
Siguiente parada, unas cascadas muy chulas, que están al lado y nos gustaron mucho.
Ya bien cansados, nos pensamos si ir a Semuc Champey. Pero somos duros, y tras pagar la entrada de 50 Quetzales, subimos hasta su bonito mirador, que aunque es sencilla la subida, se nos hizo un poco bola.
Semuc Champey significa donde se esconde el agua. Es un río subterráneo, sobre el que hay unas pozas, que se nutren del agua que viene de los riachuelos laterales, no del principal, que emerge y se esconde, creando una estampa preciosa. Encima, después te bajas abajo, y te pegas unos baños cojonudos.

De ahí nos fuimos a las grutas de Lanquín, que nos habían dicho que a las 18:00 horas, salían cientos de murciélagos de la cueva. La cueva no es de agua, es seca, pero es enorme e impresionante. Encima, estábamos solos viéndola . Tardas sobre horas y media en ida y vuelta y es muy muy peligrosa, extremadamente resbaladiza por las heces de los murciélagos mezcladas con el goteo de las estalagmitas ( o titas, no recuerdo cuáles son las de arriba). Aún así, un imperdible si vais a esa zona de Guatemala.

Una pasada ver tantísimos draculines salir de allí.
Super cansados después de un día tan intenso, nos vamos a cenar a Lanquín, para variar, en un callejero pero callejeros, aunque la ternera la tenía a buen precio y la hacía en una barbacoa también callejera.
Y ya nos fuimos al hostal, a bebernos unas chelas, mientras jugábamos nuestras últimas partidas de billar. Menudo día inolvidable!!!