Tribu Banna
Después de comer continuamos nuestra ruta hacia el Mercado de Alduba, y en el camino nos encontramos en la carretera a tres niños zancudos que pertenecen a la tribu Banna. Utilizan zancos de madera para protegerse de serpientes, hierba alta y cruzar zonas pantanosas, constituyendo además un rito de iniciación cultural que demuestra fuerza y madurez.
Nos bajamos de los coches nos hacemos unas fotos con ellos y les dimos unos plátanos. Uno de ellos se comió tres seguidos y nos seguía pidiendo más.

Mercado de Alduba
La siguiente parada es el Mercado. Este no solo un es un centro económico, sino que constituye un punto social donde las etnias intercambian sus productos. Los mercados como este suponen una oportunidad única de ver a los diferentes grupos étnicos engalanados y provistos de sus productos, destacando la venta de ganado. Tribus como los Banna, Hamer, Ari, Tsemai y Nyangatom, se dan cita en este mercado semanal. Además, se comercializan productos agrícolas como sorgo, maíz, frijoles y miel, junto con artículos de uso cotidiano elaborados por las propias tribus, como cerámica, tejidos, joyería de metal y herramientas.

La actividad se intensifica entre las 10:00 y las 14:00 horas, momento en que los intercambios alcanzan su punto máximo. Nosotros llegamos después de comer, y algunos puestos ya estaban cerrando, aunque la mayoría seguía vendiendo sus productos.

Los souvenirs son más económicos en este mercado que en el de Jinka. Lo comprobamos cuando llegamos al de Jinka y uno de los vendedores nos reconoció. Le preguntamos precios y eran más elevados que en Alduba, pese a ser el mismo comerciante y los mismos artículos. Igual regateando se igualan los precios.
Nosotros compramos una mascara de madera, que al cambio nos costó unos 7 euros.

Mudplaning
Cuando llegamos al coche le dimos plátanos a las personas que nos pedían y nos montamos en el 4x4 para avanzar hasta Turmi. La carretera era de tierra y estaba llena de baches, y como había llovido la noche anterior estaba llena de charcos y de barro. Comenzó a llover y la carretera a empeorar, hasta el punto que hicimos mudplaning (aquaplaning en barro/lodo). El coche se fue hacia el "arcén" y tras unos segundos el chófer consiguió retomar el control del coche y regresamos a la carretera. No íbamos rápido en ese momento, pero a partir de ahí tocaba ir aún más despacio. El camino se nos hizo muy largo puesto que llovía con fuerza.

Cruzar el río
Por fin llegamos a Turmi. Pero la aventura aún no ha terminado hoy. Cuando quedan unos metros para llegar al hotel, se para el chófer para valorar si se puede cruzar un arroyo, que en esta época del año está seco, pero con la gran cantidad de agua que ha llovido esta tarde lleva bastante agua. Consultan con el dueño del hotel y con la gente local, y todos coinciden en que no se puede pasar con los 4x4 porque el suelo es de arena fina y el río lleva bastante agua.
Nuestro guía habla con un restaurante que está en la zona en la que nos encontramos y nos acercamos para cenar. Todo el pueblo se había quedado sin luz por la cantidad de lluvia de la tarde. Así que encienden fuego con ramas y nos preparan pescado con tomate y arroz, que estaba riquísimo. Nosotros mientras esperamos la cena nos tomamos una cerveza a la luz de las linternas, lo que nos trajo recuerdos de nuestro viaje a Senegal.
Ya ha dejado de llover y mientras cenamos ha bajado el nivel del agua, pero no lo suficiente para que puedan cruzar los 4x4. Así que tenemos como opciones dormir en el hotel del restaurante en el que hemos cenado (pero particularmente entre quedarme en este alojamiento o dormir en el coche, hubiese elegido el vehículo) o cruzar el río a pie. Los lugareños nos dicen que es seguro y que ellos nos pasan las maletas de una orilla a otra. Uno de los 4x4 alumbra para tener algo de luz y vemos como los lugareños cruzan sin ninguna dificultad. Así que nos quitamos el calzado para que no se moje, nos remangamos los pantalones (Julio, te recuerdo que tenemos un vídeo para la cena de empresa de este momento) y cruzamos. El punto en el que más cubría el agua llegaba a las rodillas y el suelo efectivamente era como pisar arena de la playa. Otra aventura extra que queda como una anécdota más.

Ahora sí, por fin llegamos al alojamiento. Los lugareños nos dejan las maletas en el hotel, le damos una propina, y ellos regresan para cruzar de nuevo el río para ir a sus casas.
Nuestro hotel tenía más categoría y recurso que en el que habíamos cenado, contaba con un generador que nos daba electricidad en ese momento. Nos dio tiempo a una ducha rápida y poco más, pues el propietario cortó el generador para ahorrar gasolina (cuestión que en un par de días entenderemos mejor). Usamos la linterna del teléfono para meternos en la cama y a dormir, que ha sido un día largo.