Penúltimo día en China. Tenemos todo el día básicamente en Pingyao. Hasta las 18:00 que sale el tren.
Pingyao es agradecido para visitar. Las cosas que son más importantes turísticamente son como antiguos bancos cuyo interés es principalmente histórico. Son 5 los que reúnen a los turistas y luego hay un montón a los que se puede pasar sin turisteo. Históricamente quizá no tan importantes pero arquitectónicamente son lo mismo, casa antigua con patios y motivos arquitectónicos chinos.
Calle para arriba y calle para abajo mientras te vas metiendo en antiguas casas, tiendas, te tomas un té y poco más. Por la mañana los comerciantes no van tan a fuego pero sin duda es donde más cansinos se han puesto de todo el viaje. Te intentan vender de todo. Hay tiendas que están bien y tienen cosas bonitas, muchas intentan llamar tu atención poniendo a un artesano dando martillazos en la puerta, con robots, con música o con el dependiente directamente gritando. El 90% son tiendas con el stock de AliExpress literalmente. Luego están las tiendas que le dan el olor a Pingyao, venden una especie de vinagre negro que guardan en unas vasijas enormes, vinagre maduro de Shanxi. Te venden mil productos con eso. Hay hasta fuentes de vinagre en los puestos, el olor es continuo en las calles.
Tras hacer el circuito de los bancos famosos nos hemos metido en un sitio a comer que parecía decente. Aquí nuevamente el Alipay no sirve, se ha sentado la camarera con nosotros carta en mano y se ha quedado mirándonos hasta que hemos pedido. La mujer majísima eso sí, y nos ha dejado pedir lo que quisiéramos. Hay chinos con los que la conversación fluye mejor que con otros.
A la tarde mi pareja se ha animado a hacer lo que hacen todas las chicas que llevamos viendo en el viaje. Vestirse de tradicional. Le daba una vergüenza tremenda pero hemos visto un sitio que parecía más pro con patio bonito en su interior y nos hemos animado a preguntar. Una vez que preguntas al ver lo barato que es ya no hay marcha atrás. La han cogido entre dos chavalas, la han maquillado, la han peinado con postizos y finalmente el vestidito con sus zapatillas. Luego sesión de fotos en el patio que te partes de risa. El fotógrafo le va diciendo cómo ponerse pero al detalle, para ello el mismo fotógrafo imita la postura y es inevitable que al final la risa sea genuina. Después del book de fotos te dejan que te pasees lo que queda de día por la ciudad antigua con el puesto. Hemos aprovechado para ir al templo que nos quedaba por ver con ella muerta de vergüenza y las paisanas mirándola. Esto es como una china vestida de flamenca por Sevilla. Hemos echado la tarde y las risas y todo por 25 euros con 5 fotos editadas y 30 sin editar. Para el tiempo que echan con uno me parece de lujo.
Para las 17:00 nos ha llevado el transfer del alojamiento a la estación de tren y puntual hemos salido para Pekín. Lo del tren y la gente es tremendo. Cada chino o grupo de chinos es como una microburbuja. Dentro de su burbuja hacen todos constantemente ruido, ya sea una burbuja de una persona o una burbuja de 4, lo que haya fuera de su burbuja les da exactamente igual. Han sido 4 horas de móviles sonando, sonidos de escupitajo, que a saber dónde echaban el gapo, niños gritando con su madre al lado absorbida por el móvil... Aquí más allá de choque cultural hay un toque de mala educación. No me puedo creer que no sea molesto para los demás que tres niños estén berreando durante 3 horas y la madre al lado no diga nada. O que estés escuchando escupitajos cada diez minutos al lado de la oreja. Podrá haber una parte de choque cultural, pero después de cuatro horas aquello resulta desquiciante.
Hemos llegado a Pekín a las 22:00 bajo un bochornazo tremendo, que aun nos ha sabido a gloria al salir a la calle sin mas ruidos. Para cenar no nos hemos complicado, unas hamburguesas al lado del hotel y a descansar. Mañana último día por Pekín y fin del viaje.


