Nos levantamos con bastante calma, que después del día anterior de tren, free tour y maratón histórico nos lo habíamos ganado. Para empezar el día decidimos salir de Cracovia y visitar el monasterio de Tyniec, así que miramos la ruta en Google Maps y nos dirigimos a la parada de autobús más cercana.
Cogimos el bus público nº 112, que nos costó unos 6 PLN, y en menos de media hora estábamos fuera del centro de Cracovia. Desde la parada todavía quedaban unos 15-20 minutos caminando hasta llegar al monasterio. Llegamos aproximadamente a las 10:44, justo cuando empezábamos a entrar en ese ambiente completamente diferente al de la ciudad.

Abadía de Tyniec: silencio, espiritualidad y una tienda peligrosa para la cartera
La Abadía Benedictina de Tyniec impone desde antes de cruzar sus puertas. Está encaramada sobre un risco de roca caliza cortado a pico sobre el río Vístula, en un enclave sencillamente espectacular. Fundada hacia el año 1044, es el monasterio habitado más antiguo de toda Polonia, acumulando casi mil años de historia entre muros románicos, reconstrucciones góticas y un interior barroco fascinante.
El lugar desprende una atmósfera muy especial. Nada que ver con el bullicio turístico del centro: piedra, silencio, espacios religiosos y unas vistas preciosas sobre el río. Entramos a la Iglesia de los Santos Pedro y Pablo y quedamos impresionadas con la nave central: la impresionante bóveda de cañón con molduras barrocas, el contraste de los mármoles oscuros con los retablos en pan de oro y, sobre todo, ese emblemático púlpito dorado con forma de barco sostenido sobre el mar que resalta a mano izquierda. También estuvimos curioseando por la librería.
Pero lo que realmente nos conquistó fue la tienda del monasterio. Madre mía. Aquello era un auténtico paraíso. Los monjes benedictinos son famosos en Polonia por sus elixires, cosmética natural y recetas medievales de herbolario, así que la tienda parecía un laboratorio místico. Tenían jabones naturales que olían de morirse, frascos de incienso griego (Kadzidło Greckie) con sus sahumerios de cerámica, potentes elixires capilares de la orden de los Bonifratres, ungüentos de propóleo y miel, cremas de consuelda y té de montaña (Żywokostowy z Gojnikiem), tabletas de chocolate artesanal decoradas con pétalos de rosa secos, licores y macerados tradicionales (Nalewki Mnichów de aronia o escaramujo) e infusiones basadas en las fórmulas curativas de Santa Hildegarda como el Dyptam o el Bertram. Tenían bebidas, productos religiosos y un montón de cosas que no sabíamos que necesitábamos hasta que las vimos. Evidentemente, salimos de allí con una buena colección de compras.
Después subimos a la cafetería para tomar algo y probar unas tartas. Aquí llegó uno de los pequeños dramas gastronómicos del día: vimos algo que habíamos traducido como pavlova de lemon curd y nos imaginamos una especie de tarta espectacular de limón de pavlova, la cual nunca habia visto y con lo que me gusta a mi los citricos. Pues no. Era una pavlova tradicional con una capa de lemon curd. Decepción absoluta. 😂
La de queso, en cambio, estaba bastante buena y tenía esa textura suave y ligeramente elástica que recuerda un poco a las tartas de queso japonesas.

Me hubiese gustado hacer la visita guiada, pero únicamente se hacía en inglés. Sonia no habla inglés, tampoco quería pagar la visita y, evidentemente, no tenía sentido que yo hiciera la visita mientras ella se quedaba esperando. Así que me quedo con las ganas.
También me habría encantado asistir a alguna de las célebres misas con canto gregoriano que entonan diariamente los monjes. La comunidad sigue al pie de la letra la regla del Ora et Labora, y escuchar los salmos y las Horas Litúrgicas resonando en la acústica de la iglesia barroca debe de ser una experiencia sobrecogedora y mística. Pero claro, para las vigilias y laudes principales había que madrugar bastante y Sonia tampoco estaba por la labor, así que nos la perdimos. Nos marchamos sobre las 11:40.
Eso sí, una advertencia importante: los baños daban bastante asco. Así que si vais, mejor tenerlo en cuenta.
(Información práctica y horarios del Museo de la Abadía para futuras visitas):
Horarios de apertura del Museo:
Lunes a viernes: 9:30 - 17:00
Sábados: 10:00 - 17:00
Domingos: 11:00 - 18:00 (Último acceso 15 minutos antes del cierre).
Pases de visitas guiadas (comienzan a las horas en punto):
De lunes a sábado: 10:00, 11:00, 12:00, 14:00, 15:00 y 16:00.
Domingos y festivos: 14:00, 15:00, 16:00 y 17:00.
Después de visitar el monasterio dimos un pequeño paseo por los alrededores antes de volver hacia la parada. Cogimos nuevamente el autobús de regreso y, ya en Cracovia, algún tranvía para continuar con nuestro plan del día.

La siguiente parada estaba en mi wishlist: el Museo de Arte Contemporáneo de Cracovia (MOCAK).
Y aquí tuvimos bastante suerte.
El día anterior, durante el free tour, la guía nos había dado un listado con los días en los que algunos museos de Cracovia tenían entrada gratuita (Pondre la lista en Recomendaciones en Cracovia). Resulta que precisamente ese jueves era uno de los días gratuitos del MOCAK, así que lo añadimos inmediatamente al itinerario.
El museo no es especialmente grande. Tiene una cafetería al fondo y una pequeña tienda de libros en la entrada, y al ser día de entrada gratuita había puertas abiertas: simplemente llegabas, entrabas y a recorrer.
Estuvimos aproximadamente de 13:00 a 13:50, y en una horita lo teníamos visto.
No es un museo que necesite medio día, pero me gustó tenerlo incluido porque era uno de esos sitios que tenía apuntados desde antes de viajar.
Al salir decidimos separarnos para comer cada una donde quisiera.
Pierogi de setas y comida por separado
Yo lo tenía clarísimo: después de varios días en Polonia, quería pierogi.
Me fui directa a Pierogarnia Słowiańska Uczta, un pequeño local de comida tradicional casera con una puerta con arco de piedra que prometía bastante. Como el sitio estaba lleno (habia espera) y, además, teníamos la enorme ventaja de tener un apartamento estupendo en Cracovia, decidí pedir la comida para llevar y comer tranquilamente en casa.
Esta vez elegí los de setas salvajes, porque ya sabía lo mucho que me estaban gustando los pierogi y me apetecía probar una versión diferente. Me los sirvieron calientitos, espolvoreados por encima con bastante cebolla caramelizada bien dorada y crujiente (okraszka).
Sonia, mientras tanto, se fue a comer comida coreana.
A las 14:40 ya estaba en el apartamento con mi comida delante.Y después de comer… el cuerpo dijo basta.Estaba bastante cansada, así que me eché una mini siesta con despertador para las 17:00, porque quería aprovechar todavía un poco de luz y salir a caminar por la ciudad. Sonia llegó después y se tumbó en el sofá. Estaba tan dormida que ni siquiera me enteré.
Cuando me desperté, me vestí en silencio, cogí mis cosas y salí sigilosamente del apartamento para aprovechar las últimas horas de luz.
Ella se quedó durmiendo.
Castillo de Wawel y mi perdición: las tiendas de minerales
Me fui caminando hacia el castillo de Wawel, disfrutando de la ciudad con mucha más calma que el día anterior.
Y entonces ocurrió algo peligroso. Tenía apuntada en mi wishlist una tienda de minerales.
Error.
GRAN ERROR.
Porque si vais a Cracovia y os gustan los minerales, cristales, piedras o cualquier cosa relacionada con la geología, llevad una maleta GIGANTE.
Entré en Magia Minerałów y aquello era una locura. Había minerales por todas partes, piezas pequeñas, piedras pulidas, geodas, cristales y todo tipo de ejemplares. Yo, evidentemente, no podía salir de allí con las manos vacías.
La tarjeta empezó a echar humo.

Estuve paseando tranquilamente luego por la zona y, cuando ya empezaba a hacerse de noche, sobre las 19:00, me llamó Sonia.
—Que voy camino de una tienda de minerales. Perfecto. El pequeño detalle era que iba a otra tienda distinta de la que yo acababa de visitar. Así que fui a encontrarme con ella y, evidentemente, en esa segunda tienda también cayó alguna cosa.

Creo que durante este viaje conseguimos comprar algo en prácticamente todas las tiendas en las que entramos. No sé cómo lo hicimos (tuvimos que pagar una maleta cada una nueva para volver...)
Cracovia de noche
Después nos fuimos a pasear por la plaza principal ya de noche. La ciudad iluminada tenía un ambiente completamente diferente al del día, y aprovechamos para caminar un rato antes de poner rumbo a otro de mis must go de Cracovia: Mercy Brown. Sonia ya me lo ha dicho varias veces: lo que más le ha gustado del viaje ha sido mi selección de coctelerías.
Mercy Brown: la coctelería que no existe
Mercy Brown es una de esas coctelerías clandestinas (speakeasy) que me encantan precisamente por el misterio de no parecer un bar.
Para entrar no hay una puerta directa ni un cartel luminoso enorme en la calle. Primero tienes que entrar a un restaurante tradicional polaco bastante concurrido llamado Restauracja Smakołyki. Una vez dentro, atraviesas la zona de los abrigos y la ropera del restaurante, encuentras un pasillo discreto que parece no llevar a ningún sitio, subes unas escaleras… y de repente apareces en otro mundo.
Nos encontramos con un espacio fascinante de inspiración retro y estética vintage. El ambiente es cálido, tenue e íntimo, dominado por majestuosas cortinas rojas de terciopelo que enmarcan un pequeño escenario, lámparas de araña de cristal, suelos de parqué en espiga y pequeños veladores de madera iluminados apenas por la tenue luz de las velas y las lamparitas de mesa. Todo parece pensado como si fuera un club secreto de los años 20 o un cabaré clandestino.
Pero lo más original del sitio es el concepto de su carta: está confeccionada como si fuera un cuaderno artesanal de un diseñador de moda o un libro de bocetos artísticos. Cada cóctel se presenta con sus referencias visuales, su inspiración en texturas o prendas de vestir, su paleta cromática e incluso las "materias primas" que evoca.
Pedimos dos cócteles de autor conceptuales e increíblemente cuidados:
• Yo me decanté por el Pearl Diver (49,21 PLN): Inspirado en la joyería, la mezcla de perlas con oro y plata, y el contraste entre formas orgánicas y metales pulidos. La bebida combina whisky escocés ahumado Smokehead, lichi y menta. Es un trago con un carácter ahumado potente y un matiz dulce y exótico, pero lo más espectacular fue su presentación: venía servido en vaso bajo cargado de hielo y coronado por una impresionante cúpula escultórica de burbujas ahumadas e iridiscentes que imitaban a la perfección la forma irregular de un racimo de perlas.
Capítulo aparte merece el tema del «hielo polaco». No sé qué extraña obsesión tienen en este país con encajar un bloque de hielo gigantesco dentro de absolutamente todos los cócteles. 😂 Y no hablo del típico hielo gordo de coctelería, no: hablo de un témpano que ocupa sin exagerar la mitad de la copa. Claro, tú pagas tu copa de autor tan feliz pensando: «Bueno, por lo menos vendrá generoso». Pero cuando llega a la mesa te das cuenta de que la mitad del volumen es un glaciar en miniatura. 😂Eso sí, no se les puede negar que visualmente queda precioso y súper elegante. Pero tengo que reconocer que cada vez que me traían un cóctel nuevo con aquel pedazo de iceberg dentro, ya me entraba directamente la risa.En fin, cosas de la moda polaca.
• Sonia por el Romantic Lush (51,21 PLN): Inspirado en el diseño de vestuario, las capas de tul 3D y los pliegues de la alta costura. Llevaba una base cremosa y botánica de ginebra Beefeater, azafrán y mango. Se sirvió en una refinada copa de champán alta, con un tono dorado brillante muy tentador y decorada delicadamente en el borde con una pequeña rama de flores de color rosa sujetada por una diminuta pinza de madera, dándole un toque sumamente poético y elegante.

Pero el sitio nos gustó muchísimo. Es exactamente el tipo de lugar que me gusta buscar cuando viajo: no solo ir a tomar algo, sino descubrir un sitio con personalidad y una historia detrás.
Sobre las 22:00 ya estábamos de vuelta en el apartamento, poniéndonos el pijama y metiéndonos en la cama.
Un día bastante más tranquilo que el anterior, pero completo y redondo he bajado el ritmo también para adaptarme a Sonia.