Nos han puesto el desayuno más chino que pueda haber, lo más occidental ha sido un huevo frito. No he sabido reconocer nada de lo que han puesto pero básicamente todo salado o agridulce, fideos, carne, especie de panes con carne dentro, huevos con especias... Todo rarísimo para desayunar. A las 7 de la mañana poco nos ha entrado más que los huevos fritos y una especie de pastel de carne al vapor.
Con las mochilas recogidas, el cochecito nos ha dejado en la entrada del pueblo. Hemos aprovechado para ver esa parte del pueblo. Es una locura lo que tienen aquí montado y lo real que parece todo. Merece la pena hacer noche aquí.
A las 8:40 hemos pillado el bus a la estación de tren y a su hora ha salido el tren de vuelta a Pekín. Lo bueno que tiene China es que todo funciona aunque no entiendas nada del idioma. Solo tienes que ir de un punto a otro y ante la duda sacas Alipay y listo. Hemos pillado bus, tren, metro y llegado al hotel en un momento sin ningún problema. Hemos tenido más problemas para comunicarnos en Rusia que en China.
Hoy el hotel tiene un punto que nos ha venido de lujo, lavandería gratis. Tras la sudada de ayer y el desierto, íbamos críticos con la ropa. Mientras se lavaba la ropa hemos bajado a comer. Nos hemos metido en un sitio de fideos que en el Maps de China tenía muy buena puntuación. Un restaurante más chino que los restaurantes chinos de España. Con Alipay te metes y ves el menú, pero el traductor es una mierda y al final nos hemos terminado pidiendo una sopa de fideos de pepino de mar ya que el traductor lo de mar no lo había añadido y el pescado lo había traducido como pollo. Hemos pedido además lo que se suponía era lo más pedido, Alipay te dice hasta eso, y me ha venido una sopa de fideos glutinosos con hueso y una especie de pan desmigado... Hemos salido del paso más que nada.
Después de tender la ropa hemos salido a morir al calor de Pekín. Hemos ido al Palacio de Verano, el gran complejo imperial de jardines, lagos, pabellones y palacios donde la corte Qing se refugiaba del calor de la Ciudad Prohibida. Se supone que es un espacio fresco, natural y demás... Una pesadilla.
Según salíamos del metro ya se veía todo petado de gente. Acercándonos a la entrada nos hemos encontrado el mismo escenario que en la Ciudad Prohibida. Un río de turistas, pero una masa literal. Grupos con banderitas, niños pequeños, gente haciéndose TikToks con masa de gente de fondo, europeos aterrorizados luchando por respirar... Esa masa de turistas no es solo a la entrada es durante todo el parque y el parque es gigante. Entre la masificación y el calor pues esto es un bajonazo importante. Probablemente de las peores experiencias turísticas junto con la Ciudad Prohibida. Nos hace plantearnos que quizá ha sido una cagada terminar el viaje en Pekín. Una alternativa hubiera sido cambiar la semana de Pekín por Kazajistán pero de primeras se me antoja más repetitivo y una semana es poco para Kazajistán, Pekín viene como anillo al dedo para el recorrido mítico de Moscú a Pekín y China seguro que volveremos pero está claro que no en verano.
En el Palacio de Verano hemos cogido un barquito para atravesar el lago, con más barcos que en Normandía, y llegar a una isla con un templo con unas vistas a la torre budista muy bonitas, todo sea dicho. Hemos conseguido sentarnos y hablando con ChatGPT hemos decidido irnos del Palacio de Verano y pillar un Didi a un barrio, hutong, que se llama Baitasi. Lo de la masificación turística en China mira que lo había leído pero en mi mente nunca hubiera imaginado semejante disparate. La sensación más parecida que me viene a la mente es cuando uno va al Ikea un sábado en rebajas. Pues esa sensación pero por todo el conjunto del Palacio de Verano, la Ciudad Prohibida o el punto turístico de turno que toque dentro de Pekín, y con la calefacción encendida.
ChatGPT es la leche, el plan que nos ha propuesto es justo lo que buscábamos. Un sitio bonito, sin masificación, vida local, tiendecitas, etc. Baitasi es la zona del Templo de la Pagoda Blanca, un hutong tranquilo, con callejones tradicionales, cafés, tiendas pequeñas y la gran pagoda blanca asomando por encima de los tejados. Hemos estado paseando y nos hemos metido a cenar a un sitio pijo de cuchara y tenedor. Lo bueno de China es que por menos de lo que cuesta una cena en España puedes comer superbién en sitios que en España valdrían 4 veces más. Una especie de ceviche, con un tartar de ternera y unos pastelitos de champiñón con ajos y dos cervezas por 50 euros. Entre los chinos que había el bolso más cutre era de Gucci y nosotros vestidos del decathlon.
Ya de noche hemos pillado un didi y hemos ido para el hotel. La calle de nuestro hotel tiene una cosa curiosísima. Está llena de tiendas de instrumentos de música, pero fácil más de 20 tiendas de instrumentos folclóricos, guitarras, flautas, violines, violonchelos... Qué demanda habrá para semejante concentración de oferta. He aprovechado y me he pillado una ocarina china muy bonita de recuerdo.
Mañana vamos a Datong. De momento China una de cal y otra de arena.



