El desayuno estaba listo a las 8. Con todo recogido hemos desayunado bastante bien con nuestro guía y conductor. El campamento de diez, entorno en medio de puro desierto y la comida muy bien. Sobre las 9 hemos empezado el día.
El tour del Gobi tiene un recorrido bastante simple, hay como un punto turístico principal y el resto es desplazarse hasta ese punto y luego al campamento. Lo malo es que todo está a tomar por culo de todo por lo que me temo que, si ayer ya hicimos bastantes horas en coche, esto vaya a ser lo dominante. Hemos pasado por Tsagaan Suvarga, la Estupa Blanca, donde estuvimos ayer, la formación en forma de acantilado tan bonita pero desde el otro lado, hemos ido parando de vez en cuando para echar fotos a los camellos o caballos, por un desierto que a lo que más me recuerda sin duda es a la estepa patagónica. Es el mismo paisaje, llanura infinita con pequeños matorrales, quizá algo más seco que aquello pero muy muy parecido.
En 4 horas hemos llegado a Dalanzadgad, la ciudad más importante del sur del Gobi y capital de la provincia de Ömnögovi, que funciona como gran base logística de esta zona del desierto. Muchos turistas para ahorrar kilometrada vuelan de Ulán Bator hasta aquí, no es mala idea esa porque ayer nos pegamos buen tute de coche pero los horarios no encajan bien y al final en la práctica nos habría supuesto los mismos días en el planning siendo algo más caro. Al final ayer quedó bonito el día aunque fuera kilometrada. En el pueblo hemos parado en un supermercado a comprar algo para picar entre horas. Un supermercado enorme donde locales y turistas estaban comprando como si hubiera venido otro COVID. Aquí la gente aprovisiona lo que puede para una vez que se acercan a un núcleo urbano. Del súper hemos comido... Carne. Siempre es carne.
Ya comidos, en algo menos de una hora hemos llegado al que se supone el punto fuerte del día. Yolyn Am. El Valle de los Buitres, dentro del Parque Nacional Gobi Gurvansaikhan. Es un oasis en toda regla. Un valle precioso, muy verde y con unas paredes que se van estrechando conforme te adentras hasta ser un cañón. Hasta hace unos años al final del valle había hielo permanente pero van varios años donde se derrite completamente en verano. Durante la rutilla de un par de horas lo mejor ha sido ir cruzándonos con una especie de perro de la pradera y una especie de marmota pequeña, además de un íbice encaramado en una pared al final del valle. Todo esto salteado con grupos de coreanos que suben el valle en caballo. Está todo lleno de coreanos, el guía nos dice que todos los turistas que nos hemos cruzado en el valle son coreanos. Me sigue llamando la atención ver turistas despues de rusia. Como preparación para china viene bien.
La ruta, si bien es bonita y curiosa, a mí me ha resultado un poco “meh”. Si esto estuviera cerca pues te lo compro pero casi 5 horas de coche para que esto sea el “punto fuerte del día”... Se me queda cojo. Por lo que veo el problema principal es que, no solo en el Gobi, sino que en toda Mongolia la densidad de puntos de interés turísticos es baja respecto a las kilometradas que los separan d eestepa o desierto. Hay que cambiar el chip y poner en valor el viaje en sí del coche, que es bastante espectacular, aun siendo un desierto de llanura principalmente. Lo bueno que el guía nos deja parar donde le digamos y no pone ni un pero.
Del valle a 15 minutos hemos llegado a nuestro campamento de yurtas. Este campamento está ubicado en un entorno bastante más bonito que ayer. Si ayer era plena llanura infinita este está a los pies de las montañas Gurvansaikhan y se ve precioso con la extensión de desierto y las montañas de fondo. Es un campamento bastante grande con una yurta central gigante que hace de comedor y donde te puedes vestir de forma tradicional y echarte fotos. Además la cerveza la tienen bien fría y a 2,5 euros la lata de 500. Especial. Hemos echado la tarde aprovechando para ducharnos y echando unas cerves en una especie de cenador en medio de la nada. El campamento según ha avanzado la tarde se ha ido llenando de grupos de coreanos. Vaya turistas curiosos son. Aun en el extranjero siguen siendo educados pero se les ve con un toque disfrutón. te puedes tirar toda la tarde viéndolos hacer cosas. Una coreana se ha tirado literalmente una hora tumbada en medio de la tierra con un mastín de 60 kilos mientras el novio le hacía un book fotográfico. Algún coreano pasaba cerca nuestro y nos ha llegado a saludar con una efusividad contagiosa al ver que estabamos tomándonos un soju del nice to cu que habiamos pillado en el pueblo de antes.
Para la cena hoy el menú ha sido... Carne. Hemos estado cenando mientras hablábamos con el guía, historia de Mongolia, deportes, fútbol, lucha mongola. les he estado enseñando los caballos del vino de Jumilla y les encantaba. Por último, el tema de conversación ha sido las diferencias de idioma. Se ha quedado loco con que en español las palabras tengan género. Se ve que en mongol no es así y no he sabido explicarle por qué en español el tenedor es masculino pero la cuchara femenina. Nos hemos reído un rato. Después de cenar nos hemos pillado otras cerves para ver el quehacer de los coreanos con el atardecer de fondo. Se ha quedado un atardecer muy bonito y, ya con la noche cerrada, un cielo precioso. Absolutamente limpio con la Vía Láctea dominando y con farolillos flotantes de los coreanos que se han puesto a lanzar mientras se les escuchaba de fondo cantar canciones a todos los que daban. Día tranquilo. Falta la epicidad del sufrimiento pero al final días así contemplativos también se agradecen. Mañana el punto que toca se supone que es el plato fuerte, las dunas de Khongoryn Els.






