Es 22 de marzo de 2026 y empieza la primavera dejando atrás un invierno lluvioso y desapacible. El pronóstico en Extremadura es que nos espera buen tiempo, los días empiezan a alargar y eso hace que se pueda aprovechar más la jornada.
Como siempre nos levantamos temprano, sobre las 5 horas de la mañana para salir a las 6 horas. Es domingo, aun de noche.
Tenemos todas las calles, avenidas y autovías para nosotros solos. Últimamente cuando viajamos en coche propio hemos tomado la decisión de salir el domingo dado que es un día en el que la gente suele levantarse tarde y si coge el coche lo hace ya avanzado día, eso en teoría. Es una bonita sensación salir a la calle, de noche y ver que todo el mundo duerme, menos los más festeros claro.
Tomamos la A-3 dirección Madrid y hasta la localidad de Requena el tráfico es fluido pero intenso. A partir de aquí toda la autovía para nosotros. Empieza a amanecer y por el espejo retrovisor va asomando el sol que nos acompañará durante todo el viaje.
La gran sorpresa del trayecto de ida fue el espectacular paisaje que se podía contemplar por la carretera entre las localidades de Villares del Saz y La Hinojosa, en la provincia de Cuenca. La bruma de la mañana cubriendo los campos de cultivo de un halo de misterio y belleza. La pena es que en la autovía no puede parar para hacer unas buenas fotografías, pero al menos se intentó desde el interior del coche.
Como siempre nos levantamos temprano, sobre las 5 horas de la mañana para salir a las 6 horas. Es domingo, aun de noche.
Tenemos todas las calles, avenidas y autovías para nosotros solos. Últimamente cuando viajamos en coche propio hemos tomado la decisión de salir el domingo dado que es un día en el que la gente suele levantarse tarde y si coge el coche lo hace ya avanzado día, eso en teoría. Es una bonita sensación salir a la calle, de noche y ver que todo el mundo duerme, menos los más festeros claro.
Tomamos la A-3 dirección Madrid y hasta la localidad de Requena el tráfico es fluido pero intenso. A partir de aquí toda la autovía para nosotros. Empieza a amanecer y por el espejo retrovisor va asomando el sol que nos acompañará durante todo el viaje.
La gran sorpresa del trayecto de ida fue el espectacular paisaje que se podía contemplar por la carretera entre las localidades de Villares del Saz y La Hinojosa, en la provincia de Cuenca. La bruma de la mañana cubriendo los campos de cultivo de un halo de misterio y belleza. La pena es que en la autovía no puede parar para hacer unas buenas fotografías, pero al menos se intentó desde el interior del coche.

A la altura de la localidad de Tarancón dejamos la A-3 y el GPS nos dirige por la A-40 en dirección a Ocaña y el norte de Toledo para enlazar con la A-5 dirección Talavera de la Reina por la autovía de Extremadura. Por esta ruta empieza a concentrarse una importante densidad de tráfico dada la hora que era y la proximidad a la capital, Madrid.
Nuestra idea era desviarnos por la localidad de Atalaya del Cañavate para tomar la AP-36 que pasa por Villarrobledo, Tomelloso y Alcázar de Sanjuan. Por aquí se da más un poco más de vuelta, pero tardas prácticamente lo mismo y vas solo por la carretera. Por aquí transcurre la Ruta de D. Quijote que te lleva por unos paisajes verdaderamente hermosos.
Nosotros pensábamos parar a comer mucho antes de llegar a Jarandilla de la Vera, pero como era muy pronto decidimos continuar a Jarandilla, localidad a la que llegamos a las 13 horas. Buena hora para dejar las maletas en el hotel y buscar un restaurante para comer.
Nuestra idea era desviarnos por la localidad de Atalaya del Cañavate para tomar la AP-36 que pasa por Villarrobledo, Tomelloso y Alcázar de Sanjuan. Por aquí se da más un poco más de vuelta, pero tardas prácticamente lo mismo y vas solo por la carretera. Por aquí transcurre la Ruta de D. Quijote que te lleva por unos paisajes verdaderamente hermosos.
Nosotros pensábamos parar a comer mucho antes de llegar a Jarandilla de la Vera, pero como era muy pronto decidimos continuar a Jarandilla, localidad a la que llegamos a las 13 horas. Buena hora para dejar las maletas en el hotel y buscar un restaurante para comer.

Para ser marzo apretaba el sol en Jarandilla. Nos abrigamos un poco, no mucho y tomamos las calles del pueblo en busca de un sitio para comer más que para hacer una visita turística de reconocimiento, eso lo dejamos para otro día dado que en Jarandilla pernoctaríamos dos noches. Como no encontrábamos ningún restaurante de nuestro agrado y el que nos gustó estaba lleno ya os puedo decir que con el paseo que dimos ya habíamos visto lo más importante del lugar. Eso sí, el pueblo tiene su encanto en especial la parte antigua, el resto como todos los pueblos, casas sin orden ni concierto y con muy poco glamour.


Paramos a ver la carta en un restaurante donde una señora se encontraba en la puerta fumando un cigarrillo. La mujer nos hizo señas y nos recomendó el lugar: El Patio de la Posada. Correcto. Pedimos unas verduras en tempura para compartir (regular), mi mujer unos espárragos verdes gratinados con torta del casar y pimentón de la Vera (muy buenos), y yo un arroz con cangrejos. Ya ves, yo pidiendo arroz fuera de mi tierra. ¡Pues estaba bueno!, un poco picantito para mi gusto, pero bien, estaba el arroz en su punto. En principio pensé que eran cangrejos de mar, pero no, eran de rio y estaban sabrosos. Un tiramisú para compartir, cafés, unas copas de vino blanco y agua. Sobre 50 euros aproximadamente, no recuerdo bien.
