A las 9 nos han recogido nuestro guía Ushku y el conductor en un Land Cruiser Prado. El coche está de lujo, teniendo en cuenta que muchas empresas te hacen el tour en la camioneta UAZ que destroza la espalda. El tour del Gobi lo hacemos de forma privada con una empresa que se llama Man of Millennium. Hacerlo en grupo no ahorra tanto realmente y el sobreprecio compensa la comodidad de hacerlo individual y manejar los tiempos.
Hoy hacemos el día con mayor kilometrada. Cruzamos Mongolia de norte a sur. En 500 kilómetros solo hemos pasado por una población.
El paisaje al salir de Ulán Bator ha sido durante unas horas pura estepa mongola con nómadas salteados. Se ven las yurtas en medio de la nada con los caballos o el ganado alrededor. Algunas yurtas ponen en la orilla de la carretera un coche con el maletero lleno de productos lácteos como el airag para vender. La vida nómada debe ser durísima. Viven de lo que da el ganado más víveres que compran cuando pasan por pueblos o yendo a Ulán Bator. En verano cuidan el ganado y en invierno básicamente se resguardan y viven con lo que han podido sacar del verano, mientras que los caballos se buscan la vida. Yo creía que lo de los nómadas sería algo puntual pero se ven con cierta frecuencia salteados por la estepa.
A medio camino el paisaje ha ido cambiando sutilmente, el verde de la estepa ha pasado a marrón hasta quedarse como una estepa totalmente pelada y ahí es donde hemos encontrado el único pueblo. Mandalgovi. La capital administrativa del Gobi Central. Como una miniciudad en medio del desierto, con sus parques, su noria, edificios públicos, supermercados... Aquí hemos parado a comer y a echar gasolina. Con lo de la gasolina tienen un problema porque hasta el momento el conductor no ha podido echar 95 y finalmente se ha tenido que conformar con 92. Se les ha juntado desabastecimiento por lo de Rusia junto con el Naadam y están prácticamente todas las gasolineras cerradas.
Después de la comida hemos seguido otro tramo largo por el desierto. A las dos horas el conductor ha abandonado la pista principal y se ha metido por el medio de la llanura del Gobi sin seguir pista ni GPS ni nada. Es tan llano el desierto que el coche va casi suave. Aquí nos hemos encontrado los primeros camellos bactrianos. Son camellos con dos jorobas. En invierno tienen un pelaje denso y en verano se quedan pelados los pobres. Se camuflan increíble porque cuando están tumbados solo se les ven las dos jorobas y parecen montículos de piedra del desierto, hasta que se levantan enormes.
Entre campo a través y pistas medio intuidas hemos llegado a una formación rocosa que es la parada del día. Es un acantilado que da a una planicie infinita desértica. Lo más bonito además de las vistas son las formaciones rocosas con tonos rojizos. Recuerda muchísimo a los badlands de Murcia. Aquí hemos estado andando un rato y hemos ido descendiendo el acantilado donde nos esperaba el coche para ya llegar por fin al campamento de yurtas de esta noche.
Nos hemos cascado desde que salimos 9 horas, entre parada para comer, gasolinera, camellos y la minirruta. La verdad que no se ha hecho pesado por lo nuevo del paisaje y porque el coche es cómodo y te hace inevitable que te eches algún pestañeo largo de vez en cuando. De momento el Gobi es buen cambio de registro de lo que llevábamos. Pasamos de ciudades rusas al lago Baikal. Del Baikal a las fiestas del Naadam y ahora al desierto.
El campamento de yurtas es muy parecido al que estuvimos en Uzbekistán, salvo que este es más grande y se ve con un punto más de calidad. Se encuentra en medio de una planicie con unas montañas al fondo. La yurta está de lujo, es enorme y dentro tiene unas mesitas y tres camas. Hemos ido al restaurante a echarnos una cerveza viendo el pampaneo. Hay turistas pero asumible, ninguna burrada. A las 19 nos han puesto la cena y hemos comido junto con el chófer y el guía. Nos han estado preguntando por los caballos de España y les he estado enseñando imágenes de El Rocío y de rejoneo. Les sorprendía sobre todo la altura del caballo y que los caballos fueran peinados con trenzas en la cola o la crin. Luego nos ha estado contando el guía cómo funciona el servicio militar y un poco la historia de Mongolia y cómo se llevan con rusos y chinos. Resulta, según dice el guia, que con quien peor se llevan es con los taiwaneses por una historia de los años 50 en la que los taiwaneses les negaron la independencia. Ha estado interesante la charla.
Después de cenar hemos ido a echar unas fotos al atardecer. Al fondo se veía una nube gordísima y yo me temía lluvia cuando hemos empezado a ver a todo el personal correr a tapar las yurtas y atarlas bien. Al rato nos hemos fijado que esa nube enorme es una tormenta de arena gigante que se está echando encima. Mientras le echábamos fotos ha venido el guía y nos ha dicho que nos metamos en la yurta porque es una tormenta de arena y es peligroso. En 10 minutos se ha echado encima la tormenta. Un viento fortísimo con arena que, aun estando dentro de la yurta, la puedes masticar. La visibilidad ha caído a 10 metros dando gracias. La cuestión es que un grupo de turistas se había ido a ver la formación rocosa que vimos esta tarde al atardecer y les debe haber pillado de lleno la tormenta, se ven coches que están saliendo del campamento e imagino que será para ir a buscarlos. Nunca imaginé que una tormenta de arena pudiera tener tanta fuerza.
Ha durado fácil una hora larga. Aun con viento y con algo de arena nos hemos animado a salir, más que nada para asearnos antes de dormir. Día de mucho coche pero se ha quedado interesante.




