Por fin llego a la Schillerplatz, donde se está instalando un mercadillo. En una esquina se encuentra la Fastnachtsbrunnen, una fuente que homenajea el carnaval de Mainz.
El Carnaval de Mainz, conocido en alemán como Mainzer Fastnacht, es una de las celebraciones carnavalescas más importantes de Alemania y una de las más destacadas de la región del Rin. Se celebra cada año antes del inicio de la Cuaresma y es famoso por su fuerte componente de crítica política y social, expresada a través del humor, los discursos satíricos y los desfiles. Los orígenes del carnaval en Maguncia se remontan a la Edad Media, aunque su forma moderna comenzó a consolidarse en el siglo XIX. El momento más emblemático de la celebración es el Rosenmontag (Lunes de las Rosas), cuando tiene lugar el gran desfile por las calles de la ciudad. En él participan carrozas decoradas con figuras caricaturescas de políticos y personajes públicos, acompañadas de comparsas, bandas de música y miles de personas disfrazadas.
La Fastnachtsbrunnen (la Fuente del Carnaval) data de 1967, mide casi nueve metros de altura y cuenta con un caótico entramado de más de 200 figuras de bronce. Debido a su forma y a los personajes que alberga, los lugareños la apodan Narrenturm (la "Torre de los Locos"). Conviven personajes tradicionales como el bufón Till Eulenspiegel o el Padre Rin, junto a la diosa romana de la ciudad (Moguntia), un jinete sobre un burro, que representa un antiguo y humillante castigo medieval para los maridos que eran golpeados por sus esposas y un fraile sonriente sentado que apoya su mano sobre una tabla con las letras "WWW" que representan el lema culinario del carnaval: Weck, Worscht und Woi (Panecillo, Salchicha y Vino). Nada que ver con la Worldwide web, vaya.
La fuente mira directamente al balcón del palacio Osteiner Hof. Desde ese balcón, cada 11 de noviembre a las 11:11 h, se leen las leyes oficiales del carnaval y se da el pistoletazo de salida a la temporada festiva ante miles de personas congregadas alrededor de la fuente.

La visión de la fuente es mareante por el batiburrillo de figuras que la componen. Me tiro un buen rato rodeándola y fijándome en los múltiples detalles que la adornan. Es el típico efecto “El Bosco” que donde quieras que mires hay una particularidad a resaltar.
Prosigo la ruta y tras seguir callejeando por una serie de cuestas llego a la Iglesia de San Stephan (entrada gratuita y abre de 10:00 a 18:00). De esta iglesia gótica lo más destacado son las vidrieras góticas de Marc Chagall pero el claustro no es nada desdeñable y merece la pena dedicarle unos minutos también porque está considerado uno de los más bellos de Renania-Palatinado. Allí hay lápidas de antiguos canónigos, escudos de armas, esculturas medievales y una pila bautismal gótica del año 1330, que aún se utiliza.
Las vidrieras de Marc Chagall son obras maestras de vitrales policromados que destacan por su intensa luminosidad y su icónica paleta dominada por los tonos azules, rojos y amarillos, con mensajes poéticos y bíblicos del Nuevo Testamento.

Y es que Chagall comenzó a explorar el arte del vitral con más de 60 años, siendo ya un artista reconocido. Así, puso todo su talento como colorista y creador de imágenes al servicio de esta exigente técnica que le permitió trascender los límites materiales de la pintura al inscribir los reflejos cambiantes de la luz en este nuevo material. Fruto de ello son las nueve vidrieras del coro que inundan el templo de una potente luz azul, creadas como un símbolo de reconciliación judío-alemana tras la Segunda Guerra Mundial puesto que Chagall era judío.
Paseo por la iglesia admirando los vitrales y su reflejo dado que en algunos de ellos les está incidiendo la luz del sol. Es algo mágico, la verdad, y aquí se podría aplicar el dicho germano “Ein Bild sagt mehr als tausend Worte” (una imagen vale más que mil palabras). Con posterioridad, salgo al claustro y lo recorro en silencio. Apenas hay gente y ello facilita el moverse y contemplar sin prisas variados aspectos de su configuración.
Finalizada la visita me acerco a la zona de Kirschgarten.
Este espacio placístico está rodeado de casas de arquitectura típica alemana junto a otras de entramado de madera. En una esquina de la plaza está la Marienbrunnen, una fuente de estilo barroco dedicada a la Virgen María. El nombre "Kirschgarten" significa "jardín de cerezos", pero realmente se refiere a un antiguo manantial local llamado "Kirschborn".
Decir que los ataques aéreos de la Segunda Guerra Mundial ya mencionados destruyeron cerca del ochenta por ciento de Maguncia pero el Kirschgarten se libró milagrosamente de daños graves, conservando intacto su aspecto histórico. Por la zona también hay casas de parecido encanto, sobre todo en Badergasse y Schönbornstrasse.

Aquí sucede algo curioso porque se enfrentan la visión del turista que visita una urbe y la de la persona que reside y trabaja en dicha ciudad. Cuando llego a la plaza hay estacionado un camión inmenso que tapa una buena parte de las fachadas. Mi primer pensamiento es el de incordio porque me va a fastidiar la visión de conjunto y, por ende, la fotografía general del lugar pero, inmediatamente al ver a los operarios afanados en el carga y descarga, razono que es horario de acceder al casco urbano semipeatonal y que al fin y al cabo esta gente vive y labora allí, está a lo suyo y no tiene el porqué estar pendiente del viajero que pasea por allí. Nada que un buen encuadre o una visita más adelante no pueda solucionar.
A continuación, tras un corto paseo, llego a la Gutenbergplatz. En ella hay una estatua que homenajea al hijo más famoso de Maguncia y que da nombre a la plaza, creada por orden de Napoleón Bonaparte en 1804.
Johannes Gutenberg es reconocido mundialmente como el inventor de la imprenta moderna de tipos móviles hacia 1440. En aquella época se estaba llegando al punto que era necesario idear un sistema que permitiera imprimir mecánicamente textos escritos sin que fuera necesario grabar cada página. La solución propuesta por Gutenberg fueron los tipos móviles: letras talladas en metal que podían combinarse para formar las palabras y líneas de una página de texto. Las ventajas del procedimiento, que permitía reproducir escritos con una rapidez y a una escala sin precedentes, le garantizaron el éxito y un lugar en la Historia.

Tanto es así que hasta nuestro Lope Félix de Vega Carpio, Fénix de los ingenios, lo menciona en su obra Fuente Ovejuna. En ella Leonelo, un estudiante recién llegado de la Universidad de Salamanca, se muestra escéptico y cínico ante la imprenta. Sostiene que ahora se imprime mucha "ignorancia" y que los sabios del pasado no la necesitaron. Sin embargo, Barrildo, un campesino del pueblo, defiende apasionadamente el invento, argumentando que gracias a la impresión el conocimiento es más importante y accesible.
No niego yo que de imprimir el arte
mil ingenios sacó de entre la jerga,
y que parece que en sagrada parte
sus obras guarda y contra el tiempo alberga;
éste las distribuye y las reparte.
débese esta invención a Cutemberga,
un famoso tudesco de Maguncia,
en quien la Fama su valor renuncia.
Mas muchos que opinión tuvieron grave
por imprimir sus obras la perdieron;
tras esto, con el nombre del que sabe,
muchos sus ignorancias imprimieron.
Otros, en quien la baja envidia cabe,
sus locos desatinos escribieron,
y con nombre de aquel que aborrecían
impresos por el mundo los envían.
En la misma Gutenbergplatz hay otro elemento de interés y al cual hay que rastrear mirando al suelo. Se trata de la señal de paso del paralelo 50 de latitud norte marcado con unas líneas de bronce y un globo terráqueo que marca su situación.
Por refrescarte el concepto, estimado lector, tal y como hice yo mismo en su momento, un paralelo es la línea imaginaria horizontal que rodea la Tierra de Este a Oeste, es perpendicular al eje de rotación del planeta y sirve para medir la latitud, que es la distancia en grados desde cualquier punto de la Tierra hasta la línea del Ecuador. Y para que te hagas una idea de donde estamos, los 50° de latitud norte coinciden aproximadamente con la frontera entre Canadá y Estados Unidos (la ciudad canadiense de Winnipeg está atravesada por este paralelo, por ejemplo). Está uno más al Norte de lo que se podría sospechar.

Doy datos para ubicar tanto la señal como el globo terráqueo. La primera está a la izquierda de la fachada del teatro y el segundo a la derecha, próximo a la estatua de Gutenberg.
Continúo la caminata y entre los detalles del mobiliario urbano que voy observando me encuentro con que los pulsadores para activar los semáforos peatonales son todo un misterio. De otros viajes tenía la idea de que funcionaban por sensor al acercar la mano porque no había un botón al alcance de la vista. Pues bien, observando a otros transeúntes, doy en que ese botón existe y está por debajo del pulsador por lo que hay apretar de abajo a arriba en la parte inferior del aparato. Lo que tiene no saber alemán y dar por hecho que había tecnología punta de por medio estando en el país. Ríete, apreciado lector, que me lo merezco.

La visita a Mainz prosigue y ello será relatado en la siguiente e interesante etapa.