En nuestro primer día completo en la ciudad decidimos quedarnos por el centro. A las 10am teníamos una reserva para subir a las Torres Petronas que previamente realize online en su propia página web. Me costaron 254RM las dos entradas, unos 27€ por persona.
No contábamos con que el tráfico era muy intenso y llegamos un poco tarde con el Grab.
Hago un inciso para comentar que los precios de los Grab son absolutamente irrisorios.
Aunque la distancia parezca corta entre 2 puntos, la ciudad de Kuala Lumpur no es amable con el peatón.
En mi opinión el Grab casi siempre es la mejor opción para moverse. La ciudad está llena de rascacielos que no dejan que corra el aire y hay muchas estructuras tipo scalextrix elevadas por donde pasan los metros y los coches que dan sensación de agobio.

No puedo comprobarlo, pero es muy seguro que el semáforo mas desquiciante del mundo esté aquí. Era un horrible cruce de mil direcciones, el verde duraba 30 segundos y luego tenías como 7 minutos de rojo. El centro se sentía como si hubiera demasiadas cosas apelotonadas, demasiado acero y hormigon. Todo esto combinado con el calor húmedo y asfixiante crea un cóctel que el cuerpo te pide aire acondicionado.
La visita a las Petronas se hace en grupos de unas 20 personas. Primero te suben en un ascensor hasta la planta 41, que está a unos 170 metros de altura y es donde está el puente que las une; te dejan como 15 minutos para estar por ahí haciendo el palomo.
En el mismo puente hay como unos salientes que si miras hacia arriba te hacen una foto automática con vistas hacia abajo.

Luego te suben a 2 ascensores más y llegas hasta la planta 86 que está a 360 metros, aquí hay telescopios, maquetas y una visión panorámica desde las alturas realmente vertiginosa.
La altura oficial hasta la punta de sus agujas es de 452 metros. Actualmente ocupan el puesto 20 y 21 entre los edificios más altos del mundo y aunque perdieron el título de edificio más alto del mundo en 2003, siguen siendo las torres gemelas más altas del planeta.

Después de la visita bajamos a dar un vuelta por el KLCC park. Había muchas plantas y árboles diferentes y bastantes aves. La realidad es que en conjunto nos dejó bastante fríos. Lo que si vimos es que había una zona con una especie de piscina pública que no cubría, era para niños , aunque yo me hubiera tirado de cabeza si llego a ir con bañador.
Como estábamos muertos de calor nos fuimos a dar una vuelta al centro comercial Suria que está en la base de las Petronas. Comimos allí y después nos fuimos a la piscina de hotel a resbalarnos un rato.
Por la tarde nos acercamos otra vez al parque KLCC para el espectáculo de luces. Está vez no fuimos en Grab, decidimos utilizar una plataforma elevada tipo peatonal que en teoría tenía aire acondicionado y que desde el centro comercial Pavilion en Bukit Bintang conecta con el parque KLCC. Muy extraño todo y el aire acondicionado se les escapaba por todas partes.

Yo a estas alturas ya estaba harta de centros comerciales. Había uno en cada esquina y llevaba todo el día metida en uno u otro, subiendo y bajando por escaleras mecánicas. Bien es cierto que necesitabas aire acondicionado pero tenía la sensación de haberme ido de vacaciones un maldito centro comercial infinito donde imperaba el consumismo desenfrenado.
El final del día no fue mucho mejor. Nos quedamos flipados con el espectáculo de luces frente a las Petronas. La verdad que fue muy muy flojo en todos los sentidos. Si lo llego a saber no voy. Las comparaciones son odiosas pero Singapur les da un palizón en este aspecto.

Apovecho para advertir por aquí, que al contrario que en otros países del sudeste asiático, aquí me costaba encontrar repelente de mosquitos. Y no es porque hubieran pocos mosquitos. En muchos sitios me decían que se había agotado y los que al final pude comprar no me gustaban nada.
Recomiendo aprovisionarse en origen.