Me adentro en la zona más comercial de la ciudad y antes de entrar en los sucesivos templos del consumo vislumbro un conjunto escultórico de lo más vistoso. Se trata de la estatua de David y Goliath.
Esta estatua se encuentra en la calle Zeil, 129. Es obra del artista Richard Hess conocido por tocar temas sociopoliticos y esta escultura es un ejemplo de ello, puesto que se aprecia la representación del victorioso que se sienta sobre el abatido para demostrar su fuerza. Después de haber vencido a Goliat, David se representa sentado sobre la cabeza decapitada del gigante filisteo, con el cadáver lleno de golpes del enemigo tendido en un montón.

Es de resaltar la fuerza que emana de la escultura y que destaca sobremanera en el espacio peatonal que se abre en la entrada de la calle Zeil. Echando la vista atrás, recuerdo de la primera vez que estuve en la ciudad que vinimos andando desde la Eschenheimer Turm y enfilamos Zeil pero no reparé en esta estatua en aquella ocasión.
Frente a ella se encuentra el centro comercial Galeria Kaufhof, que aparte de darle uso a la tarjeta, ofrece un aliciente adicional que todo el mundillo de los viajes en las redes vende como secreto, lugar escondido, la repera…, ya sabéis. Esta recomendación consiste en que si subes a la séptima planta hay una terraza en la azotea con vistas a los rascacielos, la Torre Hauptwache y la Iglesia de Santa Catalina y cuyo acceso es gratuito.
En mi caso, por ser algo más original y tener otra perspectiva diferente de la ya contemplada en millones de instantáneas, no subo más que a la segunda planta y ante los ventanales encuentro una vista de lo mismo a una altura diferente.

La Torre Hauptwache es un edificio barroco construido entre 1729 y 1731 que funcionó como cuartel de la guardia y prisión y que hoy en día alberga el Café Hauptwache con su terraza en medio de la plaza pública que lleva el mismo nombre. Debajo de la misma se encuentra la estación de trenes subterráneos (U-Bahn y S-Bahn) y está conectada con la calle comercial Zeil.
La Iglesia de Santa Catalina (Katharinenkirche) es la iglesia protestante más grande de Frankfurt del Meno y fue construida entre los años 1678 y 1681 en estilo barroco, en el emplazamiento de un antiguo hospital y claustro de los Caballeros Teutónicos. Es conocida por ser el lugar donde fue bautizado y asistía a misa el ya citado Goethe. El templo fue destruido por los bombardeos aliados en 1944 y entre 1950 y 1954 fue reconstruido, adoptando un interior un poco más sobrio y modesto que el original.
En los bajos de la plaza Hauptwache se encuentra el MOMEM, el Museo de Música Electrónica Moderna (momem.org/en). Planificando el viaje me lo apunté como un imprescindible pero luego mirando reseñas parece que deja bastante que desear por su concepción y por lo que ofrece por lo que lo deseché para un futuro viaje que tenga más tiempo. No obstante, esto me viene a huevo para hablar del sonido Eurodance de los años 90 proveniente de Alemania y de esta ciudad de Frankfurt, centrándome en los fenómenos Culture Beat y La Bouche.
Culture Beat es un grupo alemán de estilo Eurodance fundado en 1989 en la ciudad de Frankfurt. Su mayor éxito fue el tema "Mr. Vain". El sencillo alcanzó el número 1 en más de 12 países (incluyendo Alemania, Reino Unido y Francia), vendiendo cientos de miles de copias y obteniendo múltiples discos de oro. En 1994, ganó el prestigioso premio Echo al Mejor Sencillo Internacional de Dance.
Se adelantaron a su tiempo con su icónico estribillo: "I know what I want and I want it now" (Sé lo que quiero y lo quiero ahora) que parece que es lo que ahora prima en la sociedad moderna.
La Bouche es un dúo de música eurodance alemán formado en Frankfurt por Frank Farian (productor de bandas como Boney M o Milli Vanilli) en 1994, inicialmente integrado por Melanie Thornton y Lane McCray. Su primer sencillo, "Sweet Dreams", fue Top 10 en 14 países, n.º1 en Alemania y n.º6 en EE. UU. en 1995. Fue la ganadora en el premio ASCAP por la canción más tocada en Estados Unidos y el primer álbum, titulado Sweet Dreams, obtuvo 5 discos de platino y 9 discos de oro en todo el mundo.
Tras este interludio musical continúo el paseo por la arteria comercial de la ciudad, Zeil, y llego al Centro Comercial My Zeil, famoso su agujero en la fachada y el techo del edificio y diseñado por el arquitecto italiano Massimiliano Fuksas. La estructura de vidrio y acero simula un torbellino o un cañón esculpido que se hunde hacia el interior del edificio. Esta deformación en forma de embudo permite que la luz natural llegue hasta los pisos inferiores del centro comercial.
Como este aspecto arquitectónico ya lo vi en otro viaje ya no me llama tanto la atención, dentro que es algo llamativo. Con las mismas me adentro en el edificio para experimentar la subida por las sucesivas plantas en las escaleras mecánicas, que también tiene su aquél.
Estas escaleras, llamadas Expressway, miden 42 metros de largo y constituyen la escalera mecánica interior sin apoyo intermedio más larga de Europa conectando directamente la planta baja (nivel de calle) con el nivel cuatro del edificio. El trayecto toma aproximadamente dos minutos.

Ciertamente se trata de una curiosidad pero ya que estoy por aquí pues entro y tomo las escaleras recorriendo con la vista el entramado de cristales y estructuras así como el efecto del agujero que atraviesa el edificio. Está entretenido al final y ya que estoy pues recorro alguna parte del centro comercial, que tiene las mismas tiendas que en cualquier otro centro comercial de cualquier otra ciudad europea, y visito la tienda oficial del equipo de fútbol del Eintracht de Frankfurt, del que sólo recuerdo que jugaba el internacional nigeriano Jay-Jay Okocha, mítico centrocampista de su Selección en los años 90.
Prosigo la caminata en una Zeil a reventar de gente y no me podía ir de Frankfurt sin visitar alguna manifestación de Art Nouveau. Dado que muy cerca hay un edificio que reúne estas características para allá que me dirijo. “Wer den Pfennig nicht ehrt, ist des Talers nicht wert” (Aquel que no honre el centavo, no vale la libra, que dicen por aquí). Vamos, que si se valora algo realmente, se valorará incluso el aspecto más pequeño de ello porque no anda Frankfurt muy sobrada de muestras de Art Nouveau que digamos.
En Stiftstraße, 10 se encuentra The “Porcelain Bear House” un edificio cuya fachada es de estilo Art Nouveau.
En 1897, la empresa «Porcelain Bear» se estableció en el edificio donde vendían utensilios de cocina, además de artículos de vidrio y porcelana. En 1903, el arquitecto Wilhelm Plate unió la fachada de piedra natural del edificio con tres hastiales de varios pisos y lo dotó de amplias galerías comerciales. Destacan los ornamentos florales de estilo art nouveau bajo el borde arqueado del tejado y los hastiales y el toque que aportan los torsos de cuatro osos con sus patas apoyadas sobre las iniciales entrelazadas MB (por Moritz Bär, el dueño de la empresa).

Pese a la inmersión en el Jugendstil que llevo en el viaje nunca está de más admirar las formas de este estilo artístico y lo disfruto, como no podía ser de otro modo. Ya se sabe, cada loco con su tema.
Salgo de la zona comercial y me dirijo a lo que es el casco “histórico” de Frankfurt. Y recalco lo de histórico porque se calcula que entre el 60% y el 80% de la ciudad quedó completamente destruida tras los bombardeos realizados por el Ejercito Aliado durante la Segunda Guerra Mundial y el casco antiguo medieval desapareció casi por completo. Se estima que cayeron más de 26.000 toneladas de bombas a lo largo del conflicto y las estadísticas oficiales registran la muerte de 5.559 personas en los ataques.
El trayecto me lleva al siguiente punto de interés, la Hühnermarkt.
En esta pequeña plaza rodeada de coloridas casas se encuentra la estatua de Friedrich Stoltze, un afamado poeta local. Su verso más conocido resume la devoción por su ciudad natal de forma que se ha convertido en un lema local: "¡No hay ciudad en el ancho mundo que me guste tanto como mi Frankfurt! ¡Y no me entra en la cabeza cómo puede haber alguien que no sea de Frankfurt!" .
Un tanto reduccionista, me parece. Por lo demás, la plaza se deja ver porque la armonía de los colores de las fachadas es bastante destacable.

A continuación me paso por la Casa de la Goldene Waage, en Markt, 5.
Fue construida entre 1616 y 1619 por Abraham van Hameln, un comerciante de especias y repostero que llegó a la ciudad como refugiado de los Países Bajos y los habitantes de la zona criticaron a su dueño por construir una mansión tan opulenta y colorida, acusándolo de presumir de "nuevo rico". El edificio histórico original resistió siglos pero fue reducido a escombros durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial el 22 de marzo de 1944. Se reconstruyó fielmente entre 2014 y 2018 dentro del proyecto del casco antiguo (DomRömer), con un costo cercano a los 8 millones de euros. En la azotea cuenta con un pequeño torreón mirador con una terraza, una gruta y un pequeño estanque con fuente. Hoy en día, la planta baja alberga una cafetería artesanal donde es tradición sentarse a probar el pastel típico local, el Frankfurter Kranz (corona de Frankfurt).

Hay mucha gente por las inmediaciones y junto a la casa donde se mezclan turistas y lugareños. Bajo el árbol que hay enfrente de la fachada un violinista toca temas conocidos y es un buen acompañamiento para la contemplación de los motivos dorados que adornan el edificio.
La mañana va pasando paulatinamente y es hora de continuar con el recorrido estimado. Y ello será relatado en la próxima y dispar etapa.