Hemos cogido un Didi a primera hora para ir a las grutas de los budas excavados. Lo de los Didis en China es impresionante. Didi es como Uber pero parece como si aquí el conductor estuviera obligado a coger los viajes porque es instantáneo siempre. Lo solicitas y según le das al botón de confirmar tienes un conductor asignado. No hay tiempo físico para que alguien en el otro lado acepte el viaje.
Las Grutas de Yungang están a 20 minutos de Datong. Son uno de los grandes conjuntos de arte budista excavado en roca de China. Como todo, está organizado para un nivel de turismo masivo pero yendo cuando abren el nivel de turismo está en un nivel aceptable, aunque potente eso sí. Mismo funcionamiento: centro de visitantes y transfer. El sitio es bonito, como un templo rodeado por un lago que da paso a un parque con una pared a un lado donde están excavados los budas. Se va avanzando de gruta en gruta, alguna más estrecha que la otra que se lía parda con la cantidad de gente saliendo loca con las fotos. El problema principal son los grupos con guía, se mete un grupo de 20 chinos con su guía y los auriculares y colapsan la gruta en un momento. Los budas en sí son bastante impresionantes. Hay cuevas con miles de pequeñas figuras talladas cubriendo las paredes, budas gigantes sentados, relieves con músicos, columnas decoradas... El último buda es la imagen más famosa, un buda enorme de unos 14 metros que se encuentra al exterior junto a otro buda al lado. La postal es preciosa. Junto al Buda hemos visto una cola enorme y resulta que la cola es para hacerse una foto en un punto exacto donde sales al lado de la cabeza del buda gigante, dramático. Hemos vuelto dando un paseo por el parque y por el estanque del templo. Al ser zona de grutas está todo lleno de una especie de vencejo que le da un toque al paisaje precioso. Esto merece la pena, del Templo Colgante de ayer tengo más dudas.
De las grutas hemos vuelto para Datong. Nos hemos pegado un último paseo y para las 13 hemos cogido el tren a Pingyao. Para este tren viendo que la diferencia entre 2ª y 1ª clase era de 10 euros pillamos 1ª clase para ver cómo era y vaya mojón. El tren irá muy rápido pero cualquier tren español está más apañado que el que hemos cogido. Será que nos ha tocado uno viejo, pero primera clase lo justito.
Hemos llegado a Pingyao a las 15 pasadas y de calor bastante bien, nada parecido a la locura de Pekín menos mal. A la salida nos esperaba el transfer del alojamiento. El alojamiento nuevamente, como en Datong, un lujo. Red Lantern Hall. En hoteles sí que creo que están en un nivel superior que España y muchísimo más barato. Nos han recibido con toda la amabilidad del mundo, una habitación de lujo, domotizada, con nevera, sandía de bienvenida, al lado de la zona principal y con transfer gratuito por 60 euros.
Tras descansar un rato hemos salido a recorrer Pingyao. Pingyao es una de las grandes ciudades antiguas amuralladas de China y una de las mejor conservadas, famosa por haber sido como un centro financiero histórico, con bancos y casas de cambio de la época. Callejuelas laberínticas llenas de comercio con farolillos rojos. La primera imagen que tienes nada más llegar a la calle principal es de lo más bonita. Toda la calle con gente, los farolillos y de fondo una de las torres, muy china. Hemos ido hasta la muralla para subir y recorrer un tramo viendo todos los tejados típicos a un lado y al otro la ciudad nueva de Pingyao llena de rascacielos tipo Benidorm nuevamente.
De la muralla hemos bajado de nuevo a la ciudad antigua por una antigua escuela confuciana. Como en Pekín o Datong, por las calles se ven chicas con el vestido tradicional haciéndose sus books que le da el toque folclórico al ambiente. Callejeando nos hemos metido en un sitio con buena pinta a cenar. Aquí en China para pedir es sencillo, escaneas Alipay, te sale el menú, eliges, pagas y servido. Pues aquí ha venido la mujer, nos ha dado una tablet, hemos elegido, luego ha venido ella y básicamente nos ha elegido ella lo que tenemos que cenar. Una especie de olla gigante con cerdo y vegetales, con una tortilla con vinagre y dos cervezas con sabor a palomitas que eso estaban para tirarlas. Yo no sé si la mujer nos ha elegido la cena porque nos quería ayudar o porque era lo que le quedaba pero por 30 euros hemos cenado bien aunque no hayamos podido elegir. Creo que tan barato como en Datong aquí no lo vemos, esto se ve mucho más turístico que Datong.
Al salir de cenar de noche Pingyao está más bonito aún. Todas las calles con farolillos rojos iluminadas, los bares y comercios con ambientazo, humo, música... Para las 21 hemos salido fuera de la muralla para ver un espectáculo de luces que ponen en la torre principal. Nos ha tocado echar una carrera porque cierran la puerta principal y para salir hay que dar una vuelta tremenda entre cientos de motos eléctricas que te quieren hacer de taxi y van y vienen a todo lo que da. Que sean eléctricas ha cambiado el ruido de motores por pitos constantes, de Guatemala a Guatepeor. Hemos llegado justito para el espectáculo de luces. Me esperaba drones, explosiones y demás pero nada, proyección de luces en la muralla. Lo de Gubei el otro día bastante más espectacular. Aun así queda bonito por lo monumental del sitio.
Hemos vuelto callejeando al centro y poco más que ver cómo los chinos salen locos en los karaokes desgañitándose. A la noche las calles poco a poco se van vaciando y se queda especial para el paseo, merece la pena hacer noche en Pingyao.
Día muy bien aprovechado. Al final China me está gustando mucho, Pekín es lo que le da el toque feo por calor y masificación pero esto mola. Mañana día entero por Pingyao y vuelta a Pekín.