Un viaje de 25 días por China que comienza mucho antes de subir al avión.
En este diario iré compartiendo todo el proceso: la planificación de la ruta, los preparativos, las dudas antes de salir y, después, la experiencia día a día recorriendo el sur de China, Jiangnan, Gansu y el Tíbet.
No pretende ser una guía completa, sino un cuaderno de viaje que espero pueda servir de inspiración y ayuda a otros viajeros. Autor:Amalia259Fecha creación:⭐ Puntos: 4 (1 Votos)
Toda gran aventura empieza mucho antes de hacer la maleta. En esta primera etapa comparto cómo nació la idea del viaje, el recorrido inicial que tengo en mente y las primeras decisiones para organizar 25 días recorriendo China.
Llevaba bastante tiempo dándole vueltas a un viaje por China. Cuanto más leía en LosViajeros y en otros sitios, más me daba cuenta de que era imposible conocer un país tan grande en un solo viaje. Así que decidí hacer algo sencillo: elegir una ruta que mezclara ciudades, naturaleza y algunos de esos paisajes que llevaba tiempo queriendo ver.
El viaje será de unos 25 días, así que habrá que aprovechar el tiempo, aunque sin intentar verlo todo.
La idea es empezar por el sur de China. Siempre me han llamado la atención las imágenes de los pueblos junto al agua, los canales y esos paisajes que muchas veces se describen como la "China del agua" o la "lluvia de Jiangnan". No sé si la realidad será exactamente igual que en las fotos, pero tengo muchas ganas de comprobarlo por mí mismo.
Después la ruta irá cambiando poco a poco hacia el norte. La idea es atravesar varias regiones hasta llegar a Gansu, una zona que me parece fascinante por la mezcla de historia, desiertos y paisajes de la antigua Ruta de la Seda.
Si todo sale según lo previsto, la última parte del viaje será en el Tíbet, un destino que llevo mucho tiempo queriendo conocer y que, por lo que he leído, requiere bastante más planificación que otros lugares de China.
Todavía estoy organizando el itinerario y seguro que cambiarán muchas cosas durante las próximas semanas. De hecho, una de las razones por las que empiezo este diario es precisamente esa: ir dejando por aquí todo el proceso, los cambios de planes, las dudas y, más adelante, también la experiencia del viaje.
Itinerario previsto
Sur de China (primer contacto con el país).
Región de Jiangnan.
Camino hacia el norte.
Gansu.
Tíbet.
Fin del viaje.
En la próxima entrada empezaré con la parte más complicada: organizar las ciudades, calcular los desplazamientos y decidir cuántos días dedicar a cada lugar.
Hola tod@s, estoy en China ahora! Antes de empezar realmente a compartir mi viaje, me gustaría como mencioné anteriormente hablar un poco sobre mis planes y algunas de las reflexiones que tuve al elaborarlos. Por la razón que todo conocido, no pude compartir mis reflexiones de inmediato; tuve que anotarlas en las notas de mi teléfono y luego publicar una gran cantidad de contenido de una sola vez. Por cierto, de verdad, el clima en China es extraño.
Una de las cosas que más me costó al principio fue entender que China es inmensa. No es como planificar un viaje por Italia o por Francia, donde puedes estar en otra ciudad en un par de horas de tren. Aquí las distancias son de otra escala, y cada vez que creía tener la ruta clara, descubría que había algo que no había tenido en cuenta.
Empecé, como siempre, leyendo. Mucho. Los diarios de viaje del foro me sirvieron muchísimo, sobre todo los de viajeros que habían hecho recorridos parecidos. También vi bastantes vídeos, aunque algunos te venden una idea de China que no sé hasta qué punto se parece a la realidad. Al final acabé con una lista de sitios que quería ver que era completamente irreal para 25 días, así que tocó recortar.
Mi idea era dividir el viaje en cuatro bloques, siguiendo más o menos la estructura que conté en la primera entrada: sur y Jiangnan, el norte, Gansu y el Tíbet.
El sur y Jiangnan (días 1 a 8)
Empezar por Shanghai me parecía lo más lógico: es el punto de entrada más cómodo desde Europa y además me apetecía ver esa mezcla de moderno y tradicional que todo el mundo describe. Le di tres días, que quizá es poco, pero no quería pasarme demasiado tiempo en una gran ciudad al principio del viaje.
Después quería ir a un pueblo de agua. Estuve dudando entre varios y al final me decidí por uno que no voy a nombrar todavía, porque quiero contar la experiencia sin prejuicios. La idea es pasar un día o dos ahí, caminar por los canales y ver si esa imagen de la "China del agua" que llevo en la cabeza se parece en algo a la realidad.
De ahí quiero bajar a Hangzhou. El Lago del Oeste me llamaba la atención desde que lo vi en un documental hace años. Le dediqué dos días, que creo que es suficiente para ver el lago, algún templo y caminar un poco por la zona.
Y después Suzhou, que está muy cerca en tren. Todo el mundo habla de los jardines clásicos y me parecía un buen cierre para la zona de Jiangnan antes de cambiar radicalmente de escenario. Otros dos días.
El norte (días 9 a 15)
De Suzhou a Pekín. Aquí estuve dudando mucho: ¿tren o avión? El tren de alta velocidad tarda unas cinco horas, que no está mal, pero el avión es más rápido contando que el aeropuerto de Pekín está algo lejos del centro. Además, descubrí un detalle muy importante: la ciudad de Suzhou no tiene aeropuerto. Al final creo que voy a coger el tren, porque me da menos pereza que el aeropuerto y porque me apetece ver el paisaje cambiando.
Pekín merece mínimo cuatro días, y aún así sé que me dejo cosas. La Ciudad Prohibida, la Gran Muralla, el Templo del Cielo... Es una ciudad que pesa, en el buen sentido. Lleva historia por todas partes y no quiero ir corriendo.
De Pekín a Xi'an, en tren de alta velocidad (el Gaotie) otra vez. Xi'an es parada obligatoria por los Guerreros de Terracota, pero también me han dicho que la ciudad misma merece la pena, sobre todo de noche, con la muralla iluminada. Le di dos días.
Gansu (días 16 a 20)
Aquí fue donde más me costó decidir. Gansu es una región enorme y no todo está bien conectado. Al final me quedé con tres paradas: Zhangye, por las montañas coloridas de Danxia que vi en una foto y no se me han quitado de la cabeza; Dunhuang, por las Grutas de Mogao y el desierto; y Lanzhou como punto de paso, más que nada para enlazar transportes.
Zhangye y Dunhuang están algo apartadas y los desplazamientos dentro de Gansu son más lentos. Le dediqué cinco días en total a esta fase, contando los trayectos, y aun así no sé si voy con tiempo justo.
El Tíbet (días 21 a 25, si todo sale bien)
Y aquí viene la parte que más quebraderos de cabeza me está dando. El Tíbet no se puede visitar por libre como el resto de China. Los extranjeros necesitamos un permiso especial, hay que ir con un guía oficial y, en la mayoría de los casos, dentro de un grupo organizado. No es algo que puedas improvisar comprando un billete de tren.
He estado leyendo sobre el tema hasta la saciedad, y la verdad es que me tiene bastante frustrada. Cada fuente dice una cosa distinta: unas dicen que el permiso se tramita en un par de semanas, otras que a veces cierran la región al turismo extranjero sin previo aviso y punto. Hay agencias que te lo venden todo empaquetado, pero los precios varían enormemente y no tengo forma de saber cuáles son fiables y cuáles no. Una viajera del foro me recomendó una agencia china, pero también me dijo que ella tuvo problemas con los plazos y que casi se le queda fuera.
Así que he tomado una decisión que no me termina de convencer pero que creo que es la más sensata: voy a dejar el Tíbet para el final y intentar resolverlo una vez que esté en China. La idea es llegar a Gansu, y desde ahí ver si consigo organizar la entrada al Tíbet sobre la marcha, ya sea con una agencia local o con lo que consiga averiguar estando allí. Sé que es arriesgado y que igual no puedo ir, pero prefiero eso que pagar por adelantado algo que igual luego no se puede hacer.
Si lo consigo, el plan sería volar a Lhasa y pasar los últimos días allí: el Palacio de Potala, el templo de Jokhang, algún monasterio en las afueras. Si no lo consigo, ya improvisaré: igual extiendo los días en Gansu, igual me acerco a otra zona que no tenía prevista. Lo dejo abierto a propósito, porque cerrar esa parte ahora mismo me genera más ansiedad que la que me quita.
Lo que todavía no tengo claro
Hay cosas que seguro van a cambiar. Los horarios de los trenes, sobre todo en Gansu, los estoy mirando casi cada día. El Tíbet es una incógnita total: a ver si soy capaz de resolverlo sobre el terreno o si tendré que cambiar de planes en el último momento. Y luego están las decisiones del día a día: igual llego a una ciudad y me apetece quedarme un día más, o igual llueve y tengo que cambiar planes.
También me preocupa el idioma. No hablo chino y mi inglés no es para tirar cohetes. He descargado varias apps de traducción, pero sé que va a haber momentos de confusión. Supongo que forma parte del viaje.
Lo que sí tengo claro es que no quiero convertir esto en una carrera. Prefiero ver menos cosas y disfrutarlas que pasarme 25 días saltando de tren en tren sin parar. Ya veremos si soy capaz de mantener ese equilibrio.
En la próxima entrada empiezo a contar cómo va el viaje realmente. Todo esto son planes, y ya se sabe: los planes están para cambiar.
Aterricé en Pudong después de un vuelo larguísimo y con bastante sueño acumulado, pero con esa mezcla de nervios y emoción que te da llegar a un sitio totalmente distinto a lo que conoces. Lo primero que me golpeó fue el tamaño de todo: el aeropuerto, las carreteras, los edificios. Valencia me parece grande cuando vuelvo de un pueblo, pero esto es otra escala.
Lo de pagar lo había leído mil veces en el foro, pero hasta que no lo vives no te das cuenta de lo distinto que es. En teoría lo tenía todo preparado: me descargué Alipay antes de salir, vinculé la tarjeta y todo. La realidad fue que en el aeropuerto, con las manos llenas de maletas y el cerebro medio dormido, me costó más de lo esperado. Al final pagué un café escaneando un código QR y sentí que había superado el primer examen. Poco después descubrí que en algunos sitios también aceptan efectivo, pero la verdad es que el móvil lo es todo aquí. Para todo: pagar, pedir comida, pedir un taxi, abrir puertas en algunos hoteles... Es como si el smartphone fuera una extensión de la mano.
Para mi sorpresa, había muchas personas en el aeropuerto de Pudong que se identificaban como voluntarios; te enseñaban a comprar billetes de metro y algunos incluso sabían decir unas pocas palabras en español.
Del aeropuerto a la ciudad cogí el Maglev. Había leído que era el tren de levitación magnética y que iba muy rápido, pero no me esperaba esa sensación de deslizarse sin ruido, casi sin sentir el movimiento. En menos de diez minutos ya estaba en el centro. Impresionante.
Lo que más me sorprendió de Shanghai fue el contraste. Es una ciudad enorme, con rascacielos que parecen no acabar nunca, pero también con rincones que se sienten completamente distintos. Fui a caminar por el Bund al atardecer y la verdad es que cuesta procesarlo: a un lado del río tienes los edificios coloniales, con ese aire europeo que me resultaba vagamente familiar, y al otro, Pudong, con esa masa de torres de cristal que parecen sacadas de una película de ciencia ficción. Me quedé un buen rato ahí, sentada en una de las barandillas, intentando absorberlo. Hay algo en esa vista que te hace entender en seguida por qué dicen que Shanghai es dos ciudades en una.
Al día siguiente me aventuré a explorar por mi cuenta. El metro es facilísimo de usar: los letreros están en inglés, las estaciones son enormes y todo funciona con una pulcritud que no esperaba. Bajé en la zona de Nanjing Road y me dejé llevar. Es una calle comercial inmensa, llena de tiendas y de gente, pero lo que más me llamó la atención fueron los pequeños detalles: puestos de comida en callejones laterales, ancianos jugando al ajedrez en las aceras, bicicletas aparcadas en sitios que parecían imposibles. Hay una vida cotidiana que transcurre paralela a toda esa modernidad, y es precisamente en esa mezcla donde Shanghai me pareció más fascinante.
La comida fue otro de los grandes descubrimientos. Me metí en un sitio pequeño, sin señales en inglés, señalando con el dedo lo que otros comían. Lo que llegó era un bol de fideos con un caldo que no se parecía a nada que haya probado en ningún chino de España. El sabor era más profundo, más complejo, y el caldo tenía algo que no sabría identificar. La mujer que lo servía me miraba con una mezcla de curiosidad y simpatía, y cuando le sonreí me dijo algo que no entendí pero que sonó amable. Aprendí que una sonrisa abre muchas puertas cuando no hablas el idioma.
También me pasé por Yu Garden, que me habían recomendado en el foro. Es un jardín tradicional dentro de la ciudad, rodeado de pabellones y estanques. Entré esperando algo turístico y salí con la sensación de haber visto un pedacito de la China que llevaba imaginando. Los detalles de los techos curvos, los puentes de piedra, las carpas en el agua... Todo tan cuidado que da la sensación de que el tiempo va más despacio dentro. Luego sales y te encuentras de golpe con una calle comercial llena de luces y tiendas. Ese contraste es algo que me sigue costando describir.
Otra cosa que me sorprendió fue lo accesible que resultó todo. El metro es increíble: puntual, limpio, y baratísimo comparado con lo que cuesta moverse en Europa. Para comprar el billete solo hay que tocar la pantalla, seleccionar el destino y pagar con el móvil. Sin complicaciones. Eso sí, el tema de la verificación de identidad para algunas apps me dio algún dolor de cabeza al principio, pero nada que no se resuelva con paciencia.
Por la noche, ya en el hotel, estuve mirando el mapa y organizando los próximos días. La idea es salir de Shanghai hacia esa zona de pueblos del agua que tanto me llamó la atención durante la planificación. He leído que se puede llegar en tren de alta velocidad en muy poco tiempo, así que mañana salgo temprano. Tengo muchas ganas de ver si los canales y los puentes de piedra son como en las fotos, o si la realidad es otra cosa completamente distinta.
Estoy agotada, pero contenta. Shanghai me ha dado mucho más de lo que esperaba. No es una ciudad que pensara que me iba a gustar tanto, la verdad. Es grande, ruidosa, abrumadora a veces, pero también tiene rincones que te paran en seco. China me da un poco de vértigo, pero del bueno. Ese vértigo de saber que hay mucho que no entiendo y que voy a tener que improvisar más de lo que había planeado.
En la próxima entrada contaré cómo va la visita a los pueblos del agua.
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Vamos a viajar a China el 9 de noviembre con la Comunidad de Madrid, mi mujer otra pareja y yo. Me imagino que estará todo escrito en post anteriores pero es que son 97 páginas e igual me pierdo. Se agradecerian todo tipo de consejos al respecto, Aunque va "todo" organizado y es con pension completa igual hay sitios imprescindibles que nos podeis recomendar. Como usar allí el movil? hay que comprar una SIM? Usamos nuestras tarjetas o llevamos dinero? euros o Dolares? Y cualquier consejo que creais pueda sernos util
Hola, allí el movil es la vida entera, se usa para comprar, pagar, chatear, pedir taxis, tarjeta de transporte, etc...por lo que el dinero en efectivo está en desuso, aunque eso no quiere decir que no se pueda usar, pero creo que te va ser complicado. Ni euros ni dólares, allí usan el Remimbi (Yuan Chino), pero como te indicaba, lo hacen todo a través del movil con las apps de Alipay y WeChat. Para conectarte allí, tienes que usar una esim que te incluya una VPN, es lo más cómodo, porque sin eso no te puedes comunicar con nuestras apps. Estaría bien que vayas mirando el foro, aún te queda... Leer más ...
Más allá de confirmar lo que dice Lissp, iría descargando Trip para tenerla presente y puedas ir viendo cosas que visitar.
Aunque da la sensación de que las visitas ya las tenéis organizadas.
Alipay 100% necesaria.
Si tenéis opción de poder llevar también alguna tarjeta tipo N26 o Revolut seria perfecto por si os hace falta y así el tipo de cambio no será tan abusivo.
Como recomendación fuera un poco de las habituales, no sé vuestro estado físico, pero sí haría alguna que otra caminata para prepararse para el viaje.
Hay mucho, mucho que ver y estar habituado a caminar seguro... Leer más ...
campanilla80 Moderador America 20-03-2012 Mensajes: 17218
Cuando se busca información de un destino, NO es necesario revisar TODAS las páginas del chat, pero es recomendable al menos leer las del último año antes de empezar a preguntar cosas que se han dicho dos veces en cada página....
Hay un momento en que el chat se hace muy espeso de tantas idas y vueltas sobre un mismo tema, lo que provoca que los que entran por primera vez terminen haciendo lo propio, volver a preguntar todo desde cero.