Nos levantamos temprano, sin jet-lag y con la sensación de haber descansado lo suficiente. Pasamos por el primer combini que vimos a comprar desayuno y nos dirigimos andando a la plaza de Tiananmen que estaba a solo 10 minutos del hotel.
Teníamos cogidas las entradas por Civitatis porque aunque la entrada es gratuita para hacerlo por tu cuenta con WeChat pedía número de teléfono chino y la gestión que hacía Civitatis eran solo 3 euros. Esto del número de teléfono chino para ciertas aplicaciones es recurrente, pero una vez allí siempre puedes pedirle a alguien que ponga su número o incluso inventarte uno, porque nunca vimos que el número que dábamos sirviera para nada.
Para entrar a Tiananmen había mucha cola, el control es super riguroso. La plaza no tiene mucho atractivo, más que es inmensa y tiene el mausoleo y gran retrato de Mao Zedong. Es una visita de las que en mi opinión hay que hacer por toda la historia del lugar, pero si le preguntas a mi mujer te dirá que te lo saltes, cuestión de lo que valore cada uno.
Después salimos, pasamos por debajo de una calle, donde se coge el metro en la parada de Tiananment Square y llegamos al acceso sur de la ciudad prohibida. Debían ser sobre las 10:00 de la mañana y aunque había mucha gente, no hicimos apenas cola para entrar. Las entradas las llevábamos compradas desde la página oficial, pero se podían comprar allí, creo que al mismo precio.
La ciudad prohibida es un complejo inmenso de pabellones y palacios. Todos son similares, los más grandes son los que se encuentran a la entrada, pero para mi los más interesantes son los de los laterales (este y oeste). En general lo que más llama la atención es la inmensidad del sitio (si quisieras verlo todo, podrías dedicar todo el día) y la cantidad de detalles y trabajo que hay.
Salimos por la puerta norte y subimos a la colina Jinshan, la entrada es ridículamente barata y entras a un parque bastante bonito donde subes a la colina, donde arriba hay un pequeño templo con pabellón y pagoda, pero sobretodo unas vistas bastante chulas de la ciudad prohibida desde arriba.
Al bajar era la hora de comer, pero justo en esa zona no había mucho bar y andamos un poco en dirección a la torre del tambor, hasta la altura de Dianmen Avenue donde comimos unos noodles y una de las múltiples "burgers" chinas que probariamos en el viaje. En realidad no son hamburguesas, si no más bien, panes redondos con carne picada o deshilachada dentro, que suelen estar bastante buenos.
De postre cogimos una especie de mochi grande de los que hay tiendas por todo Pekín, y no sé si no acertamos con el sabor pero no nos convenció mucho.
Andamos un rato más hacia la torre del tambor y la campana, no entramos, pero si estuvimos un ratillo en la plaza que está entre ambas viendo como los chinos pasaban el rato jugando a las cartas o haciendo directos.
Después fuimos a la zona de Shichahai donde hay varios lagos y hutongs. Toda la zona es bastante bonita para pasear, comprar algún refresco... También se pueden alquilar bicis o barcas de pedales en el lago. Debían ser sobre las 18:00 cuando los locales alrededor del lago empezaron a tener música en directo, pero el precio de las cervezas en estos locales era excesivo, así que nos pedimos una Tsing-Tao en un combini y estuvimos viendo como los chinos paseaban que es una cosa muy divertida.
Como aún quedaba un rato para cenar volvimos al hotel, para descansar y cargar el móvil (la VPN consume mucha batería). Al llegar a nuestra calle, como está cerca de la plaza Tiananmen había control de pasaporte para entrar, supongo que todo el mundo lo sabe ya, pero el pasaporte no se te puede olvidar nunca en China, lo vas a necesitar siempre.
Cenamos por la zona del hotel, concretamente en una especie de food court en la calle Dashilan. Unos pinchos, cangrejitos fritos y dimsum, regado por una cervecita que costó que nos dieran fría. Después un heladito cubierto de Marshmello que se le había antojado a mi esposa y de vuelta al hotel, no sin antes sorprendernos con que para cerrar los comercios los "tapiaban" con tablones de madera, después nos daríamos cuenta que es muy común en toda China.