Amanece un nuevo día y hoy he dormido mejor y más de seguido fruto del sueño atrasado y de las emociones del día de ayer, supongo, que me dejaron agotado. Como dicen por estas tierras, “In der Ruhe liegt die Kraft” (en el descanso está la fuerza o algo así), por lo que ya estoy listo para todo lo que depara la jornada de hoy en la que haré doblete de ciudades.
Como hoy no toca hacer trekking, en el desayuno no hago prisioneros y cargo bien las tintas para coger buenas fuerzas. Me preparo un variado muy variado y doy buena cuenta de ello mientras observo la clientela del hotel que me rodea en el comedor.

Efectivamente, como buena cadena japonesa, aquello está lleno de…. japoneses. Que me dices que nos hemos teletransportado a Osaka y me lo creo porque casi todo son rasgos orientales y habla de la misma guisa. Curioso el contraste con el entorno germano con el que se topa uno nada más salir del hotel. Bueno, doble experiencia que me voy a llevar en este viaje.
Hoy toca visitar la ciudad de Mainz o Maguncia por la mañana. Para ello voy a volver a utilizar la red ferroviaria alemana en forma de los S-Bahn, los trenes de cercanías. La línea S8, que tiene destino Wiesbaden, pasa por Mainz y tiene una frecuencia de media hora por lo que mi idea es coger el tren de las 09:17 y llegar a Mainz hacia las 10:00 para comenzar la visita a la ciudad. Como ando escamado de ayer me voy con tiempo sobrado a la estación a la zona de los S-Bahn desde donde llegué del aeropuerto y me dirijo a las máquinas a adquirir el billete.
Investigando antes del viaje he echado números y me sale más a cuenta comprar un billete diario (tageskarte) que abarque la zona 5 para que me cubra también el trayecto a Wiesbaden para la tarde y luego el regreso a Frankfurt con un coste de 22,40 euros. Pongo la máquina en idioma español y voy siguiendo los pasos pero me encuentro que el importe final supera los 30 euros. Empezamos bien el día…. Como aún falta para que llegue el tren me lo tomo con filosofía, cancelo la solicitud, me cambio de máquina y reintento la operación. Esta vez, no sé cómo ni de qué manera, sí sale el tageskarte a 22,40 euros y lo adquiero para, a continuación, bajar al andén correspondiente.

Desde luego en este viaje estoy peleado con las máquinas expendedoras de billetes y ya me entra el primer desasosiego del día sin comerlo ni beberlo. Menos mal que he hecho los deberes en casa y sé las opciones y precios porque si no…. Tomo nota mental que para próximos viajes va a ser cuestión de ir a la taquilla para tratar con una persona humana como toda la vida.
En el andén aguardo a que llegue el S8 y éste viene con retraso. De qué me suena... Por fin aparece y los numerosos pasajeros lo abordamos, llenándose los vagones. Creo que es en este recorrido, porque tanto tren tantos días seguidos ya me nubla el entendimiento de lo que pasó en uno o en otro, cuando se produce un sucedido bastante bochornoso, que paso a relatar.
Los asientos son de cuatro plazas, enfrentados. Cerca de donde me encuentro hay una pareja, por su apariencia exterior, hay que decirlo, mitad Golden Retriever, mitad dulzaina, que tiene ocupados dos asientos, en los que están aposentados, y que también tiene ocupados los otros dos enfrente con todas sus posesiones: mochilas, bolsas, calzado, etc… En una parada intermedia se sube un señor de cierta edad y hace amago de querer sentarse. Al ver que los jóvenes no hacen intención alguna de retirar nada se dirige a ellos y les recrimina su actitud, incluso señalando la bandeja superior para equipajes, que está vacía, para que muevan las pertenencias. La respuesta de la joven es muy gráfica y demoledora: se lleva el índice a los labios (que te calles, Karmele) y a continuación ese índice señala a la otra punta del vagón donde hay un sitio libre. El hombre se queda parado como supongo que haría cualquier otro que estuviera observando la escena, refunfuña, desiste y retrocede en la otra dirección para buscar asiento libre. Yo he ido a levantarme para ofrecerle el asiento pero no me ha visto al coger la otra dirección. Se me ha quedado un regusto amargo ante la situación, ciertamente. ¡Cómo se pueden estar perdiendo tanto ciertos valores….! Lo dejo aquí para no calentarme.
Por fin llego a Mainz (Maguncia).
Mainz es la capital del estado de Renania-Palatinado. Es una ciudad situada en el suroeste de Alemania, a orillas del río Rin, por lo que es un importante puerto fluvial de la nación. En términos geográficos se encuentra a aproximadamente 160 km de la frontera con Francia, a unos 200 km de Bélgica y a 600 km de Berlín. En el año 38 a.C. los romanos, de la mano de Mario Vipsanio Agrippa, ocuparon el lugar e hicieron de este asentamiento, al que llamaron Mogontiacum, la capital de Germania superior. A principios del siglo IV los romanos perdieron el control de esta población y a finales del siglo V pasó a ser parte del territorio de los francos. Carlomagno hizo de Mainz una de las ciudades más importantes de su imperio y en el año 747 fue declarada sede episcopal. En 1118 se le otorgó el título de ciudad libre y con ello vino un enorme crecimiento de la ciudad que se convirtió en un importante centro de comercio. En la Segunda Guerra Mundial sufrió muchísimos daños, tras ser bombardeada por los aliados.

El itinerario previsto es el siguiente:
. Kurfürstliches Schloss
. Schillerplatz
. St. Stephan kirche
. Kirschgarten
. Gutenbergplatz
. Marktplatz
. Mainzer Dom
. Liebfrauenplatz
. Augustinerkirche
. Museo de Isis Heiligtum
En cuanto a baños públicos, tenemos los siguientes:
. Public Toilet – Frauenlobplatz – cerca del palacio de los príncipes electores.
. Toilet - Große Bleiche, 46 - entrada por la calle Löwenhofstraße.
. Public toilet – Grebenstraße, 26 – cerca de Liebfrauentplatz.
. Öffentliche Toilette am Liebfrauenplatz – en Liebfrauenplatz.
. Toilette – Badergasse, 14 – cerca de la Iglesia de San Agustín.
. Toilet – Münsterplatz – cerca de la estación.
El primer punto de visita del día es el Kurfürstliches Schloss, el Palacio de los Príncipes electores en Peter-Altmeier-Allee, 9.
Antes de llegar al mismo me encuentro con la Christuskirche y en ella había leído que estos días tenía cabida Gaia, una instalación temporal que ofrece una perspectiva única del planeta Tierra, simulando la experiencia que tienen los astronautas desde el espacio puesto que se trata de una esfera réplica de nuestro planeta de siete metros de diámetro. Está fabricada a una escala aproximada de 1:1,8 millones, lo que significa que cada centímetro de la instalación equivale a unos 18 kilómetros de la superficie real y la esfera flota suspendida bajo la cúpula central de la iglesia. Cuenta con iluminación interior, rotación constante (da una vuelta completa cada cuatro minutos) y se acompaña de una composición de sonido envolvente con efectos de la naturaleza.
Me habría gustado verlo pero abría a las 12:00 y para entonces ya estaría en la otra punta de Mainz y no iba a volver exprofeso al encontrarse algo a desmano. Por este tipo de cosas me gusta mirar la agenda cultural de los sitios a los que viajo porque puede darse la circunstancia de que en las fechas previstas haya eventos temporales que puedan cuadrarse para ver también.
Por fin llego al Kurfürstliches Schloss que se trata de un palacio de 1627 cuyo estilo oscila entre un Renacimiento tardío alemán y un Barroco temprano y que destaca por su color rojo y el elaborado diseño de su fachada. Tras la disolución del Estado electoral, el palacio tuvo usos muy variados (cuartel, hospital militar y almacén) y durante el bombardeo del 27 de febrero de 1945, el interior del palacio quedó completamente destruido, perdiéndose sus valiosas pinturas y techos de estuco. Su gran salón norte (Großer Saal o Akademiesaal) es famoso en toda Alemania por acoger y retransmitir cada año el tradicional programa de televisión del carnaval de Maguncia (Mainz bleibt Mainz, wie es singt und lacht), al que me referiré a continuación.

Ciertamente hay que recorrer el exterior del edificio para valorar la fuerza de lo que ofrece en términos de decoración y color, acentuado por el sol mañanero que da más brillo a lo rojizo de su estampa.
Frente a la fachada, al otro lado de la carretera, me percato del accidente geográfico que se muestra ante mis ojos. Doy una pequeña pista:
El río Rin es el segundo río más largo de Europa central y occidental (después del Danubio) con una longitud aproximada de 1.230 kilómetros . El río nace en el cantón suizo de Graubünden en el sureste de los Alpes suizos, forma parte de la frontera entre Suiza y Liechtenstein, Suiza y Austria, Suiza y Alemania, los Países Bajos y finalmente desemboca en el Mar del Norte. De sus características se puede destacar lo siguiente:
• Cerca de la frontera entre Suiza y Alemania, el río fluye hacia el oeste y luego gira bruscamente hacia el norte. A este punto exacto se le conoce como el "codo del Rin" (Rheinknie).
• Durante décadas, los libros de geografía e enciclopedias de todo el mundo dijeron que el Rin medía 1.320 kilómetros. En 2010, un biólogo hizo cálculos y en realidad mide 1.233 kilómetros.
• En la parte alemana del río se encuentra la famosa roca de Loreley. La leyenda cuenta que una hermosa sirena se sentaba allí a peinar su pelo dorado y cantar, distrayendo tanto a los marineros que terminaban estrellando sus barcos contra las rocas.
• Anualmente se celebra el "Rin en llamas", que es el nombre de una serie de festivales veraniegos donde los castillos y los barcos a lo largo del río se iluminan simultáneamente con fuegos artificiales masivos, creando la ilusión de que el valle está encendido.
He de decir que ésta no es mi primera vista del Padre Rin. Hace unos años tuve la oportunidad no sólo de visitar las cascadas Rheinfall en Suiza, las más grandes de Europa por su salto de agua de casi 30 metros, sino que hice en barco el recorrido desde Rudesheim hasta St. Goar admirando sus riberas y castillos. Una experiencia inolvidable en ambos casos sobre todo con quien se compartió.
Cruzo la carretera y allí se muestra todo el esplendor del río. Estoy junto al puente Theodor Heuss, con 475 metros de longitud y 24 metros de ancho, que conecta la ciudad de Maguncia con Wiesbaden y Kastel. Un poco más allá desemboca un viejo conocido, el río Meno.

Mientras me dirijo al siguiente punto de interés reflexiono sobre lo siguiente: Lo de viajar solo tiene la particularidad de que te fijas en detalles que si vas acompañado puede que no te percates al ir hablando y estar a otras cosas. El caso es que en el rato que llevo paseando por la ciudad me estoy dando cuenta que los tiempos de los semáforos peatonales son bastante cortos, con la particularidad de que el muñeco en verde no parpadea sino que cambia al rojo automáticamente. Hay como un "tacatacataca" de fondo que supongo que dará pistas del tiempo que falta para que vuelva a estar el paso expedito para los vehículos pero aún no le tengo pillado el truco. Lo que sí es cierto es que me están pillando muchos semáforos como a la mitad del cruce y me está tocando correr si bien es cierto que tampoco es que los conductores peguen el acelerón a las primeras de cambio. Además, tampoco noto sincronización entre semáforos de manera que cruzar un bulevar requiere paciencia porque no da margen a pasar de una tirada unido a los largos tiempos de espera. La verdad es que me tengo que refrenar en alguna ocasión para cruzar no viniendo nadie por aquello de cumplir las normas en sitio ajeno. ¡Qué paciencia tienen los peatones alemanes….!
A lo anterior se suma que en algunos semáforos no sale el típico muñeco sino uno rechoncho con gafas y un gorrito. Se trata, parece, de los Mainzelmännchen.

Los Mainzelmännchen son seis personajes de dibujos animados de la televisión alemana. Su nombre es un juego de palabras entre Mainz (la ciudad sede de la cadena pública de televisión ZDF) y los Heinzelmännchen, unos duendecillos trabajadores del folclore alemán. Creados por el dibujante Wolf Gerlach en 1963, nacieron originalmente para separar los bloques de anuncios publicitarios en la televisión. Sin embargo, con el paso de las décadas se convirtieron en un fenómeno cultural icónico de Alemania.
La figura del semáforo pertenece a Det, el intelectual y considerado líder del grupo, y la verdad es que es un detalle simpático con el que encontrarse caminando por Maguncia.
Continúo el paseo por Mainz con el objetivo de proseguir con la ruta hasta el siguiente punto de visita: la Schillerplatz.
De cómo siguió transcurriendo la mañana se dará contestación en la siguiente y urbanita etapa.